Cuando la cinta del supermercado se convierte en campo de batalla: historias de pequeñas venganzas
¿Alguna vez has sentido que, en la fila del supermercado, la paciencia humana pone a prueba sus límites? Hay gente que parece olvidar las reglas básicas de convivencia apenas ve la cinta transportadora. Hoy traigo una historia que, entre risas y corajes, refleja algo que todos hemos vivido: el arte de la venganza pequeñita cuando alguien se mete donde no debe… ¡literalmente!
Si eres de los que disfruta ver cómo el karma actúa en tiempo real, esta anécdota y las reacciones de la comunidad te van a encantar. Prepárate para reír y, quizá, recordar tu propia guerra en la caja del súper.
La clásica jugada: “Me hago el ciego y adelanto mis compras”
Todo comenzó con un usuario de Reddit que compartió su experiencia en la sección de “venganzas pequeñas” (r/PettyRevenge). Cuenta que estaba en el supermercado, descargando la mitad de su carrito, cuando una señora mayor decidió “no ver” que aún faltaban muchos productos por colocar y empezó a poner sus cosas en la cinta, pegaditas a las del protagonista.
Cuando amablemente le dijo “disculpe, todavía no termino”, la señora sólo murmuró algo por lo bajo, pero no quitó sus cosas, sólo las fue jalando para atrás conforme la cinta avanzaba. Así que nuestro héroe decidió aplicar la táctica del “tortuguismo”: empezó a colocar cada producto con una lentitud digna de telenovela, acomodando cada cosa para que nada se aplastara. Hasta se tomó el tiempo de charlar con la cajera y, para rematar, pagó en efectivo (¡cuando normalmente usa tarjeta!). El toque final: una sonrisa triunfal hacia la señora, quien ya estaba a punto de explotar de la furia.
¿Quién no ha sentido esa satisfacción secreta cuando la justicia poética se sirve fría y despacito?
No eres tú, es la cinta… y la falta de sentido común
La historia desató una ola de comentarios buenísimos. Muchos usuarios compartieron su versión de la guerra en la caja:
Un comentarista contó que, hace años, una chica joven y prepotente fue más allá: metió sus cosas en la cinta con tanta fuerza que terminaron mezclándose con las de él. ¿La venganza? Él pagó todo, incluyendo las cosas de la chica, quien luego armó un escándalo gritando que le habían robado sus compras. “No, todo esto es mío y ya pagué”, respondió él, con la cajera de testigo. Como decimos en México: “el que por su gusto es buey, hasta la coyunda lame”.
Otra usuaria relató cómo, en un Aldi, alguien puso el separador (ese tubito de plástico que pocos usan y muchos ignoran) a la mitad de la cinta y empezó a descargar su carrito mientras ella apenas llevaba la mitad. Con todo el tiempo del mundo, simplemente se quedó parada y miró fijamente a la “invasora” hasta que entendió que no iba a avanzar. “¿Puedo pasar primero? Ya puse mis cosas”, preguntó la señora. La respuesta fue un rotundo “no” y una mirada de hielo. La cajera, al parecer, también disfrutó el momento de pausa.
Y es que, como bien dice otro comentario: “En el súper, nada es tuyo hasta que lo pagas”. Muchos bromearon con que, si alguien mete sus cosas antes de tiempo, lo justo es pagarlas y llevárselas. ¡Imagina la cara de sorpresa!
El eterno debate: ¿Quién debe poner el separador y de quién es la culpa?
En Latinoamérica, el uso del separador en la cinta es casi una ley no escrita. Si no lo pones, te arriesgas a que te mezclen las compras o, peor, que se arme el chisme con la cajera. Algunos usuarios recuerdan con nostalgia cuando las filas eran más civilizadas y uno podía charlar con la persona de adelante. Pero los tiempos han cambiado y, como dice un comentarista: “La gente no sabe usar el separador, luego se quejan de que se mezclan las cosas y le echan la culpa al cajero”.
La discusión llegó a tal punto que, en otro comentario, una señora puso sus cosas tan pegadas a las del protagonista que él simplemente empezó a mezclar los productos: “Ese no es mío… ah, ese sí… ese no”. Al final, la cajera tuvo que intervenir y pedirle a la invasora que sacara todo y esperara su turno. Un caos digno de película de Pedro Infante.
¿Boomers, centennials o el síndrome del supermercado?
Aunque el post original bromea diciendo que las personas mayores sólo tienen dos velocidades en el súper (lento como tortuga cuando van adelante, y rapidísimo cuando están detrás), la verdad es que la falta de consideración no tiene edad. Un usuario reflexionó: “No es cuestión de generación, es de sentido común. Hay jóvenes igual de impacientes y viejitos súper amables”.
En Latinoamérica, donde la convivencia en el supermercado es casi deporte nacional, todos hemos visto la clásica “señora que se mete”, el “joven que va con prisa” o el “separador fantasma” que nadie encuentra porque está escondido bajo los chicles. Y si te paras muy cerca mientras alguien paga, aguas: hay quienes, en tono de broma, te preguntan si también vas a pagar su mandado o si quieres un abrazo, como hicieron varios usuarios con los “pegaditos” de la fila.
Al final, la moraleja es clara: un poco de paciencia y educación no cuestan nada. Y si te toca a alguien impaciente, siempre puedes recurrir a la venganza lenta... ¡y saborear tu victoria como un buen mole!
Conclusión: La próxima vez, piensa antes de invadir la cinta
¿Y tú? ¿Qué harías si te adelantan en la cinta del supermercado? ¿Tienes alguna anécdota para compartir? En Latinoamérica, la fila del súper es más que un trámite: es un microcosmos de la sociedad, donde la picardía, la paciencia y la creatividad se ponen a prueba.
Cuéntanos tu experiencia en los comentarios. ¿Eres del team “venganza lenta” o prefieres dejar pasar? Recuerda: en la próxima visita al súper, tal vez seas tú el protagonista de la siguiente historia viral. ¡Nos leemos!
Publicación Original en Reddit: Start putting your groceries on the belt behind mine while I still have half a cart to unload? I hope you're not in a rush...