Cuando la burocracia vence a la tecnología: la odisea de migrar a la nube en una gran empresa
¿Alguna vez sentiste que tu trabajo sería más fácil si solo te dejaran hacerlo? Pues agárrate, porque hoy te traigo una historia que bien podría ser un capítulo especial de “La Rosa de Guadalupe” versión techie: la migración a la nube de un equipo pequeño, perdido entre capas y capas de burocracia en una empresa gigante. Si alguna vez te has topado con trámites interminables en la oficina, prepárate para reír (o llorar) con lo que pasó aquí.
El inicio: “¡Vámonos a la nube!” (Pero no tan rápido…)
Imagínate ser parte de un equipo chiquito, casi invisible para el resto de la empresa, y que de un día para otro te digan: “¡Nos vamos a AWS, porque ahora todos deben estar en la nube!” Claro, suena moderno, ágil, innovador… pero en una empresa tamaño monstruo, eso significa que además de mover tu app, te van a caer encima gerentes, arquitectos y project managers como si fueras la piñata en una fiesta infantil.
Aquí el equipo, que funcionaba como una mini-startup dentro de la corporación, hizo lo que cualquier buen latino haría: puso manos a la obra, levantó la infraestructura en AWS y, con el viejo data center aún funcionando, estuvo listo para el famoso “cutover” (el gran cambio). Pero justo cuando pensaron que lo peor sería el miedo a que algo fallara… llegó la verdadera pesadilla: la PAPELERÍA.
El monstruo de la burocracia ataca: formularios, aprobaciones y ¿quién es el arquitecto?
Al poner fecha para el cambio, apareció la project manager de la sede central exigiendo documentación para todo. ¿Cómo despliegan? ¿Cómo hacen rollback? ¿Quién autoriza? ¿Quién es el arquitecto? ¿Dónde está el ticket del cambio? Y por cada respuesta honesta (“solo le damos click a Deploy”, “no hay rollback, corregimos y subimos otra vez”, “nadie aprueba, lo hacemos nosotros”), la PM se ponía más furiosa que tía en boda sin mesa de dulces.
La situación se volvió tan ridícula que el autor, en plan muy latino, empezó a poner nombres de sus compañeros en cada rol: “Tú eres el de despliegue, tú el arquitecto, y yo el contacto técnico”. Llegó un punto en el que casi les faltaba inventar puestos nuevos solo para llenar los campos del formulario. Como bien ironizó un comentarista: “Deberían contratar cinco personas más: arquitecto de procesos, DevOps, arquitecto de soluciones en la nube y dos de QA. Y quizá un consultor para que todo salga bien. Fácil, ¿no?”.
Y es que, como nos recordó otro usuario, “así es la vida corporativa: una tarea de cinco minutos se vuelve una odisea de todo el día”. ¿Quién no ha sufrido esas juntas eternas y aprobaciones para cambiar una simple línea de código? En Latinoamérica, más de uno se sentirá identificado con la clásica frase: “Hay que pedirle permiso al jefe del jefe del jefe…”
Entre ITIL, procesos y el arte de sobrevivir en la selva corporativa
En los comentarios, varios expertos compartieron su amor-odio con ITIL y otros marcos de procesos. Un veterano dijo que aunque ITIL puede traer disciplina, también puede generar una locura de papeles y reuniones. En palabras de otro: “A veces, hacer el trámite del cambio toma más tiempo que hacer el cambio mismo”. Y no falta el que prefiere la burocracia, porque ha visto a cada loco subir cosas a producción que mejor tener mil aprobaciones que un desastre.
Eso sí, el contraste entre la agilidad tipo startup y el ritmo tortugón de la empresa grande es brutal. Aquí en Latinoamérica, donde las empresas familiares y las multinacionales conviven en el mismo edificio, no es raro ver cómo las reglas cambian según el piso en el que trabajes: abajo, la tiendita de la esquina sube a producción “a ojo de buen cubero”; arriba, la corporación requiere hasta revisión de antecedentes para cada despliegue.
Y ojo, no todo es malo: uno de los expertos explicó que un rollback serio no solo es “git revert y ya”, sino que también hay que cuidar la base de datos, el esquema, y a veces es mejor tener un plan robusto para no lamentar luego. Pero claro, cuando el proceso requiere tickets en sistemas a los que ni tienes acceso, pues la cosa se pone de telenovela.
El gran final: mucho ruido y pocas nueces
Después de todo el show, por fin llegó el gran día: junta con la PM y varios gerentes, todos esperando el despliegue como si fuera el sorteo de la Lotería Nacional. “¿{jefa}, aprueba como dueña del negocio?” – “Sí, cómo no”. “¿{técnico}, aprueba como responsable técnico?” – “Claro”. “¿{compañero}, inicia el despliegue, por favor”.
Noventa segundos de silencio incómodo (que a cualquiera le parecerían noventa horas) y… nada. Todo funcionó. Ni un solo drama. Todo el papeleo, las peleas con la PM y las horas de documentación fueron, literalmente, más difíciles que la migración misma.
Como bien resumió un comentarista: “¿Dónde estuvo la explosión? ¡Se suponía que habría una explosión épica!”. Pero no, la vida real suele ser más anticlimática que las series.
Reflexión final: ¿Burocracia necesaria o exagerada?
Al final, esta historia nos deja una lección que todo latinoamericano conoce: a veces, el papeleo es el verdadero enemigo, no la tecnología. Pero también, que esos procesos existen por algo: evitar desastres mayores (aunque a veces se pasen de la raya).
¿Tú qué piensas? ¿Te ha tocado vivir una migración o un trámite donde el “papeleo” fue peor que el trabajo técnico? Cuéntanos tu historia en los comentarios, que seguro aquí más de uno se sentirá identificado. Y si estás en una gran empresa, paciencia… que al final, lo importante es que la app funcione (¡y que todos firmen donde deben!).
¿Listo para tu próxima junta de aprobación? ¡Suerte, guerrero corporativo!
Publicación Original en Reddit: Red tape: Software cutover edition