Cuando la avaricia supera el sentido común: La vez que Kevina robó lo imposible de ocultar
¿Alguna vez has visto a alguien hacer algo tan absurdo que no puedes decidir si reírte o alarmarte? Hoy te traigo una historia de esas que parecen sacadas de una telenovela, pero que ocurrieron en la vida real, en un centro de donación de plasma. Prepárate para conocer a Kevina, una donante que decidió robar lo único que absolutamente nadie podría dejar de notar: el desfibrilador automático externo, mejor conocido como AED.
Porque sí, hay personas que se llevan hasta el jabón del baño… pero lo de Kevina fue otro nivel.
El contexto: Donar plasma, necesidad y prejuicios
En muchos países de América Latina, donar sangre o plasma es un acto altruista, incluso heroico, pero en algunos lugares como Estados Unidos, existe la posibilidad de recibir un pago por tu plasma. No es raro que personas con dificultades económicas recurran a esto como una manera de obtener un ingreso extra. Como bien decía un comentarista de la historia original, “yo dono para ahorrar para mis vacaciones, otros para pagar el mecánico, pero la mayoría somos gente común”.
Eso sí, la industria tiene su lado polémico. Hay quienes la ven con recelo, ya que el pago puede atraer a personas en situaciones límite, y no faltan los prejuicios: “todos los donantes son pobres o adictos”. Sin embargo, varios usuarios aclararon que la gran mayoría son personas normales buscando un dinerito extra o simplemente ayudar.
Y aquí entra Kevina, una donante que ya había sido suspendida varias veces por el mismo problema de salud. El reglamento del centro es claro: si te rechazan muchas veces, necesitas un descanso obligatorio antes de volver. Pero a Kevina no le gustó nada quedarse un mes sin sus cien dólares semanales y decidió que si no le daban el dinero fácil, lo conseguiría... a la mala.
El robo más obvio del mundo
Hay muchas cosas que podrías robar de un lugar así sin que nadie lo note: una libreta, un par de guantes, hasta algún teléfono olvidado. Pero Kevina, demostrando una creatividad digna de una comedia negra, fue directo al pasillo y se llevó el AED, ese aparatito indispensable en cualquier centro médico para salvar vidas en caso de paro cardiaco.
En palabras de un usuario: “¿Brillante? No, más bien como cuando ves a alguien robando un tanque de gas en plena plaza: todos lo van a notar”. Y es que este desfibrilador era el único del centro, estaba en un pasillo transitado por personal y donantes todo el día y, para colmo, es un equipo caro, sellado y de uso exclusivo en emergencias.
Por si fuera poco, las cámaras de seguridad captaron todo: su cara, su nombre, sus datos, hasta su último domicilio. Como decimos en México: “se fue derechito al matadero”.
La peor escapatoria: De la clínica al monte de piedad... de enfrente
Si pensabas que la historia terminaba ahí, espera lo mejor. Las cámaras no solo vieron quién se llevó el AED, sino que grabaron hacia dónde fue. ¿Y adivina qué? Kevina cruzó la calle y fue directo a la casa de empeño más cercana, como si estuviera vendiendo una licuadora vieja.
En el monte de piedad, el encargado no cayó en la trampa: “¿Quién trae un AED nuevo, sellado y sin usar? Esto huele a tranza”, pensó. Obvio, llamaron a la policía y al centro de plasma para avisar de la situación. Hasta ahí llega lo que se sabe de Kevina, pero su plan terminó peor que novela de narcos.
Un comentario muy popular lo resumió con humor: “Su plasma debe tener más metanfetamina que glóbulos rojos”. Otro bromeó: “O su metanfetamina tiene poco plasma”. Esa chispa de la comunidad hace que la historia sea aún más memorable.
Las consecuencias y el verdadero peligro
La parte más absurda y peligrosa es que el centro se quedó dos días sin desfibrilador, un aparato que por ley y por sentido común es imprescindible. Si alguien hubiera tenido un infarto en ese tiempo, solo les quedaba rezar y hacer RCP mientras llegaba la ambulancia. Por suerte, no pasó nada.
Eso sí, varios usuarios señalaron algo importante: “Si es obligatorio tener un AED, el centro debió cerrar hasta reponerlo”. Pero ya sabes cómo es la realidad: a veces, los negocios hacen malabares para no perder ni un día de ingresos.
La historia deja una reflexión amarga: la desesperación puede llevar a la gente a cometer tonterías que ponen en riesgo a todos. Y aunque Kevina se llevó el premio a la idea más tonta del mes, el centro también quedó exhibido por no cuidar lo esencial.
¿Donar plasma es para desesperados? Rompiendo mitos
Muchos aprovecharon para desmentir el mito de que donar plasma es solo para los más necesitados. Hay quienes donan por solidaridad, otros para un gustito, y hasta hay quienes lo ven como un “side gig” para completar el gasto. Y sí, los controles son estrictos: no aceptan a personas con drogas en el sistema, y el proceso es largo y cansado. “No es como que cualquiera llegue y done después de una noche de fiesta”, decía un usuario.
Y, como recordaba una exenfermera: “Mi hijo vive gracias a los donantes de plasma. El problema no es la industria, sino algunas personas”.
Reflexión final: Entre lo absurdo y lo trágico
Al final, la historia de Kevina nos deja riendo y pensando. ¿Hasta dónde puede llegar la desesperación? ¿Qué tan ciegos podemos ser ante el peligro ajeno por unos pesos? Más allá de la anécdota, todos podemos aprender algo: cuidar la vida propia y de los demás debería estar por encima de cualquier necesidad.
Y tú, ¿alguna vez has visto o vivido algo así de surrealista en tu trabajo? ¿Qué opinas de la donación de plasma? Cuéntame tu experiencia o tu punto de vista en los comentarios. ¡La conversación sigue abierta!
Publicación Original en Reddit: Kevina steals the one thing that everyone will notice is missing