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Cuando la austeridad se pinta en blanco y negro: la venganza de la impresora en la oficina

Ilustración en 3D de un empleado frustrado imprimiendo solo en blanco y negro en una pequeña oficina.
En esta colorida escena en 3D, vemos las dificultades de un trabajador de oficina que debe hacer presentaciones con una impresora en blanco y negro. ¡Descubre los divertidos retos que enfrenta cuando el color es solo para los ejecutivos!

¿Quién no ha trabajado alguna vez en una oficina donde el presupuesto es más apretado que abrazo de suegra? En casi cualquier empresa de Latinoamérica, todos hemos conocido a ese jefe o jefa que ve cualquier gasto como si fuera a sacar dinero de su propio bolsillo, y claro, lo primero que sacrifican son los pequeños lujos: café bueno, aire acondicionado... y, por supuesto, la impresión a color.

Hoy te traigo una historia que no solo te sacará una carcajada, sino que te recordará esos momentos en los que la lógica de la oficina desafía toda explicación. Prepárate para conocer cómo una simple impresora fue el escenario de una venganza tan sutil como satisfactoria.

El “reglamento” que nadie pidió: solo blanco y negro, por favor

En una pequeña oficina, donde el clima laboral era tan seco como el papel reciclado, la jefa soltó una de esas frases que uno nunca olvida: “De ahora en adelante, solo se imprime en blanco y negro. El color es solo para ejecutivos.” Si ya te imaginaste a medio equipo rodando los ojos, vas por buen camino.

En muchas oficinas latinas, cuando llega una instrucción así, todos saben que es el típico “haz lo que digo, no lo que hago”. Pero el protagonista de nuestra historia, fiel a la cultura del “cumplo y miento” (o más bien, cumplo a la letra), decidió no buscarle tres pies al gato y obedeció al pie de la letra.

El toque latino de la “obediencia maliciosa”

La cosa se pone buena cuando la jefa, que más que ejecutiva parecía ahorradora profesional, le pidió al colaborador de nuestra historia que preparara presentaciones y volantes con el logo rojo y azul de la empresa, porque “deben resaltar”. Ante la petición, él, más obediente que alumno en primer día de clases, le recordó la regla: solo blanco y negro.

¿La respuesta de la jefa? “Imprímelos en blanco y negro, yo después les pongo el color si quiero.” Aquí en Latinoamérica todos sabemos lo que eso significa: “hazlo como dije, pero si sale mal, es tu culpa”.

Y así, cada gráfica, cada foto, cada detalle, salió del único impresor a color de la oficina... pero en gris, como película vieja de Pedro Infante.

Cuando la realidad supera la ficción: la presentación más triste

Al día siguiente, la jefa se presentó ante la matriz corporativa con su presentación. Pero lejos de impresionar, todos los documentos parecían impresos con la tecnología de un fax de los años 90, de esos que daban más pena que felicidad. Imagínate la cara de la jefa al darse cuenta que su momento estelar era un desfile de hojas grises y borrosas.

Como era de esperarse en cualquier oficina latina, cuando algo sale mal, ¡a buscar culpables! La jefa entró hecha una furia y soltó el clásico: “¿Por qué no imprimiste esto a color?”

La respuesta fue digna de meme: “¿No que solo ejecutivos?” Silencio incómodo. Miradas de todos lados. Y, como bien apuntó un usuario en los comentarios de Reddit (adaptado a nuestro contexto): “Es increíble cómo el presupuesto aparece de la nada cuando la vergüenza le toca la puerta al jefe”.

Una lección que valió oro (y una impresora nueva)

El desenlace fue digno de novela: la semana siguiente, apareció una flamante impresora a color en el departamento. Qué curioso, ¿no? Donde antes no había presupuesto ni para una caja de clips, ahora había equipo nuevo. Alguien en los comentarios lo dijo con humor: “¿Iba la jefa a agregar el color después? ¿Con crayones o con marcadores?” Aquí cualquiera pensaría en esos jefes que creen que todo se arregla con un poco de creatividad... o de manualidades.

Algunos lectores bromearon sobre la lógica de la jefa: “Ya había una impresora a color... ¿entonces ahora hay dos y seguimos sin presupuesto?” Y es que en la oficina latinoamericana, nada es tan ilógico como parece; a veces las reglas se hacen para romperse, pero solo cuando el que manda queda mal frente a los de arriba.

Reflexión final: El arte de cumplir órdenes al pie de la letra

En nuestra región, la “obediencia maliciosa” es casi un arte nacional. Hacemos lo que nos piden, pero exactamente como lo dijeron, aunque el resultado sea tan absurdo como pedirle a la abuela que prepare mole sin chile. La moraleja de esta historia es clara: a veces, seguir las reglas al pie de la letra es la mejor manera de demostrar lo absurdas que pueden llegar a ser.

Y tú, ¿alguna vez has aplicado la obediencia maliciosa en tu trabajo? ¿Te han dado instrucciones contradictorias que terminan en desastre? ¡Cuéntanos en los comentarios tu historia! Seguro que más de uno se va a sentir identificado.

¿Te gustó la historia? Compártela con ese compañero de oficina que siempre encuentra la forma de cumplir las reglas... y de paso, de poner en evidencia a los jefes ahorradores.

¿Te ha tocado ver algo parecido en tu chamba? ¡Queremos leer tus anécdotas!


Publicación Original en Reddit: Only print in black and white? Sure thing