Saltar a contenido

Cuando la abuela dice “¡Déjalo vivir!”… y termina rodeada de pedos (de mentiritas)

Abuela ignorando juguetonamente las reglas de la comida con sus nietos rodeados de dulces y una máquina de pedos.
En esta escena fotorealista y divertida, una cariñosa abuela consiente a sus nietos con dulces, desafiando con humor las reglas alimenticias, mientras una máquina de pedos añade un toque cómico a la dinámica familiar. ¡Una ilustración perfecta del encantador caos que se genera cuando las abuelas miman a sus nietos!

En todas las familias existe una figura legendaria: la abuela que rompe las reglas, la que dice “¡aquí mando yo!” y llena a los nietos de dulces, aunque los papás pongan el grito en el cielo. ¿Te suena familiar? Pues la historia de hoy, que arrasó en Reddit y causó carcajadas en medio mundo, nos trae una pequeña venganza tan creativa como inolvidable. ¿Qué pasa cuando los límites alimenticios chocan con el corazón de abuela… y una máquina de pedos?

La abuela que no conoce límites (ni horarios para las galletas)

Resulta que nuestro protagonista, un papá cariñoso y paciente, está realmente agradecido con su suegra. Pero, como pasa en tantas casas de Latinoamérica, la abuela ve a sus nietos y se le olvida cualquier regla: “¡Soy la abuela, puedo hacer lo que me dé la gana!”. Así, aunque los papás insistan en que el desayuno debe ser saludable, ella tiene siempre cajones llenos de galletas y dulces, lista para consentirlos a cualquier hora.

Imagina la escena: un niño de 3 años y medio, astuto y encantador, sabe que la abuela es como el hada madrina de los postres. Mientras sus papás intentan que desayune plátano y yogur, la abuela saca las chispas de chocolate. Cuando el papá le pide amablemente que no le dé galletas antes de las 8:30 de la mañana, ella solo sonríe y suelta el clásico: “¡Ándale, déjalo vivir tantito!”.

Venganza pequeña, pero apestosa: entra la máquina de pedos

Pero aquí viene lo bueno. Durante un paseo por las típicas tiendas de playa (de esas que venden recuerdos, llaveritos y cosas raras), el papá escucha a alguien burlarse de un llavero que hace ruidos de pedos. Y ahí le cae el veinte: si la abuela no respeta las reglas, ¿por qué no darle una probadita de su propia medicina, pero con humor?

A la abuela le choca el humor escatológico, pero el nieto… ¡lo ama! ¿Hay algo más divertido para un niño pequeño que los ruidos de pedos? Así que el papá compra el artefacto y, al llegar a casa, se convierte en la sensación: el niño no para de apretar el botón, la abuela hace caras de asco, pero no puede decir nada porque el pequeño está feliz. Y cuando la abuela empieza a quejarse, el papá le lanza la misma frase: “¡Ándale, déjalo vivir tantito!”. ¡Toma eso, abuela!

El internet aplaude: “¡Justicia poética y carcajadas!”

La historia se volvió viral, y los comentarios no tardaron en llegar. Un usuario comentó, “¡10 de 10, no tengo nada que agregar!”, mientras que otro, con ese humor negro tan latino, propuso: “La única forma de mejorarlo sería con una máquina de pedos… ¡pero con olor!”. Otros sugirieron regalarle al niño un spray de pedos o hasta un tambor para hacerle la vida imposible a la abuela.

No faltaron quienes compartieron experiencias propias. Una persona contó que le regaló a su sobrina una máquina de pedos en plena graduación, causando ataque de risa general (y miradas de horror de los adultos). Y, por supuesto, surgió el debate eterno: ¿es mejor limitar los dulces o dejar que los niños los tengan siempre a mano, para que no se atiborren cuando pueden? Algunos padres decían que, al ser flexible, sus hijos ya ni pelan los dulces. Otros advertían: “Eso no funciona con todos, mi hija se comería todo el bote de helado y el de la hermana también”.

Lo que más divirtió a la comunidad fue el uso de la propia frase de la abuela como venganza. Como bien dijo un comentarista: “No hay nada más dulce que usar las mismas palabras para devolver la jugada”.

Dulces, límites y risas familiares: la eterna batalla

Esta historia no solo nos sacó una carcajada, también nos recordó algo muy nuestro: las familias latinas son apasionadas, consentidoras, a veces tercas, pero siempre encuentran la forma de convivir (y sobrevivir) juntas. ¿Quién no ha tenido que pedirle a la abuela que no le dé refresco al niño a las 9 de la noche? ¿Quién no ha usado el humor para resolver una discusión familiar?

En el fondo, todos sabemos que la abuela lo hace por amor… pero también que los papás tienen el derecho (y a veces la obligación) de poner límites. Si esos límites vienen acompañados de una máquina de pedos y muchas risas, ¡mejor aún!

¿Y tú? ¿Qué travesura creativa has hecho para “educar” a algún familiar que no respeta las reglas? ¿Te animarías a regalarle a tu suegra una máquina de pedos? Cuéntanos tu anécdota y comparte este post con ese primo o tía que no puede dejar de consentir a los más pequeños. Al final, como decimos en México: “Al mal tiempo, buena cara… y si se puede, ¡una buena carcajada!”


Publicación Original en Reddit: Overzealous MIL doesn't respect food boundaries, gets hit with a fart machine