Cuando Kevin pensó que vapear en la biblioteca era buena idea (alerta spoiler: no lo era)
¿Alguna vez te has topado con alguien que, de plano, parece vivir en un universo alternativo donde las reglas son solo una "sugerencia"? Bueno, hoy te traigo la historia de Kevin, el tipo que decidió que vapear en la biblioteca era perfectamente aceptable... hasta que la realidad (y un letrero) le dio una lección. Prepárate, porque esto es de esas anécdotas que te hacen preguntarte si de verdad hay gente así suelta por el mundo.
Porque seamos sinceros, todos conocemos a un “Kevin” en nuestra vida: esa persona que siempre encuentra la manera de complicar lo simple, de discutir lo indiscutible y de armar debate donde ni siquiera hay tema. Vamos, hasta en la novela más exagerada de Televisa parecería inverosímil.
El día en que Kevin desafió a la biblioteca (y perdió)
En una ciudad donde las ordenanzas son más estrictas que el profe de matemáticas de la secundaria, Kevin decidió que era un buen momento para sacar su vapeador... ¡en plena biblioteca pública! No solo eso, sino que lo hizo justo frente a la recepcionista, quien ya lo tenía más que ubicado porque no era la primera vez que hacía de las suyas. La pobre bibliotecaria, con toda la paciencia del mundo (y seguramente pensando en su aguinaldo para soportar el día), le pidió que se retirara, explicándole que vapear estaba prohibido igual que fumar.
Pero Kevin no se rinde tan fácil. Él, firme como quien defiende el VAR en una final de fútbol, argumentó que “vapear no es fumar”. Cuando le aclararon que las leyes de la ciudad lo consideran igual, sacó su última carta del mazo: “No pueden echarme, no hay letreros por todos lados diciendo que no se puede vapear o fumar”.
La bibliotecaria, ya con el temple de quien ha sobrevivido a juntas de condominio, le responde tranquila: “Hay un letrero afuera, justo en la puerta”. Kevin, ni corto ni perezoso, sale, lo ve y regresa con otra joya: “El letrero dice que no se puede fumar a menos de 5 metros de la puerta, y yo estaba más lejos”. Aquí es cuando uno se pregunta si lo hace por molestar o si de verdad vive en otra dimensión.
Entre “shhh” y carcajadas: la vida de los bibliotecarios
Lo más divertido es que, según comenta la autora original de esta historia en Reddit, ni siquiera pueden callar (“shush”) a los usuarios como antes. Imagínate, “El shhh” de la bibliotecaria era casi un superpoder universal, pero por temas de seguridad ya no pueden hacerlo, salvo con los viejitos que creen que la biblioteca es su sala y ponen YouTube a todo volumen. Algunos usuarios bromeaban en los comentarios diciendo que deberían armar a las bibliotecarias para defenderse de tanto personaje, y no falta quien sugiera que deberían tener el derecho constitucional a “shushear” a quien haga ruido.
Pero la realidad es que, en muchas ciudades, las bibliotecas se han convertido en refugio para personas sin hogar, puntos de encuentro comunitarios y hasta centros de ayuda en emergencias de clima extremo. Así que el trabajo de los bibliotecarios es mucho más que acomodar libros y decir “shhh”; es lidiar con todo tipo de situaciones, incluyendo a los “Kevins” que creen saber más que la ley.
El debate del “técnicamente correcto” y la lógica Kevin
Algo que generó risas y debates en la comunidad fue el clásico argumento de Kevin: “técnicamente estaba cumpliendo la regla porque estaba lejos de la puerta”. Un usuario comentó que, aunque era técnicamente correcto, claramente no era lo correcto en el sentido común. Es como ese amigo que en el fútbol de barrio dice que “el gol vale doble si es de chilena”, aunque todos saben que solo quiere ganar la apuesta de las sodas.
La autora también compartió que, aunque el reglamento está pegado y dice que cualquier actividad ilegal es motivo de expulsión, hay quienes parecen necesitar un letrero para cada obviedad. Como diría cualquier mamá latina: “¿Hace falta que te ponga un letrero en la frente o qué?”
Y ni hablar de los comentarios que cuestionaban el “heavenly fine” (una multa celestial, según un error de autocorrector), que alguien comparó con una pila de monedas tan alta como la de Rico McPato. Así, la historia de Kevin no solo se volvió viral, sino que hizo reír y reflexionar a más de uno sobre el absurdo de ciertas actitudes.
Reflexión final: No seas un Kevin, por favor
Al final del día, lo que queda claro es que hay reglas que no necesitan explicación ni letreros cada cinco pasos. Vapear o fumar en espacios públicos cerrados está prohibido en muchísimas ciudades de Latinoamérica, y no por capricho, sino por respeto a los demás. Así que, la próxima vez que te preguntes si puedes hacer algo así, mejor piénsalo dos veces y evita convertirte en el “Kevin” de tu barrio.
¿Tienes alguna anécdota parecida? ¿Te ha tocado lidiar con algún personaje digno de telenovela en lugares públicos? ¡Cuéntanos en los comentarios y armemos juntos el club anti-Kevins! Y recuerda: en la biblioteca, ¡respeta el “shhh” aunque sea en silencio!
Publicación Original en Reddit: Kevin got kicked out of the library