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Cuando hablar del “burnout” en la oficina te mete en problemas… hasta que ya no puedes más

Ilustración en 3D de un trabajador de oficina relajado practicando el autocuidado para combatir el agotamiento.
Esta vibrante ilustración en 3D captura la esencia del autocuidado en el trabajo, resaltando la importancia de gestionar el agotamiento. Al cambiar nuestro enfoque de solo informar sobre el agotamiento a promover activamente el bienestar, nos recuerda la necesidad de tomarnos tiempo para nosotros mismos y buscar apoyo cuando lo necesitemos.

¿Te imaginas que en tu trabajo te animen a hablar de tu salud mental y bienestar, pero cuando lo haces, te regañan y te piden que te calles? Aunque suene a chiste de mal gusto, para muchísimos trabajadores en Latinoamérica esta es la triste realidad. Y si crees que solo pasa en las películas o “allá lejos”, espera a leer esta historia que se ha vuelto viral en Reddit y que podría pasarle a cualquiera de nosotros, desde la chamba en una oficina Godínez hasta en una agencia de publicidad en Buenos Aires.

¿Hablar o no hablar? El dilema del “burnout” en tiempos modernos

La historia comienza como tantas otras: en una empresa donde el desgaste y la rotación de personal están a la orden del día, la dirección promueve la “transparencia” y el autocuidado. “Aquí tu bienestar importa”, dicen los carteles en los pasillos, y hasta te empujan a usar tus vacaciones (PTO, para los que andan muy internacionales). Todo parece idílico… hasta que llega la hora de la verdad.

El protagonista, a quien llamaremos “Juan” para ponerlo más cercano, atravesaba un momento durísimo: la pérdida repentina de dos familiares. Su productividad bajó, se volvió más callado y, siguiendo la política de la empresa, fue honesto con su jefe, pidiendo apoyo y mencionando su agotamiento en las reuniones uno a uno.

¿Y qué hizo el jefe? Nada de empatía ni comprensión: le levantó un acta, argumentando que Juan estaba “usando mal” las reuniones, que su duelo causaba estrés al equipo y que hablaba demasiado del “burnout”. Como si fuera un pecado pedir ayuda. Incluso, le pidieron expresamente que no volviera a mencionar el tema.

El silencio no cura el agotamiento (al contrario, lo empeora)

Juan, cansado de que lo regañaran por ser transparente, decidió obedecer al pie de la letra: ni una palabra más sobre su desgaste. Nada de pedir ayuda, nada de contar cómo se sentía. Solo trabajo, silencio y un poco de resignación… hasta que, dos meses después, su cuerpo y mente dijeron basta.

Solicitó una licencia de siete semanas por salud mental y “burnout extremo”. Los jefes pusieron cara de susto (“¡¿Pero por qué no nos avisaste?!”), a lo que Juan, sin perder la calma, les mostró la misma acta donde le prohibían hablar de su agotamiento: “Me dijeron que no podía hablar más de esto”, les recordó.

Como era de esperar, la dirección quedó en evidencia: habían creado un ambiente tóxico donde pedir apoyo era castigado. La empresa tuvo que reorganizarse para cubrir a Juan, quien se fue a descansar con parte de su sueldo y la tranquilidad de que, al menos, esta vez lo tomaron en serio.

Los jefes y el “efecto avestruz”: taparse los ojos solo empeora el problema

No es solo la historia de Juan. Un montón de usuarios en Reddit compartieron experiencias similares, y si eres latino, seguro reconoces la frase: “No digas nada, no hagas olas, que aquí se valora al que aguanta callado”. Un comentarista lo resumió así: “La autoridad cree que evita problemas si no se habla de ellos. Hasta que un día, todo explota”. ¿Te suena conocido?

Otro usuario, con toda la sorna del mundo, lo comparó con esas empresas que dan bonos si no hay accidentes laborales… y mágicamente, nadie reporta accidentes, ¡pero los problemas siguen ahí bajo la alfombra! O como diría tu tía: “El que calla, otorga… y termina en el hospital”.

Y ojo: varios aconsejaron documentar todo y guardar pruebas fuera del trabajo, porque cuando los problemas son sistemáticos, a veces lo único que protege al trabajador es tener todo por escrito (acá aplica el “más vale prevenir que lamentar”).

¿Es posible cambiar la cultura del “aguántate y no te quejes”?

En Latinoamérica, pedir ayuda por salud mental todavía es visto con cierta desconfianza. Algunos jefes creen que el “burnout” es solo cosa de flojos o de generación de cristal, pero la realidad pega duro: no hay productividad posible si la gente está quemada, triste o apática.

Así lo dijeron varios lectores: “La apatía es el peor nivel de desgaste, porque ya ni te importa mejorar”. Y para rematar, otro comentó: “El verdadero problema es que Recursos Humanos no es tu amigo; están para proteger a la empresa, no a ti”.

Pero también hay esperanza: quienes han recibido apoyo real de sus empleadores (un par de días libres, un simple “¿cómo estás?” sincero) suelen regresar con más ganas y lealtad a la empresa. Tratar bien a las personas, al final, sale barato y rinde frutos.

Conclusión: ¿Y tú, en tu trabajo puedes hablar de lo que te pasa?

Esta historia no es solo para indignarnos y reírnos de los jefes que “se sorprenden como Pikachu” cuando el problema que ignoraron les explota en la cara. Es un llamado a reflexionar sobre nuestras propias oficinas y talleres: ¿se puede hablar en serio del desgaste? ¿Hay apoyo real o solo discursos bonitos?

Cuéntanos en los comentarios: ¿te ha pasado algo así? ¿Cómo manejan el “burnout” en tu trabajo? ¿Tu jefe es de los que escucha… o de los que prefiere tapar el sol con un dedo?

¡Comparte tu historia y sigamos rompiendo el tabú del agotamiento laboral en Latinoamérica! Porque solo hablando claro, dejamos de quemarnos por dentro.


Publicación Original en Reddit: Stop reporting about office burn out? Okay, done