Cuando estacionar mal te sale caro (¡y con espectáculo incluido!)
¿Quién no ha tenido ese vecino o desconocido que piensa que las reglas de tránsito no aplican para él? Todos conocemos a alguien que estaciona donde se le da la gana, sin importarle si bloquea el paso o le arruina el día a otros. Pero, ¿qué pasa cuando la paciencia se acaba y alguien decide tomar cartas en el asunto? Hoy te traigo una historia digna de telenovela… pero en versión estacionamiento.
No es secreto que en Latinoamérica, estacionar puede ser tan caótico como encontrar pan dulce fresco en la tarde: hay que llegar temprano y pelear el último lugar. Pero lo que le pasó a nuestro protagonista supera cualquier pleito por el “cajón” favorito. Prepárate para reír, indignarte y, por qué no, inspirarte para tu próxima mini venganza.
El “rey” del estacionamiento y la gota que derramó el vaso
Imagínate vivir frente a un estacionamiento público donde sólo hay una hilera de cajones y el último queda medio arrinconado, por lo que necesitas todo el espacio posible para salir sin rayar el coche. Hasta aquí, todo normal. Pero siempre hay un personaje que decide estacionarse justo detrás del último auto, bloqueando a los que sí usan el lugar como se debe. En la historia original, la gente prefería dejar su coche ahí y pedir un taxi antes que tener que lidiar con el infame “estorbador”.
Pero un día, nuestro héroe (u/sliding_doors_) tuvo que estacionarse en ese lugar maldito. Y como era de esperarse, el famoso tipo llegó y le bloqueó la salida. Lo que el “rey” del estacionamiento no sabía, es que ese día se iba a topar con la horma de su zapato. Resulta que la esposa de nuestro protagonista tenía otro coche estacionado cerca. ¿Qué hizo entonces? Usó el segundo auto para bloquear al bloqueador. Como quien dice, “al que a hierro mata, a hierro muere”.
El plan maestro: venganza con sabor a justicia
Aquí empieza lo divertido. Nuestro protagonista siguió estos pasos con precisión casi militar:
- Bloqueó al mal estacionado con su segundo coche.
- Llamó a la policía alegando que el auto del tipo bloqueaba el suyo (práctica común en Malta, pero muy entendible para quienes alguna vez han lidiado con un tránsito caótico).
- Se sentó a disfrutar, desde lejos, cuando la policía llamó al infractor para que moviera su auto… y éste se dio cuenta que también estaba bloqueado.
- Salió a reclamarle por su pésimo estacionamiento, lo que sólo hizo que el tipo se pusiera más furioso.
- Llamó de nuevo a la policía, diciendo que el tipo se negaba a mover su auto.
- Se deleitó escuchando cómo el tipo también llamaba a la policía, quejándose de la situación y del auto detrás de él.
- Finalmente, la policía llegó, le puso una multa al “rey” del estacionamiento y le pidieron al protagonista que moviera el auto de su esposa. Cuando contestó la llamada de la policía estando justo ahí, todos (menos el multado) se rieron de la escena.
¿El resultado? Ambos se llevaron multa, pero el protagonista pagó feliz los 23 euros. Como dijo un usuario en los comentarios: “23 euros por ese nivel de entretenimiento y quitarse de encima al obstáculo para siempre… ¡es una ganga!”. Y sí, en Latinoamérica, pagar por ver semejante show en vivo resulta más barato que un boleto para el cine o para ver a tu banda favorita.
La sabiduría de la comunidad: ¿Valió la pena la venganza?
La historia se hizo viral y la sección de comentarios en Reddit se llenó de aplausos y carcajadas. Un usuario tradujo perfectamente el sentimiento: “A veces, hasta una venganza costosa puede ser totalmente satisfactoria”. Otros lo vieron como una inversión: “Eso es más barato que ir al cine. Yo lo haría sin dudarlo”, decía alguien más, mientras otro remataba: “Valió cada euro por la venganza”.
En Latinoamérica, nos encantan las historias donde el “vivo” termina pagando las consecuencias. No faltó el que dijo que con 23 euros su vida tomaría otro rumbo (¿quién no ha soñado con que el dinero de la multa sea para unas empanadas y una chela, en vez de pagarle al gobierno?). Pero en este caso, hasta la policía se divirtió con el espectáculo y, más importante aún, el tipo dejó de estacionarse como si fuera el dueño del mundo.
Reflexión final: la justicia callejera y el placer de la pequeña venganza
Esta historia nos enseña que, a veces, la vida te da la oportunidad de hacer justicia a tu manera y, de paso, reírte un buen rato. Tal vez no todos tengamos la suerte de contar con un segundo auto para ejecutar una venganza tan épica, pero sí podemos aprender que poner límites a los abusivos puede ser tan satisfactorio como ganarse la lotería… o al menos una buena anécdota para contar en la próxima carne asada.
Ahora cuéntame tú: ¿Qué hubieras hecho en el lugar del protagonista? ¿Te atreverías a pagar una multa sólo por ver la cara del abusivo cuando le cae la ley? ¡Déjame tus historias y experiencias en los comentarios! Porque en este lado del mundo, si algo nos sobra, es creatividad para lidiar con los que se creen los dueños de la calle.
Publicación Original en Reddit: That's not a parking place!