Cuando esperar retroalimentación se convierte en la cultura laboral: Crónica de un estancamiento anunciado
¿Alguna vez te han dicho en el trabajo: “Espera a que te den feedback”? Ahora imagina que esa frase se vuelve el mantra de tu día a día, semana tras semana y… ¡año tras año! Así le sucedió a un usuario de Reddit, quien compartió su odisea laboral en la que ser “cumplido” se transformó en un arte, y el estancamiento en la norma. Prepárate para conocer una historia que muchos en Latinoamérica reconocerán: la parálisis por burocracia, con un toque de humor y resignación.
Esperar y desesperar: el arte latinoamericano de la paciencia laboral
En muchos países de Latinoamérica, escuchar frases como “espera instrucciones”, “no tomes decisiones sin autorización” o “primero consulta con tu jefe” es pan de cada día en las oficinas. Pero el caso de este usuario —al que llamaremos “Dare”— lleva este fenómeno a otro nivel. Después de que su jefe le pidiera explícitamente que no hiciera nada sin feedback, Dare decidió tomarse la orden al pie de la letra: nada de ideas nuevas, nada de proactividad, solo cumplir exactamente lo que decía su descripción de puesto… y esperar.
Así pasaron los meses. Las reuniones semanales se convirtieron en rituales vacíos donde nunca se concretaba nada, y cualquier pregunta era redirigida al manager, quien, por supuesto, tampoco respondía. Un compañero intentó seguir el mismo camino, pero le faltó sutileza y terminó siendo despedido. A Dare le tocó heredar algunas tareas, pero no cambió su estrategia: si algo era ambiguo, lo devolvía para aclaración; si faltaba aprobación, simplemente esperaba.
En palabras de un comentarista, “lo tuyo ya parece una escena de Office Space” (esa película que muchos recordarán como el manual de la burocracia absurda). Y no es para menos: en Latinoamérica, ¿quién no ha sentido que la espera y la falta de dirección son parte del paisaje de la oficina?
Onboarding caótico y el síndrome del nuevo: “¡Bienvenido al limbo!”
Pero la historia no se detiene ahí. Tras la salida del compañero, llegó un nuevo empleado, y Dare observó desde la distancia cómo el proceso de integración era, en sus palabras, “un caos total”. Sin estructura, sin documentación y con cero apoyo, el recién llegado tuvo que navegar un mar de incertidumbre. Quienes hemos pasado por un onboarding improvisado en alguna empresa local sabemos que esa sensación de estar “más perdido que turco en la neblina” es tristemente común.
Para colmo, la situación se puso aún más rígida: cualquier correo al jefe supremo debía tener aprobación previa, incluso para actualizaciones básicas. Así, la comunicación se volvió un cuello de botella que frenaba cualquier avance. Como dijo otro usuario en Reddit, “es como si la empresa estuviera esperando el hacha para cerrar el área, por eso no quieren que nadie haga nada nuevo”.
El despido del jefe: cuando el embudo se atora solo
Y llegó el día que todos temían (o esperaban): la reestructuración del departamento. El manager fue despedido, pero, en vez de nombrar un reemplazo o dar nuevas instrucciones, la dirección dejó a Dare y a su nuevo compañero en el limbo total. Sin jefe, sin objetivos, sin feedback. Como bromeó alguien en los comentarios: “¿Quién te autorizó a publicar esto? ¡Qué nivel de iniciativa!” (con ese sarcasmo que tanto disfrutamos en nuestras charlas de café).
Aquí entra el clásico consejo latinoamericano: “Mientras sigas cobrando, aprovecha y busca otro trabajo, o sácale jugo al tiempo libre”. Varios comentaron que la mejor opción era conseguir un segundo empleo remoto (el famoso “overemployment”), y así hacer doble sueldo. Otros, más filosóficos, destacaron la ironía: una cultura obsesionada con el control y la autorización terminó paralizando tanto el equipo que, sin líder, ya nadie sabe qué hacer. El resultado: dos empleados, cero instrucciones y absoluta tranquilidad… hasta nuevo aviso.
Reflexiones: ¿malicia, resignación o la realidad de muchas oficinas?
Lo que comenzó como una “malicious compliance” —cumplir las reglas a propósito para demostrar lo absurdas que son— terminó siendo una radiografía del estancamiento y la burocracia que aquejan a muchas empresas en nuestra región. Como bien apuntó un usuario, “la complacencia es difícil de sacudir cuando ya te acostumbraste a no hacer nada”. Y sí, a veces el mejor plan es tener un plan B (o C), como hizo Dare, quien ya tenía listas sus alternativas para cuando llegara la inevitable noticia.
Al final, la historia deja una enseñanza familiar para muchos: la ironía de pedir aprobación para todo es que, cuando falta liderazgo, ya nadie puede mover ni un dedo. Y mientras tanto, el sueldo sigue llegando.
Conclusión: ¿Y tú, qué harías mientras esperas?
¿Alguna vez has estado en una situación similar, esperando instrucciones que nunca llegan? ¿Te animarías a buscar otro trabajo, aprovecharías para aprender algo nuevo, o simplemente disfrutarías el “sueldo fantasma”? Cuéntanos tu experiencia en los comentarios. Si te gustó esta historia digna de Kafka o de una telenovela de oficina, ¡compártela con ese amigo que siempre está esperando feedback!
Porque en Latinoamérica, a veces la mejor forma de sobrevivir en el trabajo es saber esperar… y tener el currículum listo, por si acaso.
Publicación Original en Reddit: Update: Still compliant, still waiting for feedback....