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Cuando el verdadero lujo es tener paciencia: La historia de los huéspedes 'exigentes' y las batas de baño

Grupo de tres huéspedes del hotel haciendo el check-in, mostrando frustración por albornoces en una escena cinematográfica.
El caos del check-in se desata mientras tres huéspedes expresan su frustración por la falta de albornoces. Esta imagen cinematográfica captura la tensión y el drama de una estadía en hotel que salió mal, preparando el escenario para una noche de desafíos inesperados.

¿Alguna vez has sentido, apenas ver llegar a alguien, que viene cargado de problemas? Así como cuando ves una nube gris y sabes que va a llover. Pues así comienza la historia de hoy: tres huéspedes, cada uno en su propio cuarto, pero todos con la misma vibra de que nada les va a parecer bien. Y sí, todo comenzó… por unas simples batas de baño.

El huésped que vino a buscar problemas… y los encontró

Imagínate que es un día festivo, el hotel está calmado, el personal técnico ya se fue y, de repente, uno de estos huéspedes baja a recepción porque su televisor no tiene señal. El recepcionista, con toda la amabilidad del mundo, le ofrece cambiarlo de habitación o esperar al técnico al día siguiente. Pero el huésped, con ese aire de “yo sé más que tú”, le recalca que el “servicio no es perfecto” y que seguramente el problema del televisor no pudo haberse presentado justo ese día. ¿Te suena familiar este tipo de clientes? Sí, esos que parecen venir con una lupa buscando cualquier fallo para armar su show.

Más tarde, el trío baja en grupo, y ya se siente en el aire que algo se va a quejar. Ahora el problema son… ¡las batas de baño! Ninguna de sus habitaciones tiene una, y para ellos esto es el colmo de la mala atención. El recepcionista les explica que por temas de higiene ya no se dejan en las habitaciones, pero que pueden pedirlas gratis en recepción. Pero, claro, esto para ellos es una herejía. Entre burlas y caras, el huésped principal cuestiona todo: la política, la marca del hotel, y hasta la dignidad del recepcionista.

¿Clientes VIP o expertos en descuento?

Aquí entra el sabor latinoamericano: todos conocemos a alguien que, si no puede regatear o conseguir descuento, siente que perdió el viaje. En la discusión original de Reddit, un usuario comentó (traducido libremente): “Estos clientes no son rentables. Si les das descuento, regresarán con más exigencias. Mejor cancelarles la reserva y que busquen otro lado”. ¡Tal cual como el vecino que llega al tianguis y regatea hasta el aire!

Otro usuario, con mucha picardía, sugirió una frase que debería estar en el manual de cualquier recepcionista: “Bueno, como parece que no cumplimos con tus estándares, puedo hacer tu check-out sin penalización y eres libre de buscar otro hotel”. Esta respuesta, según cuentan, suele callar hasta al más gritón. Y es que, en Latinoamérica, tenemos eso de saber cuándo poner un alto y cuándo dejar que el cliente haga su berrinche.

Las batas de baño y la obsesión con el “lujo”

Aquí viene lo curioso: ¿realmente es tan importante la dichosa bata de baño? Varios usuarios se sorprendieron de que alguien pudiera enojarse tanto por esto. Uno comentó: “En los últimos diez años no he visto un hotel con batas, y si las hay, sólo en habitaciones carísimas”. Otro añadió que, en hoteles de lujo (de esos de $700 la noche), las batas vienen con truquitos de housekeeping para saber si las usaste, como nudos especiales. Pero la mayoría coincidió: nadie quiere usar una bata que quién sabe cuántas manos ha tocado antes. ¡Si hasta las toallas dan cosa a veces!

Y para los que aún creen que la falta de bata es un pecado mortal, otro usuario fue directo al grano: “Me confundiría mucho encontrar una bata en un hotel de $150 la noche”. O sea, el lujo tiene su precio, y no es precisamente lo que uno espera en un hotel promedio.

¿Servicio al cliente o sobrevivir al cliente?

Lo más impresionante de esta historia no es la queja por la bata o el televisor, sino la actitud de “anotar todo” en el celular para luego quejarse formalmente. Como bien comentó alguien: “Nunca en mi vida me importó tanto un hotel como para andar tomando notas de lo malo. Si no me gusta, no regreso y ya”. Pero hay quienes viven para reclamar, esperando que les den algo gratis o, mínimo, un descuento.

El recepcionista, lejos de perder la calma, hasta les dio su nombre para que se quejaran. ¿El resultado? Hasta ahora, nadie ha logrado ponerle una mala reseña. Y si lo hacen mencionando su nombre, existe la posibilidad de que la tengan que borrar por temas de privacidad. ¡A veces el sistema sí protege a los trabajadores!

Reflexión final: ¿Quién tiene la culpa?

Este caso nos recuerda que en el mundo de la hospitalidad (y en muchos trabajos de atención al cliente en Latinoamérica), más que cultura de “el cliente siempre tiene la razón”, hace falta sentido común y, sobre todo, dignidad para no dejarse pisotear. Como decimos por acá: “Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre”. Hay que atender bien, pero también saber cuándo poner límites.

Y tú, ¿alguna vez has tenido un cliente que parece haber nacido solo para quejarse? ¿O te ha tocado trabajar con alguien así? Cuéntanos en los comentarios, porque seguro que experiencias de este tipo sobran en cualquier país de habla hispana.

La próxima vez que viajes y te falte la bata de baño, recuerda: a lo mejor es por higiene… o porque el verdadero lujo, a veces, es tener paciencia.


Publicación Original en Reddit: throwing a hissy fit because of bathrobes??