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Cuando el vecino y su bocina no te dejan dormir: venganza a la mexicana en un dúplex universitario

Imagen cinematográfica de un dúplex con altavoces en la pared compartida, destacando la convivencia en un pueblo universitario.
Una impactante representación cinematográfica de la vida en dúplex, donde se despliegan las alegrías y desafíos de la convivencia—¡como esa noche memorable cuando el sonido se encontró con el silencio!

¿Quién no ha tenido un vecino escandaloso? Ese personaje que decide que la mejor hora para armar la fiesta —o en este caso, poner la misma canción una y otra vez— es justo cuando tú más necesitas dormir. Bueno, hoy te cuento una historia de esas que nos recuerdan que la venganza, aunque sea pequeñita, a veces sabe a gloria… y a silencio.

Imagínate: vives en un dúplex en una ciudad universitaria, compartiendo pared con desconocidos que cambian cada semestre. Todo tranquilo, hasta que te toca el vecino nocturno, gerente del turno de la noche en un Waffle House (algo así como el Sanborns de madrugada gringo, pero solo con desayunos y café de filtro). Al principio, todo bien; cada quien en su horario y sin molestar. Pero un día, la paz se rompe. Son las 3 de la mañana y, de la nada, comienza a retumbar en la pared compartida el himno country “Why Me Lord” de Kris Kristofferson. No una vez, sino en repeat, como si el vecino estuviera haciendo penitencia. ¿Qué harías tú?

La noche en que el country se volvió castigo divino

Nuestro protagonista, como buen latino que prefiere evitar el pleito hasta que es necesario, dejó pasar la primera ronda musical. “Quizá fue accidente, quizá ya se duerme”, pensó. Pero no, la canción volvió, y con más ganas. Así que, fiel al estilo cordial, fue a tocarle la puerta al vecino para pedirle que bajara el volumen. El gerente nocturno, medio dormido y balbuceando disculpas, prometió que no se repetiría.

Pero a veces, las promesas se las lleva el viento (o el insomnio). No pasó mucho y la canción volvió, ahora aún más fuerte. Es aquí donde el ingenio latinoamericano entra en acción: nuestro héroe localizó la bocina justo detrás de la pared y, sincronizando el golpe con el bajo de la canción, le dio un buen puñetazo al muro. No fue un golpe de novela, pero sí lo suficiente para que la bocina se cayera de su soporte, según cuenta la leyenda.

¿Milagro acústico o truco de vecindad?

Aquí es donde la historia se vuelve leyenda urbana. En los comentarios del post original, muchos dudaron que un simple golpe pudiera descolgar una bocina de la pared sin romper el yeso. “Eso solo pasa en casas hechas como de papel, como las que rentan los estudiantes”, bromeó un usuario, mientras que otro aseguró: “Si le pegabas así en Europa, te rompías la mano contra el ladrillo”.

El mismo autor del relato respondió a las críticas diciendo que en casas baratas gringas, las paredes a veces son tan delgadas que hasta un estornudo fuerte las pone a temblar. Y es cierto: en muchas zonas universitarias, los departamentos parecen hechos para durar solo lo que dura la carrera.

Mientras tanto, otros usuarios salieron en defensa del protagonista. Uno explicó: “Si la bocina ya vibraba al máximo y el golpe llegó justo en el momento exacto, era cuestión de física. El empujoncito faltante y ¡pum!, suelo”. Una lección de venganza tan simple como eficaz.

¿Y qué fue del vecino fiestero?

Lo más curioso fue el desenlace: después de aquella noche de golpes y silencio, el vecino nunca volvió a decir nada. Ni una queja al casero, ni una disculpa, ni un reclamo. Para el fin de semana, ya había desaparecido. Algunos en Reddit bromeaban diciendo que “el vecino era The Weekend, pero ya no aguantó el fin de semana”, mientras que otros sospechaban que simplemente se cambió de casa por la vergüenza.

Hubo quien dudó de que la razón fuera solamente la bocina caída, pero como buen narrador de historias, el autor se mantuvo firme: “Sucedió, créanlo o no”.

Reflexión: Vecinos ruidosos, soluciones creativas

En América Latina, todos tenemos una historia con vecinos que se sienten DJs de barrio o que creen que el karaoke es terapia grupal a las 2 de la mañana. A veces, el camino cordial funciona; otras, hay que recurrir a la vieja confiable: el golpe estratégico, el escobazo en el techo o el famoso “¡ya bájale, compa!”.

La enseñanza aquí es que, aunque la venganza fue pequeña, el efecto fue inmediato. No hubo violencia, solo un recordatorio de que el respeto es básico, sobre todo cuando se comparte techo (o pared) con desconocidos. Y, como en toda buena historia de vecindad, lo importante es saber poner límites… y si se puede, hacerlo con un poco de humor.

¿Tú cómo has lidiado con tus vecinos ruidosos? ¿Alguna vez aplicaste una “venganza chiquita” que te devolviera la paz? Cuéntanos tu historia en los comentarios, porque aquí todos tenemos una anécdota de esas.

¡Hasta la próxima, y que el silencio acompañe tus madrugadas!


Publicación Original en Reddit: Why me lord.....