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Cuando el turno nocturno te pasa la factura: historias de un recepcionista al borde

Ilustración al estilo anime de un trabajador nocturno estresado en un entorno caótico, simbolizando la necesidad de un día de salud mental.
En esta vibrante ilustración anime, nuestro héroe de la noche enfrenta un torbellino de desafíos, reflejando los momentos abrumadores que todos vivimos. ¡Recuerda que está bien dar un paso atrás y priorizar tu salud mental!

¿Alguna vez has pensado que tu trabajo es estresante? Pues espera a conocer la semana de un recepcionista nocturno de hotel, donde cada noche podría ser el capítulo más intenso de una serie de Netflix. Entre emergencias médicas, fiestas estudiantiles alocadas y dramas familiares dignos de telenovela, a veces lo único que queda es respirar hondo, pedir un abrazo virtual y, por qué no, pensar en tomarse un día para cuidar la salud mental.

Porque sí, aunque muchas veces en Latinoamérica se cree que “el que no aguanta, no avanza”, hay momentos en que ni el café más cargado ni el pan dulce más grande logran levantar el ánimo. Aquí va una historia que, entre risas y lágrimas, nos recuerda que todos somos humanos.

El turno nocturno: donde todo puede pasar… y pasa

Ser recepcionista nocturno en un hotel es como estar a cargo de la seguridad de un pueblo pequeño donde nunca sabes si la próxima llamada será para pedir una toalla extra o para avisar de una emergencia médica. Así empezó la semana para nuestro protagonista: eran las 4 de la madrugada y, de pronto, tuvo que correr a ayudar a un niño de 10 años con un paro cardíaco mientras llegaba la ambulancia. Como decimos por aquí, “¡no estaba en el contrato!”

Y si eso no fuera suficiente, el hotel estaba junto a una residencia universitaria. Se acercaba Halloween y la fiesta no era solo de disfraces, sino también de excesos. Drogas, música a todo volumen y, claro, la temida llamada de la policía. Pero como buen profesional, nuestro amigo pensó: “ya casi es lunes, ya casi descanso”.

De telenovela: drama, policías y corazones rotos

Pero el destino tenía otros planes. El domingo por la mañana, su turno terminó con una escena que parece sacada de una serie de Televisa: una mujer semidesnuda, gritando y siendo llevada a rastras por su novio sudanés, que no hablaba español ni inglés. Al final, la historia era más triste que escandalosa: la mujer tenía problemas mentales y el novio solo quería evitar una tragedia mayor.

Y como si el universo jugara a ver cuánto aguanta un ser humano, esa noche –apenas cinco minutos después de llegar al trabajo– entraron los policías. Esta vez, un niño de ocho años, con botas amarillas y un ojo morado, había llamado para pedir ayuda: su madre, alcoholizada, lo estaba agrediendo. Lo llevaron a una oficina para que no viera a su mamá esposada. Imagina estar ahí, intentando distraer al pequeño con cualquier conversación, mientras por dentro se te parte el alma.

El valor de decir “no puedo más”: cuidar la salud mental no es debilidad

En muchos países de Latinoamérica, aún hay quien piensa que pedir un día libre por salud mental es cosa de “flojos” o “débiles”. Pero como bien dijo un usuario en los comentarios: “Un cántaro vacío no puede regar ninguna flor”. Si tú no estás bien, no puedes ayudar a nadie.

El propio protagonista, después de escuchar palabras de aliento de otros recepcionistas y gente fuera del rubro (“dan ganas de darte un abrazo y prepararte una sopita caliente”), se animó a pedir ayuda. Habló con la jefa de limpieza, quien sin dudarlo gestionó el reemplazo, y al hacerlo, se dio cuenta de que realmente no estaba bien. Lloró, se permitió sentir y reconoció que aún tenía heridas propias por sanar, especialmente al ver reflejado en ese niño de ocho años su propia historia con un padre alcohólico.

Como comentó otro lector, “el humor negro solo ayuda hasta cierto punto; luego, hay que dejarse ayudar”. Y no falta quien, con ese ingenio tan nuestro, bautizó estos descansos de emergencia como “vacaciones de calcetines con grip” (esas medias antideslizantes que te dan en el hospital), porque a veces lo que hace falta es parar antes de desbordarse.

Entre colegas, risas y lágrimas: nadie está solo en la noche

En la comunidad de recepcionistas nocturnos, como en cualquier trabajo en Latinoamérica donde se hace equipo contra viento y marea, siempre hay espacio para la solidaridad, el humor y el apapacho virtual. Hay quienes mandan “unicornios de apoyo emocional” o desean que todos tengan un poco de brillo y esperanza.

Quizá tu jefe no entienda lo que es trabajar diez días seguidos, cargar con historias ajenas y propias, y aún así dar la cara con una sonrisa. Pero la próxima vez que estés al borde del colapso, recuerda estas palabras: “Si la empresa no puede sobrevivir sin ti un par de días, entonces no es una empresa, es una dependencia tóxica”. Cuida tu salud mental, busca ayuda si la necesitas, y no te olvides de llorar cuando haga falta. Porque como decía la abuela: “Nadie es de fierro”.

Conclusión: Y tú, ¿cuándo fue la última vez que te diste un respiro?

La vida laboral puede ser una montaña rusa, sobre todo en trabajos donde las historias reales superan cualquier ficción. Si alguna vez has sentido que el cansancio te rebasa, no estás solo. Comparte tu experiencia, suelta la risa o la lágrima, y sobre todo, no tengas miedo de pedir ese merecido día de descanso. Porque al final, cuidarnos unos a otros es lo que nos mantiene a flote, incluso en las noches más largas.

¿Te ha pasado algo parecido en tu trabajo? ¿Algún consejo para sobrevivir a las jornadas maratónicas? ¡Cuéntanos en los comentarios! Y si hoy necesitas una “vacación de calcetines con grip”, este blog te da el permiso oficial.


Publicación Original en Reddit: I think I need a mental health day