Cuando el termostato se convierte en el jefe: una anécdota de hotel que revela más de lo que imaginas
Hay historias de hoteles que te hacen reír, otras que te hacen dudar de la humanidad, y algunas que logran ambas cosas al mismo tiempo. ¿Alguna vez pensaste que pedir ayuda con un termostato podría ser el inicio de una reflexión sobre la vida moderna, el sentido común y las expectativas que tenemos de los demás? Pues agarra tu café, ponte cómodo y acompáñame en este viaje de incredulidad y risas al estilo latinoamericano.
El día en que el termostato ganó la batalla
Imagínate la escena: estás trabajando en la recepción de un hotel ubicado dentro del campus de una preparatoria prestigiosa, de esas donde los hijos de papá suelen terminar en universidades de renombre. Todo parece tranquilo, hasta que suena el teléfono. Del otro lado, un huésped pregunta: “¿Cómo hago para subir la temperatura de mi cuarto?”
No es la primera vez que un huésped se atasca con la tecnología, pero esta ocasión tenía algo especial. El recepcionista, paciente, le indica que hay un termostato en la pared. El huésped contesta que sí, que ya lo está mirando. El siguiente paso es simple: “Presione el botón de modo para cambiar a calefacción y luego el botón derecho para subir la temperatura.” Y ahí viene la joya de la conversación: “¿Ah, tengo que presionar el botón para que funcione?”
Uno pensaría que este tipo de preguntas viene de un adolescente distraído, pero no. El propio autor del relato aclara que el huésped era un hombre hecho y derecho, de unos 38 años. ¡Y en pleno invierno, en una ciudad donde hasta cae nieve! Aquí es cuando uno se pregunta si realmente la universidad de la vida está sobrevalorada.
Sentido común: El menos común de los sentidos (y sí, aplica para todos)
¿Será cierto eso que dicen nuestras abuelitas de que “la escuela enseña mucho, pero no todo”? Porque lo que no enseña Harvard, Yale o la UNAM, es que si quieres que algo funcione… ¡tienes que apretar el botón!
Varios comentarios de la comunidad no tardaron en soltar la carcajada y la reflexión. Uno decía: “Solo porque su hijo vaya a una universidad de élite, no significa que él mismo terminó la prepa.” Otro compartió una anécdota universitaria digna de telenovela: una compañera no sabía que había que doblar la caja de pizza para que cupiera en el bote de basura. Así, mientras algunos se preparan para decidir el futuro del país, otros luchan una batalla épica contra objetos cotidianos.
Y claro, tampoco faltó quien defendió al huésped: “Quizá en su casa todo es tan moderno que nunca ha tenido que manipular un termostato. Todo lo controla desde el celular o ni siquiera puede tocarlo porque la familia lo prohíbe”. Pero, como aclaró el recepcionista, este señor venía de una ciudad donde el frío es cosa seria, así que la excusa se cae como castillo de naipes.
¿Tecnología o privilegio? La brecha digital no siempre es generacional
Hay quienes piensan que la tecnología ha vuelto a la gente más cómoda (o floja, según la tía del pueblo). Un comentarista bromeó diciendo que algunos esperan que el control del aire acondicionado sea como en la oficina: “Pensé que estaba controlado centralmente por el gerente, porque aquí no es mi casa y siempre es así en la oficina.” Y es que, en un mundo donde hasta la licuadora se conecta al wifi, no es raro que algunos crean que todo se maneja por arte de magia.
Otros fueron más filosóficos, recordando que la educación formal no garantiza el sentido común. ¿Cuántos ingenieros no conocen la diferencia entre el control remoto de la televisión y el del aire acondicionado? Como decía un usuario: “La educación no significa sentido común. Recuerda la historia del profesor que le dio limonada alcohólica a su hijo menor pensando que era jugo.”
Al final, el mejor consejo vino de alguien que sugirió: “Regálales un tubo de jugo de naranja congelado con la palabra ‘concentrado’. Horas de paz garantizadas.” Una forma muy latina de decir: “Si no entiendes lo básico, mejor ponte a meditar.”
¿Risa, resignación o lección de vida?
Quizá la moraleja es que todos, en algún momento, hemos sido ese huésped que no sabe cómo funciona algo aparentemente simple. Tal vez porque nunca lo necesitó, o porque siempre hubo alguien más que lo resolvía. Pero también es cierto que, más allá de la risa, hay una invitación a la empatía. Nadie nace sabiendo, pero tampoco está de más leer las instrucciones (o preguntar sin pena).
Antes de juzgar, recordemos las veces que nosotros mismos confundimos la sal con el azúcar, o apretamos el botón equivocado en el microondas. Y si te toca ser el héroe que explica cómo funciona el termostato, ¡hazlo con paciencia y buen humor! Porque, como decimos en Latinoamérica: “No hay peor lucha que la que no se hace (ni peor botón que el que no se aprieta)”.
¿Y tú? ¿Tienes alguna historia similar de “batalla épica contra la tecnología”? Cuéntanos en los comentarios y dale calor a este blog (¡sin olvidar apretar el botón, claro!).
Publicación Original en Reddit: Short interaction