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Cuando el “solo reporta el problema” termina costando una fortuna: Lecciones de una farmacia latina

Ilustración estilo anime de un drive-thru de farmacia con un trabajador frustrado y un sistema de tickets lento.
En esta vibrante escena de anime, nuestro trabajador de farmacia enfrenta un desafío familiar mientras el cajón del drive-thru se ralentiza. ¡Acompáñanos a explorar los giros inesperados que llevaron a este momento y las lecciones aprendidas en el camino!

¿Alguna vez has tenido un jefe que te dice: “Solo haz lo que te digo y ya”? Seguro que sí. En Latinoamérica, todos conocemos ese típico escenario donde las órdenes vienen de arriba sin escuchar a quienes realmente hacen el trabajo. Pero, ¿qué pasa cuando la terquedad gerencial termina provocando un gasto que hasta el contador se persigna? Prepárate para una historia de la vida real en una farmacia que te hará reír, reflexionar… y quizá mirar con otros ojos el cajón del autoservicio la próxima vez que vayas por tus medicinas.

El origen del desastre: “Solo manda el ticket y no me molestes”

Todo comenzó en una farmacia de esas grandes, con mucho movimiento y un autoservicio más usado que el microondas en oficina. Un día, el cajón del drive-thru empezó a ponerse lento, como cuando tu abuelita intenta abrir WhatsApp. Los empleados, que se las saben todas, notaron el síntoma: seguro necesitaba una limpieza o lubricación, algo sencillo si se atiende a tiempo.

Pero aquí entra la burocracia. Para que te hagan caso, hay que meter un “ticket” en el sistema. Un proceso más lento que fila de banco en quincena y que, además, depende de que alguien del otro lado tenga ganas de solucionarlo. Antes, el asistente de gerente era el puente entre el personal y la gerencia: revisaba los tickets, presionaba un poco y todo fluía. Pero, como en muchas empresas, llegó una nueva jefa decidida a ahorrar hasta en clips y papel higiénico, y el buen asistente decidió buscar mejores aires.

¿Y qué hizo la nueva gerente cuando le avisaron que el cajón fallaba? Como buena jefa de manual, contestó: “Solo mete el ticket y si no pasa nada, vuelve a meterlo. No quiero que me avises ni por correo, ni en persona, ni en paloma mensajera”. Nuestro protagonista, con todo documentado, siguió las reglas al pie de la letra. Nada de avisos extra: solo tickets, tickets y más tickets.

Cuando la prevención brilla por su ausencia: ¡Emergencia en la farmacia!

Pasaron los días, los tickets se acumulaban y nadie parecía mover un dedo. Hasta que, como era de esperarse, el cajón dejó de funcionar de plano. Tocó cerrar el autoservicio, molestar a los clientes (ya sabes cómo se pone la gente cuando le retrasan sus medicinas) y ahora sí, meter un ticket de “emergencia”. Y aquí es donde la cosa se pone buena: los tickets de emergencia sí se atienden rápido… pero el cobro es tan elevado que hasta el gerente más tacaño preferiría haber pagado el mantenimiento desde el principio.

Como bien dice un comentario en el hilo original: “El mantenimiento preventivo siempre sale más barato que reparar en emergencia”. Y vaya que tenían razón. Resulta que el sistema del drive-thru era de los viejitos, esos que ya ni se fabrican. Tuvieron que mandar a hacer un reemplazo a medida, con visitas extra, piezas especiales y un costo final de casi 25 mil dólares (sin contar los servicios adicionales). En otras palabras: por no escuchar al personal y no atender el problema a tiempo, la tienda pagó cuatro veces más de lo que hubiera costado la solución original.

Un usuario comentó con humor ácido: “La gerente experimentó todos los efectos secundarios esperados... seguro no se le bajó el coraje en semanas”. Y otro resumió la moraleja de toda empresa latinoamericana: “Escucha a la gente que está en el campo de batalla, o prepárate para pagar las consecuencias”.

El arte de cubrirse las espaldas (o cómo el papelito habla)

En este tipo de situaciones, tener pruebas es clave. El protagonista guardó todos los correos, los números de tickets y hasta la respuesta de la gerente donde dejaba claro que no quería ser molestada con estos temas. Como diría cualquier empleado precavido en México, Argentina o Colombia: “Más vale tener el respaldo, porque cuando se arma la de San Quintín, nadie quiere cargar con la culpa”.

No faltó quien aconsejara imprimir los correos y guardarlos bajo el colchón, por si algún día la gerente intentaba echarle la culpa al trabajador. Y sí, en Latinoamérica todos conocemos a ese jefe que, cuando todo sale mal, busca rápidamente a quién cargarle el muerto.

Reflexión final: Escucha antes de que sea demasiado caro

Después del caos, la gerente ahora sí se acerca a preguntar si hay tickets pendientes. Claro, la lección costó lo suficiente como para que hasta el distrito entero se enterara. Y es que, como bien dijo un comentarista: “Si no programas el mantenimiento, el equipo se encargará de programarlo por ti… y casi siempre será en el peor momento”.

En resumen: en cualquier farmacia, empresa o changarro latinoamericano, lo mejor es escuchar a quienes están en la línea de batalla. Si no, prepárate para sacar la cartera y, de paso, perder unas cuantas canas en el proceso.

¿Te ha pasado algo similar en tu trabajo? ¿Algún jefe que prefirió ignorar los avisos y luego tuvo que pagar el triple? Cuéntanos tu historia en los comentarios. ¡Que no te pase lo del cajón!


Publicación Original en Reddit: You just want me to submit tickets, no exceptions? Okay.