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Cuando el restaurante del hotel no es 24/7: historias de huéspedes tercos y horarios confusos

¿Te ha pasado alguna vez que llegas a un lugar esperando disfrutar de una comida deliciosa, solo para encontrar la puerta cerrada y el letrero de “Cerrado hasta nuevo aviso”? Ahora imagina que, aun así, decides pedirle al recepcionista que, por arte de magia, te abra el restaurante solo para ti. Parece un chiste, ¿verdad? Pues, en el mundo de los hoteles, estas historias ocurren más seguido de lo que crees… y a veces, son tan cómicas como desesperantes.

Hoy te traigo un relato que bien podría ser el guion de una telenovela de horario estelar: un huésped convencido de que “él sabe más del negocio que el personal”, una recepción con paciencia de santo y un restaurante con horarios dignos de consulta filosófica.

El misterio de los horarios fantasma

Todo comenzó en un hotel típico: recepción abierta las 24 horas, pero con un restaurante pegado que, por cosas de la pandemia, todavía no recupera sus horarios normales. En vez de atender durante todo el día, el restaurante solo abre para el desayuno y la cena. Sí, así como lo lees: de 5 a 11 de la mañana y luego otra vez hasta las 3 de la tarde. Y por supuesto, justo al mediodía, cuando más antojo da, está cerrado.

Esto, que para muchos sería solo un pequeño inconveniente, se convirtió en una verdadera telenovela para un huésped. El caballero, con toda la seguridad del mundo, se acercó a la recepción a las 12 en punto. Miró la puerta cerrada y el letrero bien grandote con los horarios… pero preguntó igual:

—¿Está abierto el restaurante?

La respuesta fue clara: no, señor, hasta las 3. Pero eso no fue suficiente. Quería comprar un certificado de comida para su hermano y, según él, la solución era simple: que el recepcionista abriera el restaurante SOLO para venderle eso, o mejor aún, que la recepción misma le vendiera el dichoso certificado.

El arte de preguntar lo mismo… pero diferente

Aquí es cuando la historia se pone buena. El huésped, como si estuviera en una partida de ajedrez, repite la misma jugada una y otra vez, esperando que la respuesta cambie solo porque sí. “¿Está seguro que no puede?”, “¿No hay ninguna manera?”, “¿Y si habla con el gerente?”, “¿Y si lo intento con la señora que limpia el lobby?”. Nada funcionó. Ni el recepcionista ni la persona encargada de limpiar la recepción (que no tenía vela en el entierro) pudieron convencerlo.

Como bien comentó alguien en el foro: “Eso me recuerda a mi exesposo, que si no le gustaba una respuesta, reformulaba la pregunta hasta el cansancio, como si así fuera a cambiar la realidad”. ¿Te suena conocido? En América Latina decimos que hay gente que “le da vueltas al molino”, esperando sacar agua de donde no hay.

Finalmente, el huésped, frustrado, decide que mejor se va a comer al Subway, porque “no va a esperar tanto”. ¡Pero la telenovela no termina ahí! Al día siguiente, aparece de nuevo, intentando comprar el certificado… ¡a las 11 de la noche! Una hora después del cierre. Dicen que la esperanza es lo último que muere, pero en este caso, la paciencia del personal casi muere primero.

¿Por qué los restaurantes de hotel cierran a mediodía?

La comunidad en línea no tardó en comentar lo extraño de la situación. “¿Un restaurante que cierra justo a la hora de la comida? Eso ni en las novelas rusas”, bromeó uno. Pero otro explicó algo muy cierto: en hoteles turísticos, la mayoría de los huéspedes salen a pasear durante el día, así que el almuerzo es el momento más flojo. Además, muchos restaurantes aprovechan ese rato para cambiar de turno, limpiar la cocina y prepararse para la cena, que suele ser cuando más movimiento hay.

Incluso hubo quien recordó que en algunos hoteles, el almuerzo solo lo aprovechan los empleados de oficina del mismo hotel, y muchas veces, su comida está bonificada. Así que, por economía y logística, tiene sentido que cierren un rato. En palabras de un usuario: “Los dueños son bien tacaños y prefieren ahorrar en sueldos que perder plata en horas muertas”.

El personal de hotel: héroes anónimos con paciencia de santo

Si trabajas en hotelería, sabes que los huéspedes pueden ser maravillosos… o un verdadero desafío. El personal de recepción, como en este caso, debe lidiar con preguntas repetidas, quejas sin sentido y expectativas imposibles. Pero, como dicen por ahí, “el cliente siempre tiene la razón… menos cuando no la tiene”.

Lo más divertido es cuando el huésped, al no obtener la respuesta que quiere, decide preguntarle lo mismo al siguiente empleado, aunque sea el encargado de limpiar los pisos. “Me encanta cuando hacen eso, como si yo estuviera mintiendo y la señora de la limpieza tuviera información secreta”, contó el recepcionista. ¡No hay mejor ejemplo de cómo en la vida hotelera, la realidad supera a la ficción!

Conclusión: ¿Te ha tocado un cliente así?

Esta historia es solo una de tantas que muestran el lado humano (y a veces cómico) de la hotelería. ¿A ti te ha pasado algo parecido? ¿Has sido el huésped terco o el empleado paciente? Cuéntanos tu anécdota en los comentarios y comparte este blog con quien necesite reírse un rato, sobre todo si trabaja cara al público. ¡Y recuerda: la próxima vez que veas un letrero de “cerrado”, mejor pregunta por el horario antes de intentar convencer a todo el staff de cambiar las reglas solo para ti!


Publicación Original en Reddit: We know the business better than you!