Cuando el programa de recompensas se topó con la comunidad Amish: una historia de humor y choque cultural
Imagina que trabajas en la caja de una tienda rural y tu jefe insiste: “¡Necesitamos más miembros en el programa de recompensas, pregunta a todos por su teléfono y su correo electrónico!” Fácil, ¿no? Ahora imagina que tu clientela incluye a la comunidad Amish, conocidos por su vida tradicional… y por evitar la tecnología como si fuera el mismísimo diablo. ¿Qué podría salir mal?
Así comienza la hilarante historia compartida en Reddit por u/Responsible_Bill_513, donde su hija, obediente y con ganas de cumplir la meta de su jefe, se embarca en una misión imposible: convencer a los Amish de inscribirse en el club de recompensas de la tienda. Lo que parecía una simple tarea se convierte en una comedia digna de cualquier sobremesa familiar.
La odisea de preguntar “¿Me das tu correo?”
En Latinoamérica, muchos hemos trabajado en tiendas, mercados o ferias donde el jefe pide llegar a metas imposibles: desde vender boletos de rifa hasta convencer a tu tía la del pueblo de que descargue una app de bancos. Pero pedirle a un Amish su número de teléfono o su email… eso ya es otro nivel de surrealismo.
La hija de Responsible_Bill_513, cajera en una tienda agrícola local, empezó a preguntar a cada cliente Amish por su número y correo con la mejor de las intenciones. ¿El resultado? Ningún nuevo miembro, pero sí risas aseguradas entre los clientes en la fila. Al parecer, ver a una joven intentando inscribir a personas que ni siquiera usan electricidad fue el mejor chiste del día.
Uno de los comentarios más populares de Reddit lo resume con picardía: “Vi una vez a una nueva empleada, nerviosa, pedirle la licencia de conducir a un Amish. Él sonrió y le dijo: ‘No manejo, pero puedo presentarte a mi caballo’”. ¿Te imaginas? En México sería como pedirle el INE a tu abuelita que nunca ha salido del rancho.
¿Tecnofóbicos? No tanto… pero sí muy a su modo
La comunidad Amish, aunque famosa por rechazar la tecnología moderna, no es un bloque homogéneo. Al igual que en nuestros pueblos, donde la tía Chonita usa WhatsApp pero su esposo aún prefiere el radio de pilas, hay matices. Varios comentarios en Reddit explican que existen “casetas comunitarias” con teléfono para emergencias, y que algunos Amish usan celulares… aunque los esconden mejor que un adolescente su primer cigarro.
Un usuario contó que en su pueblo los Amish tienen una especie de “cabina” con panel solar, donde cargan el teléfono comunitario y hasta prenden una lamparita en invierno. Eso sí, la electricidad jamás entra a la casa, como si fuera una maldición. Otro compartió que algunos, para negocios, usan hasta computadoras en la biblioteca pública o le piden el favor al vecino “no-Amish”, parecido a cuando en los pueblos de Latinoamérica le pides a la comadre que te imprima el acta de nacimiento en su cibercafé.
Un dato curioso que compartió un comentarista: “Mi mamá, ya de 83 años, gana un dinerito imprimiendo, llamando y pidiendo cosas por internet para los Amish”. ¡El ingenio no tiene fronteras!
Humor rural: cuando la realidad supera la ficción
Las anécdotas no se hicieron esperar. Desde Amish que dan el número de la comunidad (“pues si suena, seguro es algo grave”), hasta quienes, con toda cortesía, contestan con bromas: “¿Correo electrónico? Claro, pero te llegará a caballo en cinco días”. Imposible no imaginar a los abuelos de nuestros pueblos, que aún mandan cartas o esperan noticias por la radio comunitaria.
Un usuario bromeó: “¿Le mando la recompensa por fax?” y otro, con humor muy gringo pero que todos entendemos, dijo: “Parchment enviado en lechuza, como en Harry Potter, ¡ese es el futuro!” Así, la historia de la hija de Responsible_Bill_513 se transformó en una especie de sketch de comedia rural, donde la tecnología y la tradición se encuentran… y ninguno sale ganando, pero todos se divierten.
¿Moraleja? La empatía y la risa son universales
La historia nos recuerda a todos que, a veces, cumplir órdenes al pie de la letra (el famoso “malicious compliance” gringo) puede llevar a situaciones tan absurdas como divertidas. En Latinoamérica, donde convivimos en la misma cuadra con el que vende tamales en bici y el que tiene el último iPhone, nos reímos porque entendemos lo que es vivir entre dos mundos.
Y si algo nos une, es la capacidad de reírnos de nosotros mismos y de las ocurrencias del día a día. Como bien dijeron varios en los comentarios, a veces hay que seguir la corriente y preguntar, aunque sepas que la respuesta será una carcajada.
¿Tú qué harías si tu jefe te pide una meta imposible? ¿Tienes alguna anécdota similar, de esas que solo pasan cuando la realidad supera la ficción? ¡Cuéntanos en los comentarios! Porque si algo nos sobra, son historias para reír… y buenos pretextos para compartirlas.
Publicación Original en Reddit: Sure, I'll ask everyone