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Cuando el microondas y el sentido común no hacen match: la historia de Kevin y el metal

Kevin intenta, de manera humorística, calentar un recipiente de metal para pizza en la sala de descanso de una fábrica, estilo anime.
En esta divertida representación al estilo anime, vemos a Kevin en el momento exacto de poner un recipiente de metal para pizza en el microondas. ¡Un clásico ejemplo de desastres laborales que generan risas y preocupación! ¿Cuál es tu opinión sobre este experimento culinario?

¿Alguna vez te has preguntado por qué en tantas oficinas de Latinoamérica hay letreros con advertencias que parecen tan evidentes como “No meter metal al microondas” o “No fumar dentro del almacén”? ¿Quién necesita que le digan eso? Pues, amigo lector, te presento a los "Kevins" del mundo laboral… Gente que, sin querer, ponen a prueba los límites de la lógica y la paciencia de los comités de seguridad.

Nada como llegar al trabajo esperando un día normal y toparte con tu compañero calentando su pizza... ¡en un recipiente metálico dentro del microondas! Esta es la historia de Kevin, el héroe accidental de las normas laborales, y del porqué existen instrucciones hasta en los productos más insospechados.

¿Por qué existen los letreros obvios? Spoiler: por personas como Kevin

En muchas oficinas y fábricas de Latinoamérica, los letreros de seguridad son tan comunes como el café de media tarde. “No meter líquidos al contacto con enchufes”, “No fumar en el baño”, o el clásico “No meter metal al microondas”. Pero, ¿de dónde salen estas advertencias? La respuesta es simple: de anécdotas como la de Kevin.

En el caso de nuestro protagonista, la historia comienza en una pequeña fábrica donde, entre químicos y cables, Kevin decidió calentar su pizza en un recipiente metálico. Y no, no era uno de esos modernos aptos para microondas; era el clásico tupper de metal que todos sabemos que NO va ahí. El compañero de Kevin, que además es parte del comité de seguridad, lo detuvo justo a tiempo, no solo evitando un posible incendio, sino también una visita no deseada al seguro social.

Un usuario en la discusión comentó, “Por eso el shampoo trae instrucciones”, y no puedo evitar reírme. Es cierto, hasta el producto más simple tiene que advertirnos cosas como “No ingerir” o “No lo use mientras duerme”. Al parecer, siempre hay un Kevin que pone a prueba el sentido común universal.

El “Efecto Kevin” y la cultura de los letreros en el trabajo

En Latinoamérica, todos conocemos a un Kevin. Puede que no se llame Kevin (quizás es un Juan, una Paola o un Luis), pero es esa persona que siempre encuentra una nueva forma de desafiar las normas básicas de la convivencia laboral. Como bien dijo otro comentarista: “Detrás de cada letrero en el trabajo, hay un Kevin (que no lo lee)”.

Así se explica por qué, después del incidente, apareció un flamante letrero sobre el microondas que dice: “Prohibido meter metal”. Y así como este, hay otros más ridículos: “No secar mascotas en la secadora”, “No usar la plancha bajo la lluvia” o incluso “No meter la mano en la licuadora mientras está prendida”. ¿Quién necesita que se lo digan? Pues los que, como Kevin, han desafiado el peligro y han sobrevivido para contarlo (y para que los demás aprendamos).

Un usuario muy ingenioso bromeó: “Cada vez que en el trabajo cambian el letrero a ‘Cero días sin accidentes’, seguro es culpa de un Kevin. Seguro también fue de los que metió un tenedor al enchufe.” Y es que, si no fuera por ellos, tal vez viviríamos en un mundo sin advertencias… ¡y con más accidentes!

¿Realmente es tan grave meter metal al microondas?

Tal vez algunos lectores estén pensando: “Pero yo he calentado comida en envases metálicos y no ha pasado nada”. Y sí, algunos recipientes de metal (especialmente los que son redondeados y sin bordes filosos) pueden pasar desapercibidos. Pero como explicó un usuario que fue chef profesional, la cosa puede ponerse fea rapidísimo: “Un compañero juraba que los microondas industriales sí aguantan el metal. Lo intentó y… chispas, humo y adiós microondas”.

El peligro no es solo para el aparato. En lugares donde hay químicos o gases inflamables (como la fábrica de Kevin), un chisporroteo puede terminar en tragedia. Y aquí es donde la responsabilidad del comité de seguridad es vital. Por eso, nuestro narrador terminó reportando el incidente a Recursos Humanos, y ahora todos tienen presente la regla… al menos, hasta que llegue el próximo Kevin.

¿Falta de sentido común o exceso de confianza?

Lo más curioso es que, según contó el propio narrador, Kevin ha hecho esto durante años. Y no es que no tuviera estudios, ¡hablaba tres idiomas! Pero como decimos en México, “el sentido común es el menos común de los sentidos”. Así que no importa cuántos diplomas tengas en la pared, siempre habrá alguien que necesite el recordatorio de no meter metal al microondas.

Para terminar, una anécdota de la comunidad que me hizo reír: una persona confesó que usó un plato de papel con detalles dorados en la oficina, pensando que era pintura y no metal. Resultado: ¡el plato se prendió fuego y fue la burla del mes! Así que, si alguna vez has cometido una “kevinada”, no te preocupes, todos estamos a una distracción de salir en los letreros de la empresa.

Conclusión: Todos llevamos un Kevin dentro (a veces)

La próxima vez que veas un letrero “obvio” en tu trabajo, recuerda que no está ahí porque sí. Tal vez fue por culpa de un Kevin, o por alguien que simplemente tuvo un mal día. Lo importante es aprender de estas historias, reírnos un poco y, sobre todo, no tentar a la suerte… ni al microondas.

¿Y tú? ¿Tienes historias de “kevins” en tu oficina o en tu familia? ¡Cuéntanos en los comentarios! No te olvides de compartir este artículo con ese amigo despistado que siempre está a punto de descubrir una nueva advertencia de seguridad.

¡Hasta la próxima, y que el sentido común nunca te falte!


Publicación Original en Reddit: Kevin puts metal in a microwave