Cuando el lobby del hotel se convirtió en cantina: mi noche de Año Nuevo con “Jack”
Si alguna vez pensaste que trabajar en la recepción de un hotel era aburrido, déjame contarte lo que viví durante mi primer Año Nuevo tras el mostrador. Yo era un novato, apenas aprendiendo a sobrevivir en el mundo adulto, y jamás imaginé que la vida me pondría frente a un concierto privado tan tragicómico como inolvidable. ¿Listo para reírte (o llorar) conmigo?
El debut de “Jack” y su guitarra desafinada
Era el 31 de diciembre del 2001 y, como buen “nuevo”, me tocó cubrir el turno de noche en el hotel económico de la cadena. “Suerte”, me dijo mi jefa entre risas al entregarme el horario. Yo, iluso, pensé que sería una noche tranquila. El hotel estaba lleno, pero la mayoría de los huéspedes habían salido a celebrar. Todo era paz… hasta que apareció Jack.
Jack, un señor cuarentón con cara de haber vivido mil historias y una guitarra más vieja que el propio hotel, bajó al lobby. Me pidió permiso para tocar un rato, según él, para no molestar a los demás. Yo, ingenuo y con ganas de quedar bien, acepté. Al principio todo bien, dos o tres canciones tranquilas. Pero media hora después, Jack regresó con una mochila de la que sacó una botella de Jack Daniels y un vasito. Ahí supe que la noche iba a ser larga.
Cuando el karaoke se convierte en telenovela… y en tragedia
La escena era digna de un capítulo de “El derecho de nacer”: Jack alternaba canciones desafinadas con tragos y lágrimas. Entre llanto y llanto, me confiaba que el amor de su vida lo había dejado y que ni las puestas de sol le sabían igual. No voy a mentir, hubo un momento en que yo quería esconderme en el carrito de toallas o pedirle a la Virgen de Guadalupe que me rescatara.
Intenté buscar ayuda llamando a la recepción del hotel vecino, pero su consejo fue ofrecerle refresco y hielo para el whisky (a la mexicana, pues). Mi supervisora no contestaba. Mientras tanto, Jack aumentaba el volumen y la intensidad de sus canciones, que sonaban peor que el himno nacional en la voz de cualquier famoso desafinado. Como diría un comentarista del post original: “Los borrachos tristes son una raza especial”. Y vaya que lo comprobé.
El clímax: guitarrazo, drama y final de telenovela
Cerca de las 9:45, casi sin whisky y sin repertorio, Jack se despidió con una reverencia torpe, agradeciéndome por ser su “público”. Apenas salió, cerré la puerta con seguro, como mandaba el reglamento. Pero la paz duró poco: Jack regresó, furioso y llorando, porque no podía entrar a su habitación. Por protocolo, le pedí su identificación por el intercomunicador. No la tenía, pero sí muchas ganas de gritar y hasta de insultarme como si yo fuera la ex que lo abandonó.
Justo cuando pensaba que la cosa no podía empeorar, mi supervisora por fin devolvió la llamada. Al explicarle la situación, me ordenó que no lo dejara entrar y que marcara al 911. Ella llegó antes que la policía y, para rematar la tragicomedia, vio a Jack intentar golpear la puerta con la guitarra… solo para perder el equilibrio y aterrizar de cara en el suelo. Digno de meme.
Lo que nadie te cuenta de la hotelería: bromas pesadas, empatía y lecciones que duran
Al final, los policías se llevaron a Jack, y mi jefa me confesó, entre disculpas, que este personaje era una tradición anual: cada Año Nuevo, el pobre hombre armaba su propio concierto de despecho. Era una especie de “rito de iniciación” poner al novato con Jack, aunque ese año, él se había pasado de la raya.
Algunos comentarios del post original lo dijeron claro: “¿Y esto es una profesión?” o “Qué forma tan cruel de recibir a los nuevos”. Y sí, la verdad es que hay bromas y “bautizos” laborales que cruzan la línea. Otros usuarios reflexionaron sobre los borrachos tristes: que en el fondo, el alcohol les da permiso para mostrar una tristeza que la cultura muchas veces les obliga a esconder. Algo que, seamos honestos, también pasa en nuestros países: el tío que llora en la fiesta, el amigo que se le suelta la lengua con unos tequilas de más… Todos conocemos un Jack.
Conclusión: ¿Quién no tiene un “Jack” en su vida?
Jack fue vetado del hotel, y su “show” de Año Nuevo pasó a la historia. Pero esa noche me dejó varias lecciones: que la hotelería es mucho más que sonrisas y check-ins; que todos llevamos heridas que a veces explotan en el peor momento; y que la empatía, aunque parezca imposible en pleno caos, siempre suma.
Y tú, ¿has vivido alguna anécdota así en tu trabajo o con un cliente inolvidable? ¿Qué harías si te tocara un Jack en tu noche de guardia? Cuéntamelo en los comentarios y hagamos catarsis juntos. ¡Salud por las historias que nos unen y nos hacen reír… aunque sea después de llorar!
Publicación Original en Reddit: I Wanna Rock 'n' Roll All Night