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Cuando el Kevin del cine terminó naranja y regresó como si nada: una tragicomedia laboral

Kevin en el cine, rodeado de palomitas y cayendo por las escaleras, un momento caótico del cine.
En esta instantánea cinematográfica, se despliegan las desventuras de Kevin en el cine: palomitas volando y una caída inesperada. ¡Sumérgete en la divertida historia de cómo un poco de caos trajo grandes sorpresas!

¿Quién no ha tenido un compañero de trabajo tan despistado que parece sacado de una comedia? En todas partes del mundo existe ese personaje que convierte cualquier día normal en una anécdota digna de contar en la sobremesa. Pero hay quienes llevan el título de “Kevin” al siguiente nivel… y esta historia de cine, literal y figurativamente, es la prueba viviente.

Hoy te traigo una de esas historias que parecen inventadas, pero que sucedió en un cine cualquiera, en algún lugar del mundo. ¿Listo para reírte y pensar “por eso no trabajo en cines”? ¡Saca las palomitas!

El Kevin del cine: cuando las palomitas son más peligrosas que la película de terror

En Latinoamérica, todos hemos pasado alguna vez por la magia de un cine: la fila eterna, el olor a palomitas (popcorn), el refreso gigante y claro, el clásico que te atiende en la dulcería. Ahora imagina que ese chico, en vez de darte tu combo, protagoniza un show digno de “La Rosa de Guadalupe”, pero versión comedia.

Resulta que nuestro protagonista, apodado Kevin (nombre universal para los despistados gracias a los memes gringos), tenía un talento especial para meterse en problemas. En el cine donde trabajaba, las palomitas se preparan con dos ingredientes clave: flavacol (una sal anaranjada super intensa que les da ese sabor adictivo) y aceite sabor mantequilla. Nada del otro mundo, ¿verdad? Pues para Kevin, sí.

El tipo decidió que era buena idea cargar dos bidones enormes de flavacol y aceite al mismo tiempo. Pero no contento con eso, intentó saltar tres escalones con ellos. Resultado: se tropezó, se cayó y terminó bañado en una mezcla pegajosa y naranja, como si fuera una botarga de Oompa Loompa de “Charlie y la fábrica de chocolate”. Los recipientes reventados, el piso hecho un desastre y el jefe con cara de “esto no puede ser real”. Obviamente, lo despidieron en ese instante. ¡Ni en la mejor telenovela mexicana!

El regreso del Kevin: más naranja que nunca

Aquí uno pensaría que la historia termina. Pero no, porque el genio de Kevin decidió regresar al día siguiente y fingir que seguía trabajando. ¡Así, sin más! Como si nadie notara que tenía la cara, los brazos y las manos teñidas de naranja gracias al flavacol y el aceite. Imposible pasar desapercibido, parecía salido de una fiesta de disfraces. El jefe, los compañeros y hasta los clientes lo miraban como si estuvieran viendo un episodio de “Vecinos”.

Este momento fue tan absurdo que la comunidad de Reddit, donde se contó la historia, lo comparó con el famoso George Costanza de “Seinfeld”, ese personaje que hace todo mal pero igual sigue intentando. Un usuario bromeó diciendo que imaginaba a todos los “Kevins” juntos en un corral, chocando entre sí como vacas despistadas, mientras otro lo llevó más lejos y los comparó con la guardería de Jerrys de “Rick and Morty”. ¡Cualquier mexicano diría que es como una convención de “Chavos del Ocho” en Acapulco!

Cuando los compañeros de trabajo se convierten en leyenda urbana

En nuestros países, siempre hay historias de trabajos donde uno termina diciendo “no puede ser que esto pase de verdad”. Así como el clásico que se duerme en la bodega, el que rompe la cafetera o el que se roba los bolígrafos, Kevin dejó huella. Literalmente, porque además de arruinar el almacén, logró romper un mingitorio (urinario) al caerse después de orinarse todo… porque, según él, “sería gracioso”.

El olor a mantequilla y flavacol quedó impregnado no solo en la ropa, sino en la memoria colectiva de quienes lo vieron. Un usuario comentó que trabajar en el cine ya era suficiente castigo por el olor, pero terminar bañado en esa mezcla era “el infierno”. Y sí, seguro todos en Latinoamérica conocemos el típico aroma persistente a comida rápida pegada en la ropa después de un turno largo.

¿Por qué nos encantan las historias de Kevins?

Quizá porque todos, en algún momento, hemos tenido un compañero así… o hemos sido un poco Kevin en la vida. Las redes sociales se llenan de estos relatos porque nos permiten reírnos de lo absurdo, compartir la frustración y, sobre todo, sentirnos un poco menos solos en el caos laboral.

En esta historia, los comentarios de la comunidad no tienen desperdicio: algunos sueñan con poner a todos los Kevins en una “casa de Sims” sin puerta para ver qué pasa, otros imaginan que de tanto flavacol Kevin terminó con el tono de piel de cierto político famoso (y hasta lo apodaron “Kevin Trump”). Y sí, aunque el cine ya no sea el mismo sin su personaje, nadie lo extraña… pero todos recuerdan la anécdota.

Conclusión: Todos llevamos un Kevin dentro (pero que no se note tanto)

Así es la vida laboral en cualquier parte de Latinoamérica: un poco de drama, mucho de comedia y personajes que se vuelven leyenda urbana. Si tienes un compañero Kevin, cuídalo… o mejor, ¡cuídate de él! Y si tú eres el Kevin, al menos asegúrate de no terminar naranja y regresando al trabajo como si nada.

¿Tienes alguna anécdota con un compañero tan despistado como este? Cuéntala en los comentarios y sigamos riéndonos juntos de las locuras del mundo laboral. Porque, al final, todos necesitamos un poco de humor (y menos flavacol) en la vida.


Publicación Original en Reddit: Kevin got fired for wasting popcorn seasoning and falling down stairs… then showed up again