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Cuando el karma sube escaleras: La pequeña venganza contra el repartidor flojo

Pareja recibiendo un envío de DHL en las escaleras, mostrando emoción y anticipación por un regalo especial.
Una representación fotorrealista de una pareja esperando con entusiasmo su entrega de DHL, reflejando la alegría de las sorpresas pensadas. ¡Ideal para quienes valoran esos pequeños momentos que hacen la vida especial!

Todos hemos esperado algún paquete especial con ansias: ese regalo para alguien querido, el gadget que tanto soñaste, o, como en esta historia, una prenda para consentir a tu pareja en un mal momento. Pero, ¿qué pasa cuando el destino (y la flojera ajena) conspiran para arruinar ese momento de felicidad? Agárrate, porque esta historia es tan real como la lucha diaria de los que vivimos en edificios sin ascensor.

El paquete que nunca llegó… al menos no como debía

La historia comienza como cualquier día de entrega. Nuestro protagonista, llamémosle Diego, estaba pendiente de un envío de DHL. Nada fuera de lo normal: el rastreo decía que llegaría entre la 1 y las 3 de la tarde, así que planeó su día para estar en casa, listo para recibir el paquete. Incluso, se dio tiempo para echarse una ducha rápida antes de la llegada del repartidor.

Pero, como todo mexicano (y latino) sabe, la puntualidad de los repartidores es tan incierta como la de los camiones urbanos. El timbre sonó antes de lo previsto. Diego, aún mojado y en bata, corrió a abrir y esperó… y esperó… y esperó. Nada. Ni un toquido, ni un “¡envío!” ni el ya clásico “Buenas, traigo un paquete”. Solo el silencio y, minutos después, un mensaje en el celular: “No pudimos entregar el paquete porque no estaba en casa”.

Aquí es cuando a cualquiera se le sube la presión. Diego bajó corriendo, en sandalias y con el cabello chorreando, solo para ver que el camión de DHL ya se había esfumado. Llamó al centro de atención y, para sorpresa de todos, le contestó una persona amable (¡milagro!). Pero el daño ya estaba hecho: el paquete no se entregó y la razón era tan absurda como frustrante.

Cuando la flojera pesa más que el paquete

Ahora, aquí viene el chisme bueno. El edificio donde vive Diego es de esos típicos de ciudad grande: departamentos por todos lados y, como buena construcción antigua, el elevador decidió tomarse unas vacaciones justo ese día. ¿El resultado? El repartidor vio las escaleras y pensó: “¿Subir tres pisos? Mejor no, qué flojera”. Así, sin más, dio media vuelta y se fue.

La esposa de Diego, quien esperaba el regalo con ilusión después de unas semanas difíciles, quedó decepcionada. Y, para ser honestos, ¿quién no se molestaría? Porque una cosa es entender que el trabajo de repartidor es pesado (y vaya que lo es, como comentó un ex repartidor en Reddit: “A veces te presionan tanto que algunos marcan entregas como fallidas solo para cumplir con el tiempo, aunque el cliente sí esté”), pero otra muy distinta es ni siquiera intentar tocar la puerta o avisar.

Aquí entra la “venganza chiquita” que le da sabor latino a la historia: Diego preguntó entre los vecinos quién podía recibir el paquete al día siguiente. Encontró a alguien, pero no en el tercer piso… ¡sino en el octavo! Y management ya había advertido que el elevador seguiría fuera de servicio hasta la próxima semana. Así que, si el repartidor no quiso subir dos pisos, ahora tendría que enfrentarse a seis pisos extra.

Como decimos en México, “el que no quiera caldo, dos tazas”.

Entre la empatía y el coraje: ¿quién tiene la razón?

En los comentarios de Reddit, la discusión se puso buena. Muchos usuarios compartieron historias similares: paquetes marcados como “no entregados” cuando en realidad estaban en casa, repartidores que ni siquiera se bajan del camión, o que dejan muebles en charcos porque “estaba muy pesado”. Hay quienes dicen que es culpa de las empresas que presionan a los repartidores; otros, que es simple flojera.

Un comentario destacó algo muy cierto: “Entiendo que el trabajo de repartidor es duro y mal pagado, pero si no tienes ganas de subir escaleras, al menos ten la cortesía de avisar. Uno también tiene cosas que hacer y espera algo importante”. Y no falta quien, con humor muy latino, sugiere poner cartulinas en la puerta: “¡Estoy en casa! ¡DHL, no te vayas sin entregar mi paquete!”

Por supuesto, también hubo quien defendió al repartidor: “Quizás tenía dolor de espalda, o simplemente estaba harto. La culpa es del sistema, no de la persona”. Y sí, nadie niega que las condiciones laborales muchas veces son injustas, pero ¿eso justifica dejar a un cliente esperando, sin siquiera avisar?

El saborcito de la venganza pequeña (y la lección para todos)

Al final, la anécdota no es solo una queja más contra las paqueterías. Es un recordatorio de que, en la vida de departamento, todos jugamos un papel: el vecino que recibe paquetes, el conserje que lidia con repartidores apurados, el de la administración que manda los avisos… y, claro, los repartidores que hacen magia para entregar cientos de paquetes al día.

Pero también es una invitación a la empatía y al sentido común. Si no puedes subir las escaleras, dilo. Si estás esperando algo importante, ten paciencia… pero también exige lo justo. Y si algún día te toca subir ocho pisos por una pequeña venganza, tómatelo con humor. Porque en Latinoamérica, si algo nos sobra, es ingenio para sacarle una sonrisa hasta a las historias más frustrantes.

¿Y tú? ¿Hasta dónde subirías por un paquete? Cuéntanos tu historia en los comentarios. ¡Aquí todos hemos tenido una batalla contra el repartidor flojo!


Publicación Original en Reddit: Don't want to do two flights of stairs? Enjoy six.