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Cuando el jefe se pasa de listo y el café se queda sin baristas: la venganza pasivo-agresiva que todos soñamos

Acogedora cafetería dentro de una librería, donde se entrelazan recuerdos y amistades de la secundaria.
Un vistazo cinematográfico a mis días de secundaria, donde equilibraba la preparación de café y la organización de libros en un café acogedor. Más que un trabajo, era un lugar lleno de risas, amistades y momentos inolvidables.

¿Cuántas veces en la vida laboral no hemos deseado, aunque sea por un ratito, aplicar el famoso “me lo pidió el jefe” para dejar que las absurdas reglas caigan por su propio peso? Hoy te traigo una historia real, de esas que suceden en el trabajo y que podrías contarle a tu mejor amigo mientras se toman un café (o un mate, según el país). Prepárate para reír, indignarte y, por qué no, imaginarte en los zapatos del protagonista.

Un café, una librería y un jefe con ínfulas de villano de novela

Todo comenzó en la época de prepa (o secundaria, según el país) de nuestro protagonista, quien consiguió un trabajo en un café dentro de una librería, algo así como trabajar en una sucursal de Gandhi o El Sótano, pero con el plus de preparar cappuccinos y conversar con los lectores. Al principio, la vida era miel sobre hojuelas: la jefa era buena onda, ayudaba a limpiar, escuchaba a los empleados y, sobre todo, entendía que el trabajo en equipo es la clave para sobrevivir el ajetreo de los sábados.

Pero como en toda historia latinoamericana que se respete, la suerte no dura para siempre. La jefa se muda y recomienda a uno de sus muchachos para ocupar su puesto. Aquí es donde entra en escena Shaun, ese tipo de gerente que parece haber salido de una telenovela: dramático, egocéntrico y más enfocado en el chisme que en el café. El ambiente cambia, la buena vibra desaparece y el equipo empieza a sentir que, entre más “rey” se siente el jefe, más pesado se vuelve el turno.

“No quiero verte atrás del mostrador”: la orden que desató el caos

Una noche, Shaun escucha a nuestro protagonista y a otro compañero hablando de cómo las cosas ya no son lo mismo. No lo insultan, sólo extrañan el ambiente relajado de antes. Pero Shaun, fiel a su estilo de villano de novela, decide tomar represalias… a su manera.

Llega el sábado, ese día que en cualquier centro comercial latinoamericano significa filas eternas, familias buscando café para aguantar las compras y el equipo corriendo de un lado a otro. Shaun se acerca con toda la solemnidad del mundo y le suelta: “Hoy no quiero verte preparando bebidas. Ni te acerques al mostrador. Solo limpia mesas, el piso, bota la basura, lo que sea, pero no toques la cafetera”. Imagínate la cara del protagonista, pensando “¿en serio?”, pero como buen trabajador, cumple al pie de la letra —lo que en internet llaman “malicious compliance”, o sea, hacer exactamente lo que te piden aunque sea absurdo y cause desastre.

Filas infinitas, clientes furiosos y una lección que nunca olvidarán

¿El resultado? A las 9 de la mañana ya había filas, para las 11 la cosa era un mar de gente esperando por su café, y los pocos empleados detrás del mostrador no daban abasto. Los clientes, como buenos latinoamericanos, no se quedaron callados:

—¿Por qué no ayudas allá atrás, joven? —Mi jefe dijo que hoy no puedo preparar bebidas, lo siento. Si quiere reclamar, ahí está la oficina.

Aquí es donde la historia se pone buena. Uno de los comentarios más populares en Reddit (adaptado al español, claro) sugería: “¡Deberías haberles dicho el nombre de Shaun, cómo se escribe y hasta el teléfono del supervisor para que le dejaran su queja!”. Da risa porque, seamos honestos, todos conocemos a una tía que no duda en pedir el libro de reclamaciones hasta por el café frío.

Los clientes se desesperan, algunos se van sin comprar, las propinas bajan y Shaun… bien gracias, en la oficina. El protagonista, mientras tanto, limpia mesas y repone revistas con una sonrisa traviesa, disfrutando cada vez que alguien se queja por la espera. Porque, al final, está haciendo exactamente lo que le pidieron, ni más ni menos.

Reflexiones y moralejas al estilo latino

Muchos en la comunidad de Reddit preguntaron: “¿Y luego qué pasó? ¿Despidieron a Shaun? ¿Le cayó el veinte?”. Lamentablemente, el relato original no especifica el desenlace, pero la lección queda clara: cuando un jefe pierde el piso y olvida que el trabajo en equipo es lo que mantiene a flote cualquier negocio, termina cosechando lo que siembra.

Otros usuarios bromearon diciendo que esto es más una historia para “cuentos de tu mesero” que para el subreddit de “cumplimiento malicioso”, pero la verdad es que todos hemos soñado con aplicar una venganza tan pasivo-agresiva en el trabajo. Además, ¿quién no ha visto cómo una simple orden absurda puede poner en jaque a toda la operación?

Y es que, en Latinoamérica, las historias de jefes autoritarios abundan: desde el gerente que cree que el uniforme lo hace infalible, hasta el supervisor que prefiere esconderse en la oficina cuando todo arde. Pero también abundan los empleados ingeniosos, esos que saben que a veces la mejor respuesta es hacer justo lo que dice la regla… aunque el mundo se caiga a pedazos.

¿Te ha pasado algo así? ¡Cuéntanos!

¿Alguna vez te tocó un jefe Shaun en tu chamba? ¿Aplicaste el “me lo pidió el jefe” para que viera lo absurdo de sus órdenes? Déjalo en los comentarios, comparte esta historia con tu amigo que trabaja en cafeterías o librerías, y recuerda: a veces la mejor justicia es dejar que las órdenes sin sentido hablen por sí solas.

¿Y tú? ¿Qué hubieras hecho? ¿Te hubieras quedado callado o les hubieras dado el nombre y apellido del jefe a los clientes furiosos? Nos leemos en los comentarios, ¡y que nunca te falte un buen café (o mate) para sobrellevar a los jefes Shaun de la vida!


Publicación Original en Reddit: Just remembered a story from my high school job