Cuando el jefe roba tus horas... y tú le devuelves el “favor” desde la comodidad del descanso
¿Alguna vez sentiste que tu jefe te estaba viendo la cara y robando horas de tu trabajo? Bueno, prepárate para conocer la historia de un empleado que decidió cobrar venganza… pero no como lo imaginas. En vez de armar un escándalo o ir a la junta de conciliación y arbitraje, hizo algo mucho más sutil: le regresó el “favor” a su patrón a su manera, con una mezcla de flojera, astucia y ese ingenio tan latino que a veces solo entendemos nosotros.
Imagina esto: trabajar en una guardería canina, lidiando con perros traviesos, clientes exigentes y un jefe que nunca aparece, pero que sí se las ingenia para descontarte media hora de sueldo diario mientras sigues chambeando. Suena familiar, ¿no? Pues aquí empieza la venganza más tranquila (y sabrosa) que verás hoy.
El robo invisible: cuando el jefe “ahorra” a costa de tus tacos
En muchos países de Latinoamérica, el tema de las horas extras y los descansos es una pelea de todos los días. Sabes que te toca tu hora de comida, pero tu jefe te pide “quédate pendiente del teléfono” o “si llega un cliente, atiéndelo”. Y claro, esa media hora que perdiste, nadie te la paga. Así le pasó a nuestro protagonista, quien durante cinco años trabajó jornadas de 10 horas y media… pero solo le pagaban 10. El jefe descontaba 30 minutos de “almuerzo” que en realidad nunca existió.
Como dice un usuario en los comentarios, “no puedo creer que te explotaba tanto y ni siquiera estaba presente”. Y es que el dueño solo aparecía a lo lejos: llegaba los viernes a pagar las cuentas y de vez en cuando llamaba para preguntar si todo seguía bien. Mientras tanto, el trabajo real quedaba en manos del equipo.
Pero, ¿te imaginas cuántos pesos (o dólares) se fue ahorrando ese jefe en cinco años de “robar” media hora cada día a varios empleados? Un comentarista hizo la cuenta: si alguien gana $10 la hora, y le descuentan media hora diaria durante 5 años, ¡son más de $6,000 dólares robados! Y eso solo por empleado. Aquí en México, Colombia o Argentina, eso equivale a varios meses de renta y despensa.
La venganza pasiva: el arte de “descansar” sin que el jefe se entere
Ahora viene lo sabroso. Cuando nuestro amigo fue ascendido a jefe de turno, decidió poner en práctica la ley del hielo… laboral. Si el jefe nos roba media hora, pues yo le robo dos horas de descanso. Así que organizó la rutina: dos horas de comida, una hora de descanso en la mañana, otra en la tarde, y en los días flojos, a echar la flojera y jugar con los perros. Lo mejor: el trabajo seguía saliendo, los clientes estaban contentos y nadie se enteraba.
Alguien en Reddit lo resumió perfecto: “Le diste exactamente lo que te pagaba”. Y es que, en Latinoamérica, todos conocemos ese dicho: “El que no transa, no avanza”, aunque aquí la transa fue más bien un “me las cobro en silencio”. Otro usuario lo aplaudió: “¡Me encanta esta historia! Venganza justa”.
Y para quienes pensaron que los perritos sufrían, el propio autor aclaró: “Jugábamos con los perros; si no encontrabas a alguien, seguro estaba acariciando a un perro en su jaula”. Así que ni los peludos se quejaron.
¿Venganza o resignación? Lo que la comunidad opinó
Muchos en los comentarios debatieron si esto era realmente una venganza o simplemente flojera institucionalizada. Hubo quien dijo: “Eso no es venganza, solo te resignaste a que te robaran”. Otros opinan que la verdadera revancha habría sido denunciar al jefe ante la Secretaría del Trabajo, como solemos hacer cuando nos toca un patrón gandalla. “Aquí en mi país, si haces la denuncia y lo pruebas, hasta te pagan intereses y una lanita extra”, comentó un internauta.
Pero el protagonista fue sincero: prefería tener un trabajo donde podía rascarse la panza un rato, usar el celular y, mientras tanto, cumplir con lo esencial. Como decimos aquí, “si el jefe no se da cuenta, no hay delito”.
Eso sí, la historia termina con una lección amarga: el jefe prometió seguro médico y, cuando llegó el momento, se hizo el desaparecido. Resultado: renuncia inmediata y a buscar suerte en otro lado. En su nuevo trabajo, nuestro protagonista aplicó la misma técnica: hace todo rapidito y el resto de la jornada, a descansar. “Es una lección que llevo a cualquier lado”, dice. ¿Quién no ha hecho eso en una oficina de gobierno o en algún banco?
Reflexiones finales: ¿justicia poética o ciclo vicioso?
Esta historia nos deja pensando en cómo, en muchos lugares de Latinoamérica, el abuso laboral es una realidad tan común que hasta aprendemos a sobrevivirle con creatividad. No siempre se trata de grandes batallas, sino de pequeñas venganzas diarias: un cafecito extra, una siesta escondida, o ese rato de plática con los compañeros mientras el jefe ni se entera.
Al final, como dijo un comentarista con humor: “Cuando empieces un trabajo nuevo, nunca des el 100%. Tu 60% es tu 100. Y si un día quieres quedar bien, súbele a 75%”. Porque, en el fondo, sabemos que la justicia en el trabajo rara vez cae del cielo… pero al menos nos queda la satisfacción de darle la vuelta a la tortilla a nuestro modo.
¿Tú qué hubieras hecho en su lugar? ¿Denuncias, te aguantas, o buscas tu propia forma de venganza laboral? Cuéntanos tu historia, que aquí todos tenemos un jefe pasado de lanza que nos hizo aprender a descansar con estilo.
Publicación Original en Reddit: my employer stole from us every shift, but I kept my mouth shut