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Cuando el jefe quiso hundirlo… ¡y terminó quemándose solo!

¿Alguna vez has tenido ese jefe que parece que solo está esperando a verte tropezar? Ese que, si algo sale mal, te señala con el dedo, pero si algo sale bien, se cuelga la medalla. Bueno, pues la historia de hoy es la venganza dulce que muchos hemos soñado en la oficina: la de un empleado que, con astucia y mucha paciencia, convirtió una trampa en la oportunidad de su vida… y mandó a su jefe directo a la lona.

Siéntate con tu café o tu mate, porque esto se va a poner bueno.

La clásica: jefe tóxico buscando culpables

Hace casi 30 años, nuestro protagonista trabajaba para una gran empresa automotriz en Estados Unidos, en el área de planeación de productos. Era un puesto junior, de esos donde tienes que remarla fuerte para que te tomen en serio. Su jefe, de esos que en Latinoamérica llamamos “jefes mochila” porque te cargan con todo el trabajo y encima les pesa, era famoso por su dureza y su habilidad para culpar a los demás por sus errores. Si algo salía bien, era gracias a él; si salía mal, seguro alguien del equipo la regó.

Un viernes por la tarde (sí, la peor hora para cualquier encargo urgente), el jefe le tiró encima la responsabilidad de enviar un lote de llantas y rines a Europa para una sesión de fotos que sería el lunes. Lo curioso es que, semanas antes, el jefe le había negado el permiso para viajar a ese evento. Todo indicaba que esto era una jugada para hacerlo quedar mal, confiando en que sería imposible cumplir.

Cuando nuestro héroe preguntó cómo se suponía que iba a lograr ese milagro logístico en tan poco tiempo, el jefe solo dijo: “Hazlo y no me molestes con los detalles. Y después, trae de vuelta todo lo más pronto posible”. Aquí es donde entra la famosa “obediencia maliciosa” (o como decimos por acá, “cumplir al pie de la letra… pero con truco”).

Ingenio latino: Si quieres que algo salga bien, hazlo tú mismo

En vez de dejarse vencer, el protagonista se puso creativo. Reservó un vuelo a Europa y decidió llevar las llantas y rines como equipaje sobredimensionado. A su llegada, rentó una van, recogió todo y lo llevó personalmente al lugar de la sesión de fotos. No solo cumplió la misión, sino que se quedó los dos días del evento, se aseguró de que todo saliera perfecto y luego regresó con el mismo equipaje a Estados Unidos.

Como decimos en muchos países: “El que quiere, puede”. Y vaya que lo demostró.

Pero aquí viene la mejor parte: los ejecutivos que estaban en el evento quedaron tan impresionados con su dedicación que le mandaron una nota de agradecimiento a su jefe (sí, al mismo que lo quería hundir). Como comentó un usuario en Reddit, “la intención del jefe no tuvo nada que ver con el resultado”, y otro resumió con humor: “El jefe quiso dejarlo mal, pero terminó con la carrera ‘pinchada’”.

Cuando el karma llega con maleta de sobrepeso

El jefe, por supuesto, se puso furioso. Pero, ¿qué podía hacer? Tuvo que tragarse el orgullo y aparentar que todo era parte de su plan. Sin embargo, la verdad siempre sale a flote. Poco después, el protagonista recibió una oferta para un puesto mucho mejor en el área de comunicaciones corporativas. El jefe intentó bloquear el ascenso, pero ya no tenía argumentos.

Cuatro meses después… ¡el jefe fue despedido! Resulta que, sin alguien a quien culpar, sus errores quedaron expuestos. Como bien dijo un comentarista: “Cuando tu punto de apoyo desaparece, tu carrera termina en llanta baja”.

Y para los que se preguntan por los costos de semejante odisea, varios usuarios aportaron datos curiosos: llevar equipo pesado como equipaje puede salir más barato que los envíos exprés. “En mi antiguo trabajo, mandar flores de Hawái a Cleveland era más barato y rápido si tú mismo las llevabas en el avión”, contó uno. Otro compartió que en Australia o Canadá las aerolíneas tienen divisiones de carga que resultan sorprendentemente accesibles. La lección: a veces, ser tu propio mensajero es la mejor estrategia.

Reflexión final: No subestimes el poder de hacer bien las cosas (ni el karma)

Esta historia es el sueño de cualquier empleado latinoamericano: cuando el jefe tóxico termina hundiéndose por su propia mala onda y el verdadero trabajador es reconocido. Nos recuerda que, aunque el camino no siempre es fácil, la perseverancia y la astucia pueden abrir puertas… y hacer justicia poética.

Y como bien dice el dicho: “Árbol que nace torcido, jamás su tronco endereza”. El jefe quiso manipular, pero la vida le dio una lección.

¿Te ha pasado algo parecido? ¿Has tenido ese jefe que quiere que te caigas, pero terminas triunfando? Cuéntanos tu historia en los comentarios y comparte este post con tus colegas. ¡Que no falte quien se inspire y le dé la vuelta a la tortilla en su trabajo!

¿Tienes alguna anécdota de “obediencia maliciosa” en la oficina? ¡Te leemos!


Publicación Original en Reddit: MC on boss lead to new job and him being fired