Cuando el jefe quiere que “fiches” por teléfono (y te sale el tiro por la culata)
¿Alguna vez has tenido un jefe que implementa reglas absurdas solo para sentir que tiene el control? Si trabajas en oficinas de Latinoamérica, sabes que la burocracia y los procesos sin sentido abundan como el café en la sala de descanso. Pero, ¿qué pasa cuando los empleados deciden jugar el mismo juego… pero con picardía? Hoy te traigo una historia real sobre cómo la “obediencia maliciosa” puede convertirse en el mejor acto de resistencia pasiva.
El fin del mundo (o casi): Proyectos Y2K y oficinas aburridas
Corría el año 2000, sí, la famosa época del “Y2K”. Mientras muchos pensaban que las computadoras iban a volverse locas y lanzar misiles nucleares solo porque cambiaba el milenio, la realidad era mucho más aburrida. En una pequeña oficina, cuatro técnicos (de un equipo original de 25) apenas tenían trabajo. Lo poco que hacían era entregar algún reporte y luego… pues, a jugar Duke Nukem y tomar mate, café o lo que se pudiera compartir en la oficina.
El horario era el clásico de oficina: lunes a viernes, de 8 a 5. Pero, como pasa en tantas empresas de la región, todos sabían que nadie revisaba realmente la hora de llegada. No había reloj checador, solo una hoja de Excel donde mágicamente siempre aparecían las 40 horas semanales, aunque a veces fueran 38. O sea, como en muchas empresas públicas o privadas por acá: “Haz como que trabajas y yo hago como que te pago”.
Llega la nueva jefa… y la burocracia telefónica
Pero la tranquilidad terminó cuando contrataron a una nueva gerente, que ni siquiera estaba en la misma ciudad. ¿Qué es lo primero que hace? Implementa una nueva regla: todos deben llamarla por teléfono cada mañana para “fichar” y confirmar que llegaron a la oficina. Ni control biométrico ni app, ¡un solo teléfono fijo para cuatro personas! Más surrealista que cualquier novela de Gabriel García Márquez.
Aquí es donde la cosa se pone divertida. Imagínate a los cuatro técnicos peleando por usar el único teléfono a las 8:00 am. El último siempre tenía que dejarle un mensaje de voz porque, adivina qué, la jefa tampoco llegaba antes de las 8. Así que cada día terminaban con mensajes grabados después de la hora, aunque estuvieran puntuales.
En la junta semanal, la jefa les reclama porque los mensajes llegan tarde. Los técnicos, con toda la calma del mundo, le explican que es su propio sistema el que no funciona. Pero la respuesta de la jefa es digna de un burócrata latinoamericano de alto nivel: “Ese es SU problema, no el mío. Tienen que fichar a tiempo”. Y como solución creativa propone que, si ya están todos, graben un solo mensaje y saluden juntos.
Obediencia maliciosa: la venganza del voicemail
Aquí es donde los muchachos deciden que si hay que cumplir, se cumple… ¡pero al pie de la letra y con todo el sarcasmo posible! Aprovechando que la grabadora de mensajes permitía hasta 90 segundos, cada día hacían un mensaje más largo y absurdo. Uno de ellos incluso citó a David Lee Roth de Van Halen: “No me siento impuntual”, y se pasó 90 segundos filosofando sobre la puntualidad… para que al final, los cuatro gritaran “¡Hola, estamos fichando!” justo antes de que se acabara el tiempo.
¿Te imaginas a la jefa, café en mano, escuchando minuto y medio de pura tontería solo para saber si llegaron? La historia recuerda a situaciones que muchos vivimos en oficinas de Latinoamérica, donde cumplir la regla es más importante que hacer el trabajo bien. Como comentó un usuario en Reddit (adaptado): “A veces los problemas más fáciles de resolver para un nuevo gerente son los que ellos mismos causan”.
La sabiduría de la comunidad: entre leyes y creatividad
La historia generó muchas risas y reflexiones en la comunidad. Algunos recordaron experiencias propias con jefes que querían controlar hasta el último minuto de la jornada, sin importar que los procesos fueran imposibles de cumplir. Un usuario compartió que, gracias a que su pareja era abogada laboral, pudo demostrarle a su jefe que no podían exigirle trabajar antes de la hora solo para esperar que la computadora arrancara (algo que en muchos países de Latinoamérica también sería ilegal).
Otros recordaron la eterna lucha entre la tecnología obsoleta y las exigencias modernas: “En mi oficina, las computadoras tardaban tanto en prender que me daba tiempo de prepararme un café y hasta leer los chismes del día antes de poder trabajar”. ¿Quién no ha vivido algo parecido?
Y claro, no faltó el toque de humor: “Deberían haber hecho un cuarteto musical para fichar, ¡más divertido y seguro que la jefa nunca lo olvidaría!”, comentó otro usuario. Porque en Latinoamérica, si algo nos sobra, es creatividad para darle la vuelta a los absurdos del día a día.
Conclusión: Cuando la picardía es la mejor estrategia
Al final, la jefa se cansó del circo y todo volvió a la “normalidad” de antes: cada quien llenaba su Excel y la vida seguía. Esta historia nos muestra que, en el fondo, la mejor manera de sobrevivir a la burocracia absurda es con ingenio, humor y, a veces, un poco de desobediencia creativa.
¿Te ha tocado lidiar con reglas absurdas en el trabajo? ¿Cuál ha sido tu “venganza” más memorable contra la burocracia? Cuéntanos tu historia en los comentarios y, si te gustó esta anécdota, compártela con ese amigo que siempre sabe cómo darle la vuelta a las reglas.
¡Hasta la próxima y que nunca falte el buen humor en la oficina!
Publicación Original en Reddit: Oh, you want us to call you when we get into the office?