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Cuando el jefe quiere el informe antes de tiempo (y se le olvida cómo funciona el tiempo)

Técnico de laboratorio estresado por el plazo anticipado de un informe con equipo de prueba al fondo.
En un laboratorio científico bullicioso, un técnico enfrenta la presión de cumplir con un plazo de informe anticipado. Esta imagen fotorrealista captura la tensión de equilibrar resultados puntuales con pruebas exhaustivas, reflejando los desafíos diarios de la comunidad científica.

¿Alguna vez te han pedido en el trabajo algo tan absurdo que solo puedes pensar: “¿Y por qué no me pides los resultados de mañana también, ya que estamos?” Pues justo eso le pasó a un grupo de laboratoristas, quienes, por seguir al pie de la letra las órdenes de su jefe administrativo, terminaron dándole una cucharada de su propia medicina... ¡y con datos faltantes!

En esta historia, que bien podría pasar en un laboratorio de cualquier país de Latinoamérica (donde el papeleo parece multiplicarse como gremlins y los jefes a menudo creen que la ciencia es como pedir una pizza exprés), veremos cómo la “obediencia maliciosa” puede volverse una poderosa herramienta para demostrar que las cosas no se pueden forzar… ni aunque seas el mero mero jefe.

El jefe de los jefes y su obsesión con el tiempo

En un laboratorio de análisis científico, el ritmo del día es casi sagrado: pruebas hasta las 2 de la tarde, informe completo, y todos a casa a eso de las 3:30. Pero el jefe del jefe (ese personaje administrativo que nunca pisa el laboratorio pero opina de todo) tenía otros planes. Un día, irrumpe en el laboratorio exigiendo: “¡Quiero el informe antes de las 11! ¡Así tengo tiempo de hacer cambios!” Eso sí, sin importarle que los experimentos ni siquiera han terminado para esa hora.

Uno podría pensar que esto es solo un caso más de “jefitis aguda”, esa enfermedad tan común en oficinas y laboratorios donde el jefe cree que solo por pedir las cosas más temprano, los resultados llegan mágicamente. Pero aquí la cosa se puso interesante, porque el laboratorista tuvo el tino de preguntarle: “Pero jefe, ¿qué datos van a faltar si lo hago a las 11?” Y el jefe, con toda la confianza del que nunca ha tocado una pipeta, responde: “¡Ah, eso no es importante!”

Eso sí, pidió que todo quedara por escrito (porque uno nunca sabe cuándo necesitará cubrirse las espaldas).

Cumpliendo órdenes… pero al pie de la letra

Así que, como buenos trabajadores meticulosos y obedientes, todo el laboratorio comenzó a entregar el informe a las 11 de la mañana, tal como lo pidió el jefe. Claro, con dos datos faltantes, porque, bueno, la física y la química no entienden de horarios de oficina. Como diríamos en México: “El que mucho abarca, poco aprieta”.

Durante todo un mes, el jefe recibió sus informes tempranito, felices todos… hasta que llegó el momento de armar el reporte mensual de cumplimiento. Y ahí, ¡sorpresa! Dos páginas completamente vacías. El jefe, confundido, buscó y buscó esos números. Pero, como nadie estaba ya en el laboratorio después de las 3:30, tuvo que quedarse hasta las 8 de la noche armando el rompecabezas de datos que él mismo había decidido ignorar.

Uno de los comentarios más populares en la comunidad lo resume perfecto: “Siempre me sorprende que los jefes crean que pedir datos ‘en tiempo real’ de procesos que siguen en curso tiene sentido. Es como pedir las ventas de mañana, hoy.” Otros usuarios contaron historias similares: desde heladerías donde la encargada buscaba copas de vidrio que estaban… ¡en uso por los clientes!, hasta pruebas de laboratorio que, por más que uno le meta prisa, simplemente no pueden acelerarse.

Entre la burocracia y la ciencia: ¿Quién gana?

En Latinoamérica, a veces la burocracia parece un personaje más en la oficina. Incluso hubo quien comentó: “¿Esto pasó en los años 90? ¡No, mejor aún, es gobierno!” Y sí, todo en papel, nada digital, porque modernizarse... ¡solo cuando se alinean los planetas!

El colmo fue que, tras el desastre del informe incompleto, el jefe no pidió volver al horario anterior. Ahora, los laboratoristas siguen haciendo el reporte a las 11, y completan los datos faltantes… un día después. O sea, doble trabajo para todos solo por seguir una instrucción absurda. Como diría cualquier trabajador enojado al estilo argentino: “¡Al final, el que paga los platos rotos soy yo!”

Otros lectores apuntaron algo muy cierto: “Cuando pides que te lo manden por escrito, es señal de que se viene la tormenta… pero los jefes nunca aprenden.” Y, tal como sucede en nuestras oficinas, la mejor manera de sobrevivir a las ocurrencias administrativas es documentar todo y, cuando se pueda, dejar que los errores hablen por sí solos.

Reflexión final: El tiempo no se puede domar (aunque el jefe crea que sí)

Esta historia, que bien podría ser anécdota de sobremesa en cualquier reunión de colegas en Bogotá, Lima, Buenos Aires o Ciudad de México, nos recuerda que en el trabajo hay procesos que no se pueden acelerar ni con la mejor de las intenciones administrativas. A veces, la mejor manera de mostrarlo es cumplir exactamente lo que piden… y dejar que la realidad les dé la lección.

¿Te ha pasado algo similar en tu chamba? ¿Algún jefe que cree que puede ganarle al reloj? Cuéntanos tu historia en los comentarios y, si te gustó este relato, ¡compártelo con ese compañero que siempre termina haciendo el informe a última hora!

Porque, al fin y al cabo, la ciencia y el tiempo tienen sus propias reglas… y ningún jefe, por más jefe que sea, puede cambiarlas de un plumazo.


Publicación Original en Reddit: I need this report earlier!