Cuando el jefe no quiere ser jefe: el arte de no asignar tareas (y el caos que provoca)
¿Alguna vez has tenido un jefe que parece alérgico a tomar decisiones? Seguro que sí. Es ese tipo de jefe que, en vez de dirigir, lanza tareas al aire como si repartiera piñatazos y espera que alguien, por arte de magia, se anime a recoger el palo. Así empieza nuestra historia, una lección de lo que pasa cuando el jefe prefiere evitar el conflicto... y termina ahogándose en su propio desorden.
Un jefe que no manda (y un equipo que ya se la sabe)
Imagina el escenario: estás en la oficina, suena el correo y ves que tu jefe ha enviado, una vez más, un mensaje grupal. “¿Quién quiere encargarse de este nuevo proyecto?” Claro, nadie responde porque ya todos aprendieron que, si contestas, seguramente terminas con más trabajo encima que una olla de tamales en el Día de la Candelaria.
El protagonista de esta historia, harto de esta dinámica, decide aplicar la clásica: si el jefe no asigna, yo tampoco me apunto. Pero, como buen jefe indeciso, el patrón lo busca personalmente y le dice que, en realidad, quería que él lo hiciera… pero que primero lo consultara con el compañero. ¡Ajá! El viejo truco de “pregunta a los demás, pero en realidad ya decidí”. Por supuesto, nadie responde al correo porque, como bien se sabe en muchas oficinas latinoamericanas, “el que responde, carga”.
Aquí entra la sabiduría de la comunidad de Reddit. Como comentó un usuario: “Tu jefe debería ganar el premio a Miss Gestión del año”. Otro lo resumió con picardía: “No puede dirigir ni una kermés de primaria”. Y es que en Latinoamérica todos conocemos a ese directivo que, por no incomodar a nadie, termina incomodando a todos.
El principio de Peter y la triste realidad del ascenso laboral
Lo curioso es que este fenómeno no es exclusivo de una sola cultura. Un comentarista mencionó el famoso “Principio de Peter”: las personas son promovidas hasta alcanzar su nivel de incompetencia. ¿Te suena familiar? Cuántas veces hemos visto al compañero más aplicado convertirse en jefe, solo para descubrir que ser buen trabajador no es lo mismo que ser buen líder.
Esto se ve tanto en multinacionales como en oficinas familiares. “Algunos negocios requieren que demuestres que ya trabajas a nivel de jefe antes de darte el puesto”, apuntó otro usuario. Pero en la vida real, muchas veces el ascenso es automático, y así terminamos con jefes que prefieren evadir la responsabilidad, como en esta historia, donde el jefe delega sin delegar, decide sin decidir y, al final, todos hacen lo mínimo necesario para sobrevivir.
Cuando nadie responde… y el jefe termina chambeando
La moraleja es clara: si el jefe no se pone los pantalones, el trabajo simplemente no se hace. El autor del post, cansado de cargar con todo, decide no mover un dedo hasta que alguien más dé el visto bueno. ¿El resultado? Silencio absoluto. Nadie quiere quedar atrapado en la telaraña de responsabilidades sin reconocimiento.
Al final, el jefe, desesperado, tiene que hacer él mismo el trabajo que tanto quiso evitar. En palabras de un comentarista: “No hay nada más satisfactorio que ver al que nunca hace nada, tener que hacer todo porque nadie le siguió el juego”. Es como cuando en la universidad nadie quiere ser el líder del equipo y, a la mera hora, el profe termina haciéndolo todo para salvar el semestre.
¿Liderazgo o desorden? La importancia de saber mandar
Esta anécdota es el reflejo de un mal muy común en Latinoamérica: los jefes “buena onda” que piensan que evitando el conflicto mantienen la armonía, cuando en realidad solo siembran el desorden. Como bien dijo alguien en el hilo: “Nunca he visto el puesto de ‘Sugestor’ en ninguna empresa”.
Ser jefe no es solo dar órdenes, pero tampoco es lavarse las manos. En nuestra cultura, donde muchas veces el “no te preocupes, yo lo hago” se convierte en el pan de cada día, es fundamental recordar que un buen líder debe saber cuándo ser flexible y cuándo poner límites claros.
Al final, como resumió otro usuario, “algunas veces la gente necesita que la ‘voluntemanden’”. Y sí, a veces hay que ser el aguafiestas que reparte tareas y exige resultados, porque si no, el trabajo se queda flotando como globo de feria.
Conclusión: ¿Y tú, qué tipo de jefe tienes?
¿Te identificaste con la historia? ¿Tienes un jefe que no manda ni en su propia agenda? O peor aún, ¿te ha tocado ser ese jefe que quiere quedar bien con todos, pero termina haciendo el trabajo de todos? Cuéntanos en los comentarios tus anécdotas de oficina, esos momentos en los que el “jefe” brilla… pero por su ausencia.
Recuerda: en el trabajo, como en el fútbol, alguien tiene que decidir quién patea el penalti. Si nadie se anima, el partido se pierde. Y tú, ¿eres de los que toma el balón o de los que espera a ver si alguien más lo recoge?
¡Déjanos tu historia y sigamos echando relajo con esas situaciones que solo se ven en las oficinas de Latinoamérica!
Publicación Original en Reddit: Emails and Permission