Cuando el jefe impone su horario y los clientes de California se quedan en visto: la curiosa venganza de una oficina en Nueva York
¿A quién no le ha tocado un jefe nuevo que llega con ideas “revolucionarias” y termina armando un enredo peor que la cola del IMSS? Así comenzó una historia en una agencia de medios de Nueva York donde, por querer imponer orden europeo, el CEO terminó recibiendo una cucharada de su propio chocolate… ¡y los clientes de California quedaron pintados!
Porque en Latinoamérica, como bien sabemos, el horario de oficina es casi un arte: que si la hora de la comida se alarga, que si el jefe dice una cosa pero todos saben que la chamba real empieza después del café… Y cuando alguien llega a querer cambiar las costumbres de jalón, las risas no faltan (aunque sean nerviosas).
De Nueva York a California: la distancia no solo es geográfica
La historia arranca en 2008, cuando aún ni soñábamos con el home office y mucho menos con el Zoom o el Teams. En una agencia de medios en Nueva York, el equipo tenía clientes en la soleada California, así que su rutina era adaptarse: llegaban a la oficina a las 10 de la mañana y salían a las 7 u 8 de la noche. Nada fuera de lo normal para quienes trabajan en agencias de publicidad, donde muchas veces se vive más en el trabajo que en la casa.
Pero de pronto, como caído del cielo (o más bien, del otro lado del Atlántico), llegó un nuevo CEO con mentalidad europea y ganas de poner orden. Ni tardo ni perezoso, decidió que todos debían entrar a las 8am y salir a las 5pm, sin importar si los clientes estaban todavía dormidos en el Pacífico. ¿Les suena familiar ese jefe que cree que solo por madrugar se trabaja mejor?
Malicia, cumplimiento… y una lección para los jefes despistados
Como buenos empleados, todos acataron la nueva regla al pie de la letra. “¿Quieres que trabajemos de 8 a 5? ¡Perfecto! Pero a las 5 nos vamos, y si los clientes de California marcan a las 6 de su hora… pues a esperar hasta el día siguiente.” Obvio, el teléfono no dejó de sonar y los correos empezaron a acumularse como tortillas en quincena.
En menos de dos semanas, el CEO tuvo que recular y quitar la regla. Los clientes del oeste estaban furiosos, y los de la agencia neoyorquina… felices de haber demostrado que las buenas costumbres laborales no se cambian nomás porque sí. Como diría cualquier latino: “Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente… ¡o el cliente!”
Uno de los comentarios más celebrados en la historia original de Reddit lo resume a la perfección: “Esto no era algo que necesitaba meses de análisis; una plática de cinco minutos hubiera bastado: ‘¿Por qué llegan tarde?’ ‘Porque nuestros clientes están en la costa oeste y salimos tarde.’ ‘¡Ah, ok!’”. Pero el CEO ni preguntó… y así le fue.
El choque de horarios: anécdotas que todos hemos vivido
En los comentarios, la gente compartió historias similares. Por ejemplo, un usuario contó cómo su compañero de la costa oeste agendó reuniones los viernes por la tarde (cuando en la costa este ya estaban pensando en la salida). ¿La solución? Le programó reuniones a las 5am de California los lunes. Al final, ambos entendieron que la venganza no lleva a ninguna parte… y que lo mejor es buscar acuerdos.
Otro usuario, con humor ácido, dijo: “A los británicos ni aunque les pagues los tienes en una reunión a las 9 de la noche”. ¡Cómo no imaginarse aquí en México a alguien diciendo “No, joven, yo a esa hora ya estoy cenando mi torta”!
Y por supuesto, no podía faltar el clásico consejo de abuelita, adaptado al mundo corporativo: “Nunca cambies nada en tus primeros 30 días, a menos que sea por seguridad”. Sabiduría pura, igual a la que escuchamos en la sobremesa dominical.
¿La moraleja? Antes de imponer, hay que observar y escuchar
Esta historia, aunque pasó en Nueva York, es universal y muy latina: muchas veces, los nuevos jefes llegan queriendo dejar su huella sin entender la cultura ni el contexto. Como bien dijo un comentario traducido al chilango: “Es básico en la escuela de negocios: observa antes de cambiar las reglas. Si no, terminas haciendo el oso”.
En América Latina, donde la flexibilidad y la adaptación son casi religión, este tipo de historias nos recuerdan el valor de “leer el cuarto” antes de abrir la boca. Cambiar horarios, procesos o costumbres sin entender el porqué puede dejar a todos (¡incluyendo a los clientes!) con cara de “¿y ahora quién podrá defendernos?”.
Conclusión: Si algún día llegan con jefe nuevo y quiere cambiar todo de un jalón, recuerden la historia de la agencia neoyorquina. A veces, el mejor compliance es seguir al pie de la letra… para que vean por qué las cosas se hacían así. Y si no, que le expliquen a los clientes en California, a ver si les gusta la idea.
¿Tú has vivido algo parecido en tu trabajo? ¿Qué harías si tu jefe impone reglas sin preguntar? ¡Cuéntanos tus anécdotas en los comentarios!
Publicación Original en Reddit: Management said we had to work 8am - 5pm (ET). So we did, and let them deal with explaining to our California clients why we weren't available.