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Cuando el jefe ausente te pide el doble… y el caos se sirve en la panadería

Una sección de panadería de café elegante y animada preparándose para un ajetreado Día de las Madres, exhibiendo pasteles frescos y pedidos.
En esta representación cinematográfica de un vibrante café elegante, la sección de panadería está llena de energía mientras se realizan los preparativos para el Día de las Madres, reflejando la presión y emoción de un supervisor gestionando un aumento en los pedidos.

¿Alguna vez tu jefe te ha dado una orden absurda que sabes que va a terminar en desastre? Si trabajas en Latinoamérica, seguro que sí. Y si no, al menos conoces a alguien que ha tenido que apechugar con las ideas “brillantes” de un jefe que ni por asomo sabe lo que pasa en el día a día. Hoy te traigo una historia que huele a pan recién horneado… y a coraje mal digerido.

Imagina que eres el encargado de la panadería de una cafetería elegante. Llevas años afinando la fórmula: pides la cantidad justa para no quedarte corto ni tirar producto. Todo va bien… hasta que llega la dueña, que no pisa el local ni una vez al mes, y te exige –¡con todo su poder ejecutivo!– que dobles la orden diaria justo después del Día de las Madres. ¿Te suena a receta para el desastre? Pues espera, porque la historia apenas comienza.

El “brillante” liderazgo ausente: Cuando el jefe ni sabe dónde queda la panadería

En muchos países de Latinoamérica, es común ver a dueños de negocios que creen que con tener dinero ya se ganaron derecho a opinar de todo… aunque no tengan ni idea. Tal como en esta historia: la dueña del café tenía cinco sucursales, pero la nuestra era la más lejana, y apenas la visitaba. Como buen jefe ausente, llegó después del evento más fuerte del año –el Día de las Madres, donde se triplican las ventas– y se espantó al ver la vitrina medio vacía.

Cuando el supervisor le explicó que eso era normal y había pedido menos para evitar tirar comida, la dueña, como buena “todóloga”, le ordenó que nunca más hiciera eso. Es más, que mejor DOBLARA la orden diaria. Ni escuchar consejos, ni importar la experiencia: “Tú obedece, que para eso mando yo”.

El pan que nadie se comió: Cuando la malicia es cumplir al pie de la letra

Aquí entra en juego ese delicioso concepto que en internet llaman “malicious compliance”: cumplir exactamente lo que te piden, aunque sepas que va a salir mal. Y claro, nuestro protagonista lo hizo. Ordenó el doble, aunque sabía que el lunes después de un gran evento siempre es flojo y la mitad del pan acabaría en la basura.

¿El resultado? Una montaña de pasteles y panecillos que nadie quiso, y un jefe molesto porque “se desperdicia mucho”. Uno de los comentarios más votados en la publicación lo dice así: “¿Así que casi te despiden por seguir las reglas que ella misma puso y hasta trataste de advertirle? No es buena dueña ni buena gerente”. Y aquí todos los que hemos trabajado en servicio pensamos lo mismo: ¡cuántas veces el jefe te hace caso sólo cuando ya es demasiado tarde!

Incluso el propio autor, [OP], lo dice: “De todos los empleados, sólo la asistente de gerencia la soportaba. Hasta el gerente quería renunciar”. Al final, la dueña quería despedirlo por hacer exactamente lo que ella mandó (¡vaya lógica!), pero el gerente la convenció de que aún lo necesitaban. Eso sí, lo degradaron: ya no podía pedir producto, sólo seguir trabajando en la sección, pero con menos responsabilidad y el mismo sueldo. Como decimos acá: “El que obedece no se equivoca… pero igual le va mal”.

Lecciones de panadería y liderazgo que no caben en la charola

Lo más trágico no fue el desperdicio ni el regaño. Fue ver cómo un equipo entero, que de verdad le echaba ganas, terminó desmotivado y se fue desmoronando como pan viejo. Cuando el gerente, el único al que todos respetaban, renunció para estudiar, la cafetería se fue en picada: ventas bajando, empleados renunciando, clientes de años que ya no regresaban.

Uno de los comentarios más acertados lo resume así: “Los empleados buenos se van con un mal jefe. Cuando tu buen jefe se va, todos los demás también”. Y es verdad: en Latinoamérica, la lealtad suele ser hacia el jefe inmediato, no hacia la empresa ni el dueño. Cuando el ambiente se vuelve tóxico, más vale buscar otro trabajo que quedarse a ver cómo se desmorona todo.

Otros lectores aportaron consejos tan sabios como simples: “Si el jefe te da una orden absurda, pide que te la dé por escrito. Así, cuando todo salga mal, tienes cómo defenderte”. O ese clásico: “Después de años, entendí que yo trabajaba como si fuera el dueño, y al final, el que se llevaba el coraje y el cansancio era yo”. Cuántos no hemos sentido esa frustración de hacer el trabajo bien, sin reconocimiento ni mejora.

Cuando el pan se enfría… y el ánimo también

Al final, nuestro protagonista se cambió a un restaurante cercano, con menos trabajo y mejor sueldo. Y aunque extrañó a sus clientes de las mañanas, disfrutó tener menos broncas y más tiempo libre. Los que quedaron atrás, cuentan, batallaron mucho tiempo para levantar el negocio. Porque, como bien dicen en México, “el que no escucha consejos, no llega a viejo… ni con la panadería llena”.

¿Moraleja? En Latinoamérica, como en todo el mundo, un mal jefe puede arruinar hasta el negocio más prometedor. La experiencia y el sentido común de los empleados valen oro, aunque algunos dueños crean que sólo con dinero y caprichos se saca adelante un negocio.

¿Te ha pasado algo similar? ¿Tu jefe alguna vez ignoró tus advertencias y después te culpó por el desastre? ¡Cuéntanos tu historia abajo, que aquí todos hemos tenido un jefe que no distingue la levadura de la harina!


Publicación Original en Reddit: Absentee boss wants me to increase the daily order against my suggestion? You got it.