Cuando el jefe admite su error: la historia del horario flexible y el “unicornio” en la oficina pública
En las oficinas públicas de Latinoamérica, uno aprende a esperar de todo: desde regulaciones absurdas hasta jefes que parecen tener doctorado en "cómo complicarle la vida a los empleados". Pero la historia de hoy es tan rara como ver un unicornio en la avenida Reforma o en la 9 de Julio: un jefe que ¡admite su error y lo corrige! Si te has topado con esos jefes que piensan que pedir disculpas es como perder la dignidad, quédate porque esta anécdota te va a sacar una sonrisa… y quizá hasta te haga creer en los milagros laborales.
Era hace unos 13 o 15 años, en una dependencia de gobierno cualquiera. El protagonista de nuestra historia, recién contratado, tenía a su cargo una flota de autos oficiales. Su trabajo era de esos que muchos envidian (o eso creen): mover carros de aquí para allá, llevarlos a talleres, lavarles hasta la cajuela, reponer focos, revisar líquidos… y dejar cada unidad lista para la siguiente misión burocrática.
El horario flexible: ese tesoro que pocos valoran
En muchos lugares de Latinoamérica, conseguir un trabajo con horario flexible es como ganarse la lotería (sin los millones, claro). Nuestro amigo aprovechaba esa flexibilidad: cuando acababa de lavar y revisar un coche, a veces salía un rato antes; en otras ocasiones, si el trabajo lo pedía, se quedaba 5, 10 o hasta 20 minutos extra. Nada fuera de lo común: simplemente tenía el sentido común de terminar lo que empezaba, sin andar viendo el reloj cada dos segundos.
Pero ya sabemos cómo son algunos jefes: un día, al jefe le entró la sospecha de que el empleado estaba “abusando” del horario flexible. Así que, con la solemnidad de quien anuncia el fin del subsidio al pan dulce, le soltó: “¡Se acabó el relajo! A partir de ahora, tu día termina exactamente a las 4:00 pm, ni un minuto más ni un minuto menos”.
Cumpliendo la regla al pie de la letra (y la ley de Murphy)
Dicen que el que obedece no se equivoca… pero a veces el que manda tampoco piensa mucho. Nuestro protagonista, como buen trabajador público, decidió cumplir la nueva orden con exactitud matemática. Si después de las 3:15 pm veía que no alcanzaba a lavar y dejar listo otro coche antes de las 4, mejor se ponía a barrer, acomodar cosas o cualquier tarea rápida.
¿El resultado? En cuestión de semanas, la cantidad de autos lavados y reparados bajó más que el ánimo en quincena de inflación. El jefe, que seguramente esperaba ver la oficina reluciente, lo llamó a una junta de “urgencia” (ya saben, esas en las que uno espera regaño y termina con ganas de buscar trabajo vendiendo elotes en la plaza).
Ahí, el empleado le explicó con toda la calma del mundo que simplemente estaba siguiendo su nueva política: salir en punto de las 4, sin excepción. “No es que yo abusara del horario antes, jefe, simplemente trabajaba de forma inteligente: a veces salía un poquito antes, a veces me quedaba unos minutos de más, pero el trabajo salía mejor”, le dijo.
El milagro: un jefe que escucha… y aprende
Y aquí pasa lo que ni en las mejores novelas de realismo mágico: el jefe, tras unos segundos de silencio incómodo, reconoció su error. No solo eso, ¡pidió disculpas y le pidió volver al sistema flexible anterior! Si en ese momento hubiera habido mariachi, seguro suena “El Rey” de fondo. El empleado se quedó dos años más en el puesto y, según cuenta, la relación laboral fue excelente después de esa lección.
En Reddit, los comentarios no se hicieron esperar. Uno de los más populares decía: “Este jefe es un unicornio, ¡de esos que casi no existen!”. Otro remataba: “Ojalá más jefes tuvieran la humildad de escuchar y corregir”. Y es que en Latinoamérica, reconocer un error siendo jefe es casi tan raro como encontrar tacos al pastor en Argentina. Es más, hasta hubo quien bromeó: “¿Seguro que esto no es ficción? ¡Nunca he visto a un jefe admitir sus errores!”. Pero el propio autor aclaró que, aunque su jefe era estricto y de la vieja escuela, tenía principios y sabía escuchar.
Reflexión final: ¿Y si todos fuéramos un poco “unicornio”?
Esta historia nos deja varias enseñanzas para la vida laboral de este lado del mundo. Primero, que la flexibilidad bien llevada genera resultados y no es sinónimo de flojera. Segundo, que un jefe que escucha y reconoce sus errores no solo mejora el ambiente, sino que saca lo mejor de su equipo.
Y tercero, que la verdadera eficiencia no siempre se mide en minutos frente al reloj, sino en trabajo bien hecho, compromiso y sentido común. Como decimos aquí, “si funciona, no lo arregles”. O, en palabras de un comentarista: “Lo mejor que puede tener uno en la chamba es un buen jefe y buenos compañeros”.
Así que la próxima vez que tu jefe te quiera imponer una regla absurda, comparte esta historia. Quién sabe… tal vez termines trabajando para un unicornio, de esos que todavía existen aunque no los veamos en las noticias.
¿Tienes alguna anécdota similar de horarios, jefes o milagros laborales? Cuéntanos en los comentarios, ¡la oficina también es para compartir historias y reírnos juntos!
Publicación Original en Reddit: No more taking advantage of flexible hours your day ends att 4:00 PM from now on!