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Cuando el internet se volvió novela: una venganza creativa contra los proveedores en Brasil

Técnico de internet de Vivo quitando cables de la pared, con cables sueltos visibles y un ambiente residencial al fondo.
Un momento decisivo en mi experiencia con el proveedor de internet Vivo, donde el técnico retiró los cables, dejando un rastro de hilos y una serie de inconvenientes. Este estilo fotorealista refleja la frustración que sentí al enfrentar esta situación, la cual impactó mi trabajo y mi conexión con el mundo.

¿Alguna vez has sentido que lidiar con tu compañía de internet es como protagonizar tu propia telenovela, llena de enredos, promesas incumplidas y técnicos que llegan, ven, pero jamás resuelven nada? Si te identificas, prepárate para reír (y quizás llorar un poquito) con la historia de un usuario brasileño que decidió tomar la justicia por sus manos de una forma tan ingeniosa como maliciosamente satisfactoria.

Porque en Latinoamérica, cuando una empresa nos dice “eso ya no es nuestra responsabilidad”, sabemos que apenas empieza el verdadero drama.

De la ilusión a la desilusión: el calvario de instalar internet en casa

Todo comenzó como suele pasar: con la esperanza de un nuevo y reluciente servicio de internet. Nuestro protagonista, al que llamaremos “el usuario”, contrató a la famosa empresa Vivo (a quien, para proteger identidades, llamaremos simplemente “A”). Como buen latino, aguardó la llegada del técnico con paciencia y café, solo para descubrir que el técnico retiró parte del cableado, dejó un pedazo colgando, y se marchó. Resultado: tres largos meses usando el Wi-Fi del vecino del segundo piso. Sí, como cuando le pides la clave a tu tía y luego tienes que irte al rincón de la ventana para agarrar señal.

¿Y el trabajo desde casa? Un desastre. La conexión era tan inestable que parecía más bien estar enviando palomas mensajeras en vez de archivos. Pero como buen guerrero de oficina remota, el usuario no se rindió y empezó la peregrinación de pedir soporte técnico.

Siete técnicos, ningún milagro: la odisea del soporte técnico

Durante mes y medio, ¡siete técnicos diferentes! pasaron por su casa. Llegaban, miraban, decían “mmm, complicado”, y nada. Ni la Virgen de Guadalupe le habría hecho tantos milagros a la familia. La historia se volvió un clásico de la región: técnicos que prometen “volver mañana”, pero ese mañana nunca llega.

Al ver que la cosa no avanzaba, nuestro protagonista decidió cambiar de proveedor y contrató a “B”. Pero aquí la burocracia latinoamericana hizo su entrada triunfal: “B” le dijo que primero tenía que quitar los cables de “A”. Llamó a “A”, quienes, muy a su estilo, respondieron que ese ya no era su problema. ¿Te suena familiar? Seguro que sí.

La venganza criolla: ingenio y paciencia a la orden del día

En vez de resignarse, el usuario fue más allá y contrató no uno, sino dos servicios nuevos: volvió a pedir una instalación a “A” (solo para ver si por fin arreglaban el asunto) y también a una tercera empresa, “C”. Aquí es donde la historia se pone buena.

Mientras “A” seguía echándole la culpa a todo menos a ellos—¡hasta el registro general del edificio tenía la culpa!—, “C” llegó, puso el corazón, y en un acto digno de un técnico latinoamericano que ama los retos, logró instalar el internet. ¡Al fin, conexión digna en casa!

Pero la verdadera joya fue la venganza sutil del usuario. En vez de cerrar la solicitud con “A”, dejó la instalación “en el aire”. Cada semana, agenda una nueva cita de reinstalación. Cuando llegan los técnicos, ni contesta el interfono ni el celular. Ellos reprograman, él confirma, y así sigue el ciclo. Como quien dice, “el que ríe último, ríe mejor”.

Un usuario en los comentarios del post original notó que esto era más una “venganza pequeña” que un simple caso de “cumplimiento malicioso”. Y es que, en nuestros países, no hay nada más sabroso que ver cómo una empresa, por fin, recibe un poco de su propia medicina.

Humor y solidaridad: lo que todos pensamos pero pocos decimos

La historia se volvió viral porque todos, en algún momento, hemos pasado por lo mismo: esa impotencia ante la burocracia, la falta de respuesta, y la sensación de que solo somos un número más en el sistema. ¡Pero qué placer da ver a alguien darle la vuelta al juego!

En los comentarios, otro usuario compartió cómo en su país tuvo que amenazar con cobrarle horas no trabajadas a la empresa para que reaccionaran. Es el famoso “si no arreglan mi internet hoy, les paso la factura de mi sueldo”. Y, milagrosamente, la línea volvió como por arte de magia.

Y es que, como decimos en México, “el que no llora, no mama”. Así que la próxima vez que una empresa te diga “eso ya no es nuestra responsabilidad”, recuerda esta historia y piensa en todas las formas creativas —y pacíficas— en las que podemos hacerles la vida un poquito más interesante… y justa.

¿Y tú, qué harías en su lugar?

En una región donde la paciencia es virtud y el ingenio es ley, historias como estas nos recuerdan que no estamos solos y que, con un poco de malicia y mucho humor, podemos sobrevivir a cualquier proveedor de servicios. ¿Has tenido alguna experiencia así con tu compañía de internet, luz, agua o gas? ¿Tienes alguna venganza criolla que compartir?

Cuéntanos en los comentarios, porque como buena telenovela latinoamericana, ¡tu historia también merece ser contada!


Publicación Original en Reddit: A provedora de internet me disse que o bloqueio dos cabos na parede não eram de responsabilidade, então eu dei trabalho a eles.