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Cuando el ingenio supera la brocha: La venganza creativa de un obrero obligado a pintar

Ilustración en 3D estilo caricatura de un taller vintage con maquinistas pintando equipo militar en el norte del estado de NY.
¡Sumérgete en el vibrante mundo de la artesanía vintage! Esta ilustración en 3D captura la esencia de un taller bullicioso donde hábiles maquinistas, como mi tío, pintaban equipo militar vital en el norte de NY durante los años 70 y 80. ¡Explora su historia y el arte detrás de estos activos esenciales!

¿Alguna vez te han obligado a hacer un trabajo que no te corresponde, solo porque “alguien tiene que hacerlo”? En Latinoamérica solemos decir “zapatero a tus zapatos”, pero hay jefes que insisten en que uno haga de todo, incluso lo que no sabe. Prepárate para conocer la historia de un tío neoyorquino que decidió tomarse la orden de su supervisor al pie de la letra… y le pintó la cara a la autoridad, literalmente.

El arte de cumplir maliciosamente: historia en la fábrica

La historia se sitúa en los años 70 y 80, en una enorme fábrica del norte del estado de Nueva York, famosa por fabricar equipo militar tan especializado que ni los espías sabrían para qué sirve. Mi tío y mi papá trabajaban ahí como verdaderos maestros torneros, de esos que hacían piezas a mano antes de que existieran las máquinas CNC, igualito que los operarios más veteranos que uno encuentra en talleres de toda Latinoamérica.

Un buen día, el supervisor se fijó en una sierra de banda toda polvorienta y decidió que ya era hora de “darle una manita de gato”. ¿Quién fue el afortunado asignado? Mi tío, que nunca había pintado ni una barda en su vida y mucho menos una máquina industrial. Cuando le ordenaron que pintara la sierra, él contestó con toda honestidad: “Yo no sé pintar, mejor busque a alguien que sepa”. Pero el jefe, con ese tonito de “aquí se hace lo que yo digo”, le soltó el clásico “¡o lo pintas tú, o lo pintas tú!”

Y aquí empieza lo bueno: la famosa “malicious compliance”, o como decimos aquí, cumplir a lo tonto, pero cumpliendo.

Pintura con saña: creatividad contra la autoridad

Mi tío se puso manos a la obra, pero no como el supervisor esperaba. Si lo iban a obligar a pintar, pues pintó cada rincón de la sierra… y cuando digo cada rincón, es cada rincón: la hoja de la sierra, los botones, los controles, el cable de corriente, ¡hasta las perillas! Imagínate la cara del jefe cuando vio la máquina, toda cubierta de una capa uniforme de pintura, como si la hubiera bañado en salsa de mole.

Pero el tío no se detuvo ahí. Como todavía quedaba pintura en el bote, y para que no se echara a perder, agarró todo el contenido y lo vació encima de la sierra, dejando que la pintura escurriera y se secara en charcos y goterones. Un desastre monumental, pero técnicamente… ¡cumplió la orden!

Al día siguiente, el supervisor lo mandó llamar, furioso y perplejo: “¿¡Qué estabas pensando!?” Y mi tío, con toda la calma del mundo, respondió: “Le dije que no soy bueno para pintar, debió buscar a alguien que sí supiera”.

El resultado: una mención especial en su expediente que decía, más o menos, “No asignar tareas de pintura a este empleado”. Un triunfo digno de contarse en cualquier sobremesa.

Opiniones del pueblo: ¿Genio o vándalo?

Al compartir esta historia en Reddit, la comunidad no tardó en reaccionar. Un usuario comentó que esto es “incompetencia armada” (weaponized incompetence), una técnica sutil que muchos usamos para que jamás nos vuelvan a pedir el mismo favor incómodo. En Latinoamérica, más de uno ha aplicado la de “hacer el mandado mal para no volver a hacerlo”.

Otros lectores compartieron anécdotas similares: desde el militar que, obligado a preparar café sin haberlo probado jamás, puso solo una mísera cucharada en la cafetera (y cuando le reclamaron, la siguiente vez vació todo el bote), hasta el técnico que pintó todo el cuarto de máquinas, incluyendo válvulas, paneles eléctricos y hasta la cerradura de la puerta.

Pero no faltaron los serios que advirtieron: “Eso raya en el vandalismo, debió haberlo hecho mal pero sin causar daños”. En nuestros trabajos, siempre hay quien piensa que las bromas pueden pasarse de la raya, aunque la mayoría aplaudió la creatividad.

¿Por qué nos identificamos tanto con esta historia?

En el fondo, todos hemos estado en los zapatos de mi tío. Nos han pedido hacer cosas fuera de nuestro puesto, a veces sin sentido, solo “porque sí”. En los trabajos latinoamericanos, cuando un jefe se aferra a que “así se ha hecho siempre”, suele toparse con empleados ingeniosos que cumplen, pero al estilo “a la mexicana”: “¿Quieres que lo haga? ¡Va! Pero luego no te quejes…”

La lección aquí no es solo resistirse a la autoridad, sino la importancia de escuchar a los trabajadores y darles tareas acordes a sus habilidades. Y si no, prepárate para ver tu sierra favorita convertida en una obra de arte abstracto… o en un monumento al absurdo.

¿Y tú, qué hubieras hecho?

¿Te ha tocado una situación similar en tu trabajo o en casa? ¿Prefieres cumplir a regañadientes o aplicas la de “cumplo, pero mal”? Cuéntanos tu historia en los comentarios, y comparte este post con ese amigo que siempre encuentra la forma más creativa de salir de un apuro.

Porque si algo nos une en Latinoamérica, es el ingenio para sobrevivir al trabajo… y a los jefes tercos.

¿Tienes una historia de “cumplimiento malicioso”? ¡Queremos leerla!


Publicación Original en Reddit: I'm not a painter, but you want me to paint some equipment. Ok!