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Cuando el “influencer” llega temprano (y con Husky): Crónicas de una recepción al borde del colapso

Ilustración de anime de un cansado empleado de hotel lidiando con una solicitud de check-in temprano a las 6:45 AM.
En esta vibrante escena de estilo anime, nuestro agotado empleado de hotel enfrenta el caos de los check-ins tempraneros, representando la lucha de comenzar un día ajetreado antes del amanecer.

¿Alguna vez te ha tocado lidiar con un cliente que se siente dueño del lugar solo por tener seguidores en redes? Si tu respuesta es sí, seguramente te vas a reír (o llorar) con la historia de hoy. Si no, prepárate para asomarte al detrás de cámaras de la vida en recepción de hotel, donde la paciencia es más importante que el café y los “influencers” llegan con más exigencias que una telenovela mexicana.

Porque sí, aunque te suene a chisme de vecindario, los hoteles también tienen sus historias de terror, risas y surrealismo. Y créeme, en Latinoamérica, sabemos que el cliente no siempre tiene la razón… pero a veces parece que tiene el poder de un presidente municipal en campaña.

La odisea comienza: el lunes y la llegada del “influencer”

Imagina esto: son las 6:45 de la mañana, el sol apenas asoma, y tú ya estás en el hotel armado con tu mejor sonrisa (o lo que queda de ella después del fin de semana). No hay auditor nocturno, así que toca preparar el desayuno y poner todo en orden. Apenas te quieres desperezar y ya ves la luz del buzón de voz parpadeando como un semáforo en rojo: “Mensaje nuevo”.

¿El motivo? Un cliente que quiere hacer check-in temprano. Pero no cualquiera: una “influencer”, cortesía del equipo de mercadotecnia, que vive a una hora del hotel y viene con su Husky bajo el brazo (bueno, más bien jalando la correa como si fuera a escalar el Popocatépetl).

El guion es digno de cualquier episodio de “La Rosa de Guadalupe”: reserva de última hora, petición de llegada antes de tiempo, y por si fuera poco, pregunta si le puedes quitar la tarifa de mascota, que aquí es de $75 dólares. ¡Y todo porque tiene 37,000 seguidores en Instagram!

El “jenga” de habitaciones y la cultura del privilegio

La historia se pone mejor (o peor, según de qué lado estés). El recepcionista, como buen latino acostumbrado a hacer milagros con lo que hay, mueve el “jenga” de habitaciones y logra tenerle lista una habitación a las 10 de la mañana. Pero la influencer no se detiene ahí: quiere su llegada temprana, la exención de la tarifa de mascota, y ¿por qué no?, un crédito en la tienda del hotel.

Aquí es donde el ingenio latino florece: en los comentarios, varios colegas de hoteles comparten anécdotas igual de insólitas. Uno dice que preferiría regalarle una habitación al perro antes que a la influencer (“los perros son más limpios y mejor portados que muchos huéspedes”, bromea otro). Otro sugiere que deberían cobrarle $150 dólares por el check-in temprano, y otro más contesta, “¡mejor $750 y sin descuento!”

Y es que, como bien señala un usuario, muchos hoteles han decidido poner una política de “cero influencers”: si vienes de vacaciones y no pides nada gratis, eres bienvenido; pero si mandas correo pidiendo estadía a cambio de unos stories, mejor busca otro lugar. Total, como decimos en México: “No hay chile que les embone”.

Cuando el marketing manda y el personal aguanta

La verdadera joya llega cuando el propio recepcionista, el autor de la historia, confiesa que ni siquiera fue su decisión. El área de marketing, ansiosa por no perder la oportunidad de tener algo de contenido (aunque sea un selfie con el Husky), le ordenó no solo aceptar la llegada temprana y eliminar la tarifa de mascotas, sino además darle un crédito de $50 dólares para gastar en la tienda. “Estoy tan harto que hasta el perro me cae mejor”, admite.

Y aquí surge un debate que muchos entenderán en Latinoamérica: ¿hasta dónde debe llegar el servicio por miedo a una mala reseña en redes sociales? “Hay clientes que harían cualquier cosa para evitar un comentario negativo”, dice uno. Otro colega comenta: “Cuando la gerencia apoya este comportamiento, ya no es solo privilegio, es mala administración”.

Como buenos latinos, no faltan las risas: “Avísale que está influenciando mi decisión de cambiar de carrera”, comenta alguien. “Mi hija tiene 15 mil seguidores y solo sube memes, ¿qué tiene de especial 37 mil?”, se burla otro.

Reflexiones de este drama hotelero: ¿A quién le debemos el trato especial?

Esta historia no solo da risa, también invita a reflexionar sobre cómo la cultura de los “influencers” ha cambiado la forma en que se negocia el servicio en hoteles, restaurantes y hasta tianguis. Si en Latinoamérica ya sabemos que la familia pide rebaja, ahora hay que sumar a los “seguidores” como moneda de cambio.

Al final, el recepcionista lo resume con la sabiduría de quien ha vivido mil turnos: “Solo di que eres influencer. Mi equipo de marketing hasta te da crédito en la tienda. Estoy tan asqueado que ni ganas de un helado me quedan”.

¿Y tú? ¿Te ha tocado lidiar con influencers en tu trabajo? ¿Crees que deberían recibir trato especial o hay que ponerles un alto? Cuéntame tu experiencia: aquí todos tenemos una historia digna de telenovela.

Conclusión: Entre perros, influencers y paciencia de santo

La próxima vez que escuches que alguien quiere hacer check-in temprano porque “es influencer”, recuerda esta historia. La vida detrás de la recepción es más divertida (y absurda) de lo que parece. Y, como decimos en Latinoamérica: “Que ni el Husky ni los seguidores te quiten la paz”.

¡Cuéntanos en los comentarios tu anécdota más loca con clientes exigentes! ¿Has tenido un “influencer” en tu camino? Aquí nos reímos, lloramos y, sobre todo, nos entendemos.


Publicación Original en Reddit: I hate early check in