Cuando el huésped se pasa de listo: La historia de Mike y la paciencia infinita en recepción nocturna
En los hoteles, uno aprende que la noche es territorio de historias insólitas. Si alguna vez pensaste que trabajar de auditor nocturno era aburrido, espera a conocer la travesía de lidiar con huéspedes como “Mike”, ese personaje que parece salido de una telenovela de las malas, pero que lamentablemente es de carne, hueso... y muy poca vergüenza.
Imagínate: turno de madrugada, cansancio acumulado, y de repente entra ese cliente que no solo desafía la paciencia sino que, en cada encuentro, logra que te preguntes si la humanidad tiene salvación. ¿Te suena conocido? Pues prepara el café, porque esta historia te va a sacar más de una carcajada... y un par de corajes.
El primer encuentro: “¿Te animas a rodar en la paja conmigo?”
Así, sin anestesia. Mike, un transportista de ganado y pacas de heno, llegó la primera vez al hotel y, en vez de un “buenas noches” o “tengo una reservación”, soltó la frase más incómoda y vulgar que se le pudo ocurrir. ¿Te imaginas estar en recepción y que tu bienvenida sea una propuesta obscena, así, directo y sin escalas?
Como buena profesional, la recepcionista (nuestra protagonista) puso su mejor sonrisa de servicio al cliente y desvió el comentario con diplomacia: “¿Vas a registrarte?”. Nada que no haya vivido alguien que ha trabajado de noche en un bar, restaurante o incluso en un OXXO a medianoche. Pero Mike no captó la indirecta y siguió insistiendo.
La estrategia fue clara: “No, gracias. Estoy comprometida, me caso el próximo mes”. En Latinoamérica, hasta el más insistente suele respetar al escuchar eso. Pero Mike era terco como mula y siguió con su plan. Por suerte, lo despacharon rápido.
El cliente reincidente y el racismo descarado
Para desgracia de todos, Mike se volvió cliente frecuente. Si creías que con una vez bastaba, te equivocas. Regresó con más comentarios fuera de lugar, esta vez lanzando insultos hacia Shane, el houseman nocturno, a quien llamó “el vagabundo que anda rondando el hotel”.
Aquí en nuestra cultura, hay un dicho: “El que no conoce a Dios, a cualquier santo le reza”. Mike no sabía que Shane era un veterano de Vietnam, un hombre amable y trabajador, respetado por todos. Al recibir el comentario, la recepcionista no se quedó callada: “Él es Shane, nuestro compañero, y no me gustó tu comentario”.
Y ahí no paró. Mike, con sus “sabidurías”, comentó que “en Canadá es legal matar a los vagabundos”. ¡Imagínense la barbaridad! Como bien apuntó un forero canadiense: “Eso no solo es falso, es absurdo y ofensivo”. En Canadá, el tema de la eutanasia médica (MAID) es complejo y regulado; nada que ver con lo que decía Mike.
El colmo: berrinche, racismo y café volador
Parece cuento, pero es real. Tras varias semanas de ausencia (el mejor regalo de bodas para la recepcionista), Mike reapareció. Esta vez, sin reservación y con prepotencia, hasta que descubrió que “olvidó dar enter” en la página de reservas. ¿Quién era el despistado ahora?
En otra ocasión, llegó tarde, después del cierre de registros, exigiendo que lo dejaran pasar. Como dijo un comentarista: “Ojalá le toque pisar un Lego todos los días de su vida”. La recepcionista, cansada de tantas faltas de respeto (y tras escuchar un comentario racista sobre los pueblos originarios), decidió hacer lo que muchos soñamos: lo puso en su lugar y lo echó del hotel.
Mike, fuera de sí, lanzó su café (mal apuntado, porque ni eso le salió bien) y se dedicó a gritar improperios. Terminó en la lista negra de “No Rentar”, con su número de recompensas cancelado y una reseña online tan falsa como ridícula.
Reflexiones: ¿Por qué aguantamos tanto?
En Latinoamérica, solemos tener la paciencia de un santo para el cliente. “El cliente siempre tiene la razón”, dicen. Pero, ¿hasta dónde? Como opinó otro lector: “Cuando alguien te muestra quién es desde el principio, créelo. Mejor cortar por lo sano”.
La protagonista lo aguantó demasiado, tal vez por miedo a perder el trabajo o simplemente por profesionalismo. Pero la comunidad fue clara: nadie merece tolerar acoso, racismo ni violencia en el trabajo. Y si el jefe no apoya, también aplica el refrán: “Más vale solo que mal acompañado”.
Cierre: No todo está perdido (y el karma sí existe)
La historia de Mike es la de muchos que trabajan de noche, donde la paciencia es moneda de cambio y los límites, a veces, se difuminan. Pero también es un recordatorio: poner límites es necesario, y al final, el karma siempre cobra factura.
Así que, si eres de los que trabajan en atención al cliente, ¿qué hubieras hecho tú en lugar de la protagonista? ¿Te ha tocado algún Mike en tu vida laboral? Cuéntanos tu anécdota aquí abajo. Y por favor, que ningún “Mike” vuelva a rodar en la paja… al menos, no en tu hotel.
¡Comparte esta historia con tus amigos que han sobrevivido a la noche y celebremos juntos la paciencia (y el sentido del humor) de nuestros recepcionistas!
Publicación Original en Reddit: A Roll In The Hay