Cuando el huésped quiere enseñarle al recepcionista cómo hacer su trabajo: historias del mostrador
Si alguna vez has trabajado en la recepción de un hotel, sabes que, tarde o temprano, te tocará ese huésped que se siente el verdadero gerente del lugar. Es ese personaje que, sin haber pasado una sola noche detrás del mostrador, llega con aires de experto a decirte cómo debes hacer tu trabajo. Y lo mejor de todo: ¡se ofende si no sigues sus “sabios” consejos!
Pero, como dice el refrán, “cada quien habla de la feria según le va en ella”. Hoy les traigo una historia que, además de sacar risas, deja varias lecciones y nos recuerda por qué en Latinoamérica decimos que “el cliente no siempre tiene la razón, pero sí la última palabra”.
El huésped que todo lo sabe… menos escuchar
Imaginen la escena: llega un señor al hotel, elegante y seguro de sí mismo. Nuestro protagonista, el recepcionista, revisa su reservación y nota algo peculiar: el huésped tiene dos reservas separadas, una para esa noche y otra para el día siguiente, pero en habitaciones distintas. Un asunto común, sobre todo cuando una se pagó con puntos y la otra con tarjeta.
Aquí empieza el show. El recepcionista, haciendo su trabajo con paciencia, le explica al huésped que, para evitarle el engorro de cambiarse de habitación al día siguiente, puede quedarse desde hoy en una habitación con dos camas matrimoniales (la que tiene reservada para mañana), en vez de la King que reservó para esa noche. Así, se evita el típico “trote” matutino y puede relajarse. Pero el huésped, con ese tono de “yo sé más”, le responde: “Déjelo así, total, no se ven tan ocupados”.
¿Quién no ha escuchado eso de “no se ve tan lleno”? Como si la ocupación del hotel dependiera de cuántos carros hay en el estacionamiento a las 3 de la tarde. ¡Si supieran cuántos huéspedes llegan tarde o están fuera por trabajo! En palabras de un usuario de la comunidad: “Durante la semana, la mayoría de nuestros huéspedes está en los parques industriales y el estacionamiento parece vacío, pero a las 5 ni un alfiler cabe”.
“¿Y cuál es la diferencia?”: el arte de no querer entender
Pero la cosa no termina ahí. El huésped, confundido al ver que ambas habitaciones cuestan lo mismo, pregunta: “¿Entonces cuál es la diferencia?” El recepcionista, con la paciencia de un santo (o de alguien que ya ha pasado por esto mil veces), le explica que el problema no es el precio, sino la disponibilidad: faltan habitaciones King para los próximos días y por eso le sugirió el cambio.
Sin embargo, el huésped decide complicarse la vida y, por tercera vez, rechaza la solución fácil. Hay quienes, como dice otro usuario, “no buscan la paz, sólo el drama”. En la recepción, ya todos saben lo que pasará: al día siguiente, el huésped intentará presionar al personal de la mañana para que lo dejen quedarse en la King, alegando que “anoche me dijeron que no había problema” o, peor aún, “nadie me avisó”.
Aquí, el consejo dorado de los experimentados: ¡dejen todo por escrito! Como contó uno en los comentarios: “Por eso mis correos de traspaso de turno eran bien detallados. Uno ya ha sido quemado antes”.
“He viajado por todo el mundo…”: la frase estrella del sabelotodo
No podía faltar la clásica frase del viajero internacional: “He estado en hoteles de todo el mundo y nunca me habían hecho esto”. En Latinoamérica, eso equivale a ese tío que dice “yo he comido en los mejores restaurantes y jamás me han cobrado el refresco extra”. El mejor antídoto, según otro recepcionista: “Cada hotel tiene sus políticas, aquí se hacen las cosas a nuestra manera”.
Al final, muchos trabajadores del sector coinciden: los que más corrigen y dan lecciones, nunca han trabajado en un hotel. Hay quienes, con sarcasmo criollo, preguntan: “¿Y tú cuántos años llevas en hotelería? Ah, ¿ninguno? Pues yo seguiré haciendo mi trabajo, gracias”.
Cuando se arma el enredo: lecciones y risas de la comunidad
La historia deja varias moralejas, pero también anécdotas divertidas. Por ejemplo, uno comenta que algunos huéspedes creen que pueden dejar sus cosas en la habitación después del checkout y nadie las tocará. Error: “A las 11 am ya no eres huésped y todo lo que quede se va a objetos perdidos. Si insistes, hasta te cobramos por tomarte la habitación sin permiso”.
Otros se solidarizan con el recepcionista: “Yo prefiero cambiarme de habitación y dormir tranquilo, que andar de malas en la mañana haciendo malabares con las maletas”. Y no falta quien pide actualizaciones: “Por favor, cuéntanos cómo termina el show mañana. ¡Ya tengo las palomitas listas!”
La comunidad, como buena familia latina, se echa porras entre sí y comparte consejos para sobrevivir en el mundo hotelero: desde anotar todo, hasta armarse de paciencia y buen humor. Porque, al final del día, lo importante es reírse de las situaciones absurdas y no perder la calma, aunque el huésped crea que sabe más que todos.
Conclusión: ¿Eres equipo recepcionista o equipo huésped sabelotodo?
Trabajar en un hotel es como conducir en el tráfico de la CDMX: nunca sabes qué personaje te va a tocar, pero seguro tendrás una buena historia para contar. Si eres huésped, recuerda: los recepcionistas llevan años viendo de todo y suelen saber lo que hacen. Si eres recepcionista, ¡ánimo! La próxima vez que alguien quiera darte clases, respira hondo y piensa: “Tú solo ves el estacionamiento, yo tengo el sistema de reservas”.
¿Te ha tocado un huésped (o colega) así de “sabio”? ¿Cómo lo manejaste? ¡Cuéntanos tu anécdota en los comentarios y sigamos riéndonos juntos de las locuras del mostrador!
Publicación Original en Reddit: I'm the agent, you're the guest...