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Cuando el huésped local se siente patrón: Anécdotas de una posada y el arte de pedir descuentos

Ilustración 3D en estilo caricatura de un acogedor B&B en una reserva natural, que muestra encanto y precios accesibles para los huéspedes.
Esta vibrante ilustración 3D en estilo caricatura captura el acogedor encanto de nuestro B&B económico, situado en una reserva de vida silvestre privada, invitando a los huéspedes a disfrutar de comodidad sin gastar de más. ¡Descubre por qué preferimos a nuestros huéspedes locales para que vivan la esencia de nuestro exclusivo refugio!

Todos los que hemos trabajado en el mundo de la hospitalidad, ya sea en hoteles, hostales o posadas familiares, sabemos que cada huésped es un universo. Pero hay una especie particular que puede sacar canas verdes: el huésped local. Hoy te cuento una historia que podría pasar en cualquier rincón de Latinoamérica, pero que viene desde una pequeña guesthouse en una reserva natural, donde la fauna más impredecible no siempre es de cuatro patas.

El huésped local: ¿solidario o aprovechado?

Imagina esto: tienes una posada sencilla, acogedora, con ese toque artesanal que solo se logra cuando la familia entera se involucra. No eres el Ritz, pero ofreces lo mejor que puedes y a buen precio, porque sabes que no todos pueden pagar una fortuna por dormir cerca de la naturaleza.

Un día, un señor bien trajeado te contacta porque quiere celebrar su cumpleaños en un taller artesanal de la posada. Todo va bien hasta que, casi sin avisar, hace la reservación y comienza el desfile de preguntas: “¿Puedo llevar mi propio pan porque el de acá no me gusta?”, “¿Puedo traer mi comida?”, y así. Uno, con tal de ser amable, cede... pero la cosa apenas empieza.

El arte de pedir descuentos: ¡No es lo mismo ser local que ser gorrón!

Después de la primera noche, recibes un correo —sí, un correo desde la habitación de al lado, porque ni para salir a la sala tuvieron ganas— pidiendo cancelar la última noche y, de paso, exigiendo una tarifa especial “para locales” porque todo está carísimo. Uno pensaría que buscan ahorrar porque andan cortos de lana, pero no: después de alardear sobre su empresa exitosa, su casa en la playa y su propio guesthouse de ocho habitaciones, te das cuenta que el cuento de víctimas no les queda.

Como bien dijo un usuario en los comentarios de la anécdota original: “Los que más presumen de dinero son los que menos quieren gastar”. ¡Y qué razón tiene! Aquí en Latinoamérica abundan los que llegan en camionetas último modelo, pero a la hora de la propina o la cuenta, ponen cara de “no traigo cambio”. Seguro que más de uno ha escuchado el clásico: “Pero, ¿cómo que no hay descuento para paisanos?”.

La cultura del “No aplica para mí”

Muchos dueños de posadas ya saben que, cuando alguien empieza a pedir descuentos por ser local, es bandera roja. Un comentarista lo puso clarito: “Cuando alguien pide rebaja, mejor que se vayan con los grandes, porque esos serán los que más se quejen y hasta mala reseña te dejan si no les das trato de cinco estrellas”.

¿Y qué pasa cuando les dices que no? Pues nada. Como respondió la misma dueña de la posada: “Por suerte fue por correo, así solo respondí: No, no hay tarifa local. Punto”. Aquí es donde nos damos cuenta de la importancia de aprender a decir “no” sin remordimiento, porque si no, te comen vivo. Como decimos en México: “El que no habla, Dios no lo oye... pero el que pide de más, a veces se pasa de listo”.

¿Huéspedes locales? Sí, pero con condiciones

No todo es malo, claro. Hay locales que son un sueño: agradecidos, respetuosos y hasta te recomiendan con sus amigos. Pero como en la historia, hay un segmento que parece pensar que las reglas son solo para turistas extranjeros y que ellos merecen trato especial. Por eso, cada vez más posadas prefieren poner reglas claras: ni descuentos de último minuto ni cancelaciones improvisadas. Y, como dicen en Colombia, “el vivo vive del bobo, pero no hay que dejarse”.

Hay hoteles en ciudades grandes que no vetan a los locales porque suelen reservar para familiares, pero en reservas naturales o pueblos turísticos, a veces es mejor poner límites. Al final, lo importante es que el respeto sea mutuo y que no se confunda el apoyo local con el abuso de confianza.

Reflexión final: Ser buen huésped es cuestión de educación

Esta historia nos recuerda una lección universal: la educación y el respeto abren más puertas que cualquier descuento. No importa si uno es local o turista, todos merecen un buen trato, pero también deben respetar las reglas del lugar. La próxima vez que visites una posada, recuerda: pedir rebaja no te hace más listo, y presumir de tus logros mientras regateas solo te hace quedar mal.

¿Te ha pasado algo parecido en tu negocio o como huésped? ¿Qué opinas de los descuentos para locales? Cuéntanos tu experiencia en los comentarios y hagamos de la hospitalidad un espacio donde todos ganen... y nadie abuse.


Publicación Original en Reddit: And they wonder why we're not a fan of local guests...