Cuando el huésped extraña el 1980: Crónica de una estadía imposible en un hotel boutique
Si alguna vez pensaste que trabajar en la recepción de un hotel era tarea sencilla, déjame contarte la historia de “la señora Silversmith”, una huésped que llegó buscando el glamour de antaño… ¡y terminó convencida de que el recepcionista era el mismísimo diablo! Prepárate para descubrir el lado más divertido (y desesperante) de la hotelería, donde lo imposible parece ser el pan de cada día.
En Latinoamérica, todos hemos conocido ese cliente que echa de menos los “buenos tiempos” y exige atenciones dignas de telenovela. Pero, ¿qué pasa cuando el mundo cambió y el cliente no se enteró? Aquí te traigo una historia digna de sobremesa, repleta de nostalgia, enojos y un poco de humor a la mexicana (o argentina, colombiana, chilena… ¡ponle la nacionalidad que prefieras!).
“¡Esto antes no era así!”: La nostalgia hecha huésped
Todo comenzó con la llegada de la señora Silversmith, una dama de unos 75 años que, al parecer, viajó en el tiempo desde 1980 directo al lobby de un hotel boutique con solo 50 habitaciones, restaurantes y spa. Ella esperaba el mismo trato de antaño: vino gratis por la tarde, té con scones al más puro estilo inglés, y acceso a una piscina al aire libre que, para su mala suerte, ya no existía para los huéspedes.
El recepcionista, como buen latino cordial, le dio la mejor bienvenida, le explicó todo con detalle y hasta le ofreció ayuda con el equipaje. Pero la señora, cual personaje de comedia, preguntó una por una TODAS las cosas que acababa de escuchar. ¿Te suena familiar? Es como cuando tu abuela pregunta por quinta vez si ya le avisaste a tu tía que la comida es a las dos.
Cuando le dijeron que ya no había servicio de lavandería, que el vino y los scones habían desaparecido hace años (gracias a la pandemia y los nuevos dueños), y que la piscina al aire libre era solo para los nuevos propietarios de las villas, la señora soltó un suspiro digno de dramón y puso cara de “esto no es lo que yo contraté”.
El drama en el restaurante: Postres, berrinches y acusaciones
Después de instalarse (sin ayuda de bellboy, porque “yo puedo sola”), la señora Silversmith fue al restaurante… ¡pero su reserva ya había pasado! El recepcionista, hábil como buen chilango en el metro en hora pico, logró reprogramarla para las 7. Pero ahí no terminó la historia.
Resulta que tras la cena, la señora explotó como cohete en fiestas patrias porque nadie le ofreció postre. Se acercó a la recepción, exigió el menú, y entre gritos y golpes en el escritorio de vidrio, acusó al pobre recepcionista de ser “el diablo encarnado”, de esconderle el vino y de ser lo más antipático del universo. En palabras de un comentarista en Reddit: “¡Se sintió como el Hotel California! Puedes entrar cuando quieras… pero nunca podrás irte”.
En ese momento, el recepcionista tuvo que entrar en “modo control de daños”. Para calmar a la señora, le descontó una noche de su estadía y prometió intentar cancelar sus citas de spa (aunque el spa ya había cerrado y la política era de 24 horas de anticipación para cancelar). ¿El resultado? Más berrinches, más acusaciones y una maratón de 20 minutos para el bellboy, que terminó corriendo por todo el hotel buscando cosas para ella.
Reflexiones desde la trinchera: ¿Por qué hay huéspedes así?
En los comentarios, muchos trabajadores de hotelería latinoamericanos se sintieron identificados. Algunos apuntaron que hay clientes que, cuando escuchan un “no”, lo toman como una ofensa personal, como si el recepcionista tuviera el vino y los scones escondidos bajo llave solo para fastidiarlos. Otros, con humor, sugirieron frases épicas para responderle al huésped: “Señora, aquí ya no aplican las reglas de antes. Si no le gusta, el bellboy la acompaña a la salida”.
Un usuario incluso bromeó con la canción de Hotel California: “Llamé al capitán, le pedí mi vino… y me dijo: no hemos servido ese espíritu desde 2019”. ¿Quién no ha sentido que repiten la misma canción hasta el cansancio, como el “Despacito” en cada fiesta familiar?
También hubo quienes, con más empatía, señalaron que quizá la señora ya tenía problemas de memoria y vivía anclada en un pasado que ya no existe. Pero la mayoría coincidió en que hay clientes que solo buscan el mínimo motivo para armar un show y conseguir algún beneficio, como una noche gratis o simplemente desahogarse.
El lado humano detrás del mostrador
Trabajar en la recepción de un hotel en Latinoamérica es como ser árbitro en la final del clásico: hagas lo que hagas, alguien va a gritarte. Pero también es un arte: saber calmar tempestades, improvisar soluciones y, sobre todo, no perder el buen humor.
La historia de la señora Silversmith nos recuerda que la nostalgia puede ser peligrosa cuando se convierte en exigencia, y que los tiempos cambian, aunque algunos huéspedes insistan en vivir en el pasado. Al final, lo importante es no tomárselo personal, echar mano del humor y recordar que, como dijo un comentarista: “A veces, cuando el cliente se va antes… ¡ganas tú!”
¿Y tú? ¿Has tenido alguna vez un cliente que parecía vivir en otra época? ¿Qué harías si te acusan de ser el diablo solo por hacer tu trabajo? Cuéntanos tu anécdota, comparte este post y no olvides darle cariño a quienes trabajan tras el mostrador: son los verdaderos héroes anónimos de la hospitalidad.
Publicación Original en Reddit: I guess I am the 'Devil'