Cuando el huésped exige hotel de lujo en hotel de paso: Crónicas del mostrador
Trabajar en la recepción de un hotel en Latinoamérica puede sentirse como estar en una telenovela: hay drama, risas, quejas sin sentido y personajes que parecen salidos de un sketch de Eugenio Derbez. ¿Te has preguntado qué vive el personal que te recibe con una sonrisa después de un largo viaje? Spoiler: a veces esa sonrisa es lo único que los mantiene cuerdos.
Hoy te traigo una historia que se hizo viral en Reddit, donde un recepcionista (o “Front Desk”, para los que gustan de términos gringos) comparte las peripecias de lidiar con huéspedes que creen estar en un resort 5 estrellas… cuando pagaron por un hotel de “pasadita”. Si crees que exagero, agárrate porque esto se pone bueno.
Huéspedes que quieren oro y pagan cobre
La historia original, titulada “FD was not having it”, nos muestra la realidad de los recepcionistas: cansancio por huéspedes malcriados, niños corriendo como si fuera parque, gente exigiendo descuentos por detalles mínimos (como una baldosa rota en el lobby), y la infaltable señora que espera spa y desayuno gourmet… en un hotel que apenas si tiene café soluble.
Lo increíble es que muchos huéspedes, apenas cruzan la puerta, sacan la lupa y empiezan a buscar defectos como si fueran inspectores de Profeco: “¡Mira! Esa llanta del carrito de equipaje rechina. ¡Exijo el 50% de descuento!” Y ni hablemos de los que reservan por apps y al llegar quieren cambiar TODO: la cama, la vista, el piso… ¡hasta el clima!
Como bien comentó un usuario en el hilo: “Las expectativas cinco estrellas con presupuesto de dos estrellas… Lo veo tanto trabajando como siendo cliente. Es como decir: ‘Amiga, ¡ubícate!’”. Y sí, en Latinoamérica todos conocemos a ese familiar que pide chiles toreados en la pizzería y luego se queja de que no hay.
Las quejas más absurdas: de baldosas a bikinis
Una de las anécdotas más chistosas la compartió una huésped que presenció cómo una pareja, recién llegada, casi arma un drama porque había una baldosa rota en el elevador. La señora exageró como si fuera el fin del mundo, así que la otra huésped, con picardía muy latina, le soltó: “Esa maleta debe estar pesadísima… Esa baldosa no estaba así cuando subimos”.
La cara de la señora lo decía todo: puso los ojos como platos y trató de levantar la maleta para no romper más baldosas. Esos momentos son oro puro para los que trabajaron en atención al cliente y entienden el arte de callar a los quejosos sin perder la compostura.
Pero no solo se trata de detalles del hotel. Hay huéspedes que, además de querer arreglar el establecimiento a su gusto, sienten la obligación de criticar a otros. Como la abuela que se la pasó criticando el traje de baño de su nieta y a todas las mujeres en bikini en la playa. Hasta que alguien, con ese sentido de solidaridad tan nuestro, le dijo: “Yo admiro a esas mujeres por la autoestima que tienen y por no dejarse llevar por las opiniones ajenas”. Y así, la tía de las nietas se animó a defenderlas. ¡Aquí sí aplicamos el “no te metas con mi gente”!
Cuando la queja es constructiva… o no tanto
También hay huéspedes conscientes que reportan desperfectos de manera amable, como quien avisa de un grifo flojo o una luz que no apaga, solo para que lo arreglen para el siguiente. Pero incluso así, el personal de recepción reacciona con nerviosismo, porque están tan acostumbrados a que la queja venga acompañada de un “¿y mi descuento?” que ya no saben si agradecer o prepararse para la batalla.
Un comentario lo resume perfecto: “Lo mejor es avisar durante la estancia. Los empleados del hotel están para hacer tu experiencia más cómoda, no la del que llega después”. Y sí, es un consejo que vale oro, porque después de la batalla diaria, lo único que les queda a los recepcionistas es saber que todo mejora cuando termina su turno.
No todos son “Karens”: la importancia de la empatía
Aunque la mayoría de las historias sacan carcajadas o te hacen rodar los ojos, también hay huéspedes que entienden el esfuerzo del personal. Como quien dijo: “Trabajé en ventas y aprendí a valorar a los que están en servicio al cliente. Nunca tuve una queja, pero tampoco me dejaba de los clientes difíciles”.
Eso sí, siempre hay casos extremos: la señora que pidió descuento porque la tapa del basurero estaba abierta (aunque estaba detrás de una reja gigante), o el señor nostálgico que quería los canales de televisión de 1985. En esos momentos, la paciencia y el humor son las mejores herramientas del recepcionista latino.
En resumen, trabajar en recepción es enfrentar a diario la creatividad (o necedad) de los huéspedes, pero también encontrar aliados inesperados y vivir anécdotas que después serán la envidia en la comida familiar.
Conclusión: ¿Has sido tú ese huésped?
La próxima vez que visites un hotel, recuerda: ni el mejor hotel boutique de la Roma ni el hostal más sencillo de La Candelaria está exento de detalles. ¿Por qué no disfrutar del viaje, agradecer el esfuerzo y, si hay un problema, reportarlo con buena onda? Así, todos salimos ganando.
¿Tienes alguna historia digna de telenovela sobre hoteles? ¿Fuiste testigo de un reclamo absurdo? ¡Cuéntanos en los comentarios! Aquí, el chisme está garantizado y la empatía, también.
Publicación Original en Reddit: FD was not having it