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Cuando el huésped difícil se topó con una cascada en el hotel: una noche para no olvidar

Escena de check-in nocturno en un hotel con un caballero en la recepción durante el verano. Ambiente cinematográfico.
A medida que avanza la noche, un momento cinematográfico captura la tensión y anticipación de un check-in tardío en el hotel. ¿Será la experiencia de este huésped tan sorprendente como parece?

Trabajar en la recepción de un hotel puede ser como una telenovela: nunca sabes si el próximo huésped será un alma tranquila o el protagonista de un desastre. Y si crees que exagero, prepárate para una anécdota que parece sacada de un guion de comedia… o de terror, dependiendo a quién le preguntes.

Es viernes por la noche, ya casi es hora de cerrar y todo parece ir sobre ruedas. Pero como dice el dicho, "cuando el río suena, agua lleva". Y vaya que esa noche el agua sí llevó… ¡y de sobra!

El huésped de la tarjeta congelada: un clásico de hotel

Todo empezó con un señor que llegó a hacer check-in. Nada fuera de lo común… hasta que su tarjeta no pasó. En Latinoamérica, la mayoría de los recepcionistas ya tenemos mañas para no hacer sentir mal al cliente: "Señor, parece que su tarjeta no se procesó correctamente", le decimos, aunque sepamos que está declinada.

Pero este huésped, lejos de apenarse, me suelta: "Sí, la congelé porque no debería costarme nada esta estancia. No quiero que me cobren". Resulta que había reservado con puntos, lo cual aquí sería como pagar con millas o con una tarjeta de lealtad. Pero aun así, por políticas, siempre pedimos una tarjeta para imprevistos. El señor se puso necio, empezó a alegar y se armó la fila de gente esperando en la recepción. Nada fuera de lo normal, típico viernes.

El invitado inesperado: ¡la gran fuga de agua!

De pronto, uno de los huéspedes, que parecía más bien el metiche del barrio, se acerca y me dice: "No quiero interrumpir, pero hay una fuga enorme abajo. Deberías ir a ver". Yo, pensando que la gente exagera más que abuelita contando historias, le digo: "Gracias, ahorita reviso". Por dentro, seguro era una gotera y ya.

Terminé el check-in del señor de la tarjeta, regalé unas botanas a los que esperaban (porque en Latinoamérica decimos: "haz amigos, no enemigos") y fui a ver la supuesta fuga. Al bajar las escaleras, el huésped que avisó me lleva por el pasillo… y empiezo a escuchar un ruido como de catarata. Ya ahí, veo por la puerta de cristal de la "suite de firmas" —un salón de eventos— y lo que encuentro parece el lago Titicaca: agua por todos lados, una loseta del techo caída y el líquido cayendo como si hubiera llovido adentro.

Del vandalismo a la leyenda urbana: ¿quién fue el culpable?

En ese momento, llamo a mi jefa, la gerente de recepción, siguiendo el protocolo para emergencias. Ella, que ya tenía experiencia en estas tragedias, me dice que llamará al de mantenimiento, pero que mientras trate de encontrar el origen de la inundación. Entonces me cae el veinte: el salón está justo debajo de los baños del lobby.

Subo corriendo, abro la puerta del baño y… ¡no lo podía creer! Alguien había tapado todos los lavamanos con papel higiénico, abierto todas las llaves a todo dar, y el agua caía como si hubieran abierto las compuertas de Itaipú. El piso era una piscina y pensé que pronto iban a aparecer unos patos nadando. Cierro todas las llaves, quito los tapones y vuelvo a llamar a mi jefa: "Esto fue vandalismo, alguien lo hizo a propósito".

La gerente lanza unas palabras dignas de tía enojada y me dice que llamemos al personal de limpieza para que drene el agua, y que al día siguiente atenderán la parte de abajo. Promete revisar las cámaras, pero como suele pasar aquí y allá, nunca encuentran al culpable. En la recepción circuló el rumor de que fue un exempleado recién despedido. Como dijo una comentarista en Reddit: "¡Tu exjefe sabe cómo te ves, tiene todos tus datos y hasta sabe dónde vives! ¿Pensaste que no te iban a encontrar?" Al final, parece que se salió con la suya… al menos por esa noche.

Comunidad hotelera: historias de terror que se repiten

Esta historia no es exclusiva de un hotel gringo. Aquí también hemos escuchado de empleados resentidos o huéspedes traviesos que hacen cada locura. Un usuario de Reddit contó que en su universidad un plomero se enojó, tapó todos los drenajes con papel, abrió las llaves y dejó correr el agua una hora entera. ¿El castigo? ¡Ninguno! Siguió trabajando y hasta renunció después para intentar ser cantante de música regional.

Otro lector, profesor de secundaria, contó que un grupo de alumnos inundó el laboratorio de ciencias tapando los lavamanos y abriendo todo. Al llegar, encontró los trabajos flotando como barquitos de papel. Y es que como decimos por acá, "el diablo sabe más por viejo que por diablo": siempre hay alguien dispuesto a hacer travesuras, y casi nunca los atrapan.

Y no falta el que bromea: "Los Vándalos siempre se llevan la culpa, pero los Visigodos fueron igual de bárbaros". Como si estuviéramos en tiempos de la conquista, pero ahora con baños y tuberías.

Reflexión final: entre risas, estrés y una buena anécdota para la sobremesa

¿Moraleja? Trabajar en un hotel puede ser tan impredecible como un partido de la selección: puedes estar tranquilo y de la nada se arma el caos. Hay que tener paciencia, sentido del humor y, sobre todo, saber improvisar. Porque nunca se sabe si el siguiente huésped será el alma de la fiesta… o el causante de la próxima inundación.

¿A ti te ha pasado algo así en el trabajo? ¿Alguna vez fuiste testigo de una travesura digna de película? Cuéntanos tu historia en los comentarios, porque como buenos latinos, ¡nos encanta el chisme y compartir anécdotas!


Publicación Original en Reddit: Oh wow he wasn't exagerating