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Cuando el hotel se inundó... de traseros: Las batallas de un recepcionista en temporada de hockey

Ilustración estilo anime de un caótico fin de semana de hockey con padres e hijos en una piscina.
Sumérgete en el caos de los fines de semana de hockey con esta vibrante escena anime, donde los padres recuerdan mientras los niños se divierten.

A todos nos ha tocado vivir días inusuales en el trabajo, pero hay quienes parecen participar en una comedia de enredos digna de telenovela. Así le sucedió a un recepcionista de hotel en Norteamérica, quien compartió en Reddit la historia de cómo sobrevivió a la “plaga del hockey” y terminó enfrentando algo que nadie le advirtió: un auténtico mar de traseros en la sala de ejercicios. Si alguna vez pensaste que trabajar en un hotel era aburrido, prepárate para conocer el lado menos glamuroso (y más divertido) de la hospitalidad.

La invasión de los padres de hockey: cuando el lobby se convierte en cantina

En muchos países de Latinoamérica, la pasión por el fútbol domina los fines de semana. Pero en ciertas regiones del norte, el hockey juvenil es casi religión. Eso significa que, llegada la temporada, los hoteles se llenan de familias enteras listas para animar a sus retoños. Pero lo que pocos mencionan es el fenómeno sociológico que ocurre: los padres —esos ex héroes deportivos— llegan con neveras, botanas, cambios de ropa y un entusiasmo por la convivencia... que suele desbordar los límites del buen juicio.

Nuestro protagonista, como buen sobreviviente, aprendió a cerrar las áreas comunes más deseadas: la alberca, la sala de fiestas y, por supuesto, el gimnasio. Así, los padres podían beber, platicar de sus glorias pasadas y sudar en los sillones del hotel, mientras sus hijos hacían travesuras lejos de su vista. Todo era parte de un plan estratégico para limitar el caos a una sola zona y facilitar la limpieza después. Como diría cualquier mexicano: “más vale prevenir que lamentar”.

El mar de traseros: una visión para la que nadie está preparado

Todo iba relativamente bien hasta que la comodidad se les subió a la cabeza… o mejor dicho, se bajó a los pantalones. Mientras el recepcionista revisaba sus cámaras de seguridad —ese “ojo digital” que todo lo ve, como las tías en la fiesta—, se topó de frente con una imagen digna de meme: la sala de ejercicios convertida en vestidor improvisado, repleta de esposas de jugadores cambiándose, de espaldas a la cámara, mostrando sin pudor un océano de glúteos pálidos.

“Respiré hondo, cerré los ojos esperando que el paisaje cambiara… pero no, seguía ahí la misma postal de traseros”, relató. ¿Quién necesita Netflix teniendo CCTV en temporada de hockey?

La comunidad de Reddit, por supuesto, no tardó en reaccionar con ingenio. Un usuario sugirió que lo único que faltaba era un sistema de altavoces para anunciar: “Atención, la desnudez está estrictamente prohibida en la sala de ejercicios. Repetimos: nada de nudismo, por favor”. Otro, más bromista, propuso: “Bienvenidos a la sala de ejercicios. Les recordamos que todo ingreso por streaming será para el hotel. ¡Las regalías no se comparten bajo ninguna circunstancia!” Imagínate la cara de las señoras si escucharan eso en pleno cambio de vestuario.

Señales, soluciones y humor: la creatividad para sobrevivir

Como buen latino, el recepcionista optó por la solución clásica: hacer un letrero y pegarlo justo debajo de la cámara, a la vista de todos, advirtiendo que el nudismo no está permitido. Eso sí, cruzando los dedos para que, entre tanta convivencia y brindis, alguien lo notara antes de volver a armar la función de “traseros al aire”.

Algunos sugirieron repartir volantes cada vez que alguien se acercara a la recepción: “Recordatorio: la sala de ejercicios está bajo vigilancia. Por su seguridad y privacidad, evite desnudarse aquí”. Hay quienes decían que, para que realmente lo entendieran, sería mejor entregar la advertencia junto con una foto borrosa de la escena, preguntando: “¿Cuál de estos traseros es el tuyo?”

No faltó el que comparó al recepcionista con Moisés, separando el “mar de traseros” para poder pegar su letrero de advertencia. Y, por supuesto, hubo quienes le desearon “una pronta recuperación” tras semejante espectáculo visual, porque hay imágenes que no se borran ni con tequila.

Reflexión final: consejos para el personal hotelero (y para los huéspedes)

Trabajar en hospitalidad en América Latina nos enseña que hay que tener paciencia, sentido del humor y, sobre todo, mucha creatividad para lidiar con lo inesperado. Ya sea la tía que se mete a la piscina con el vestido de gala o el grupo de papás que convierte la recepción en cantina, el secreto está en encontrar el lado cómico de la situación.

Así que, si la próxima vez en tu hotel ves llegar una “manada” de familias deportivas, prepárate: guarda las áreas delicadas, pon letreros claros y, si puedes, ten café fuerte a la mano. Y si eres huésped, recuerda: lo que pasa en la sala de ejercicios… ¡no siempre se queda en la sala de ejercicios!

¿Te ha tocado vivir algo así en tu trabajo? ¿Cuál es la anécdota más insólita que te ha dejado la atención al público? Cuéntanos en los comentarios y comparte este relato con ese amigo que cree que su empleo es el más raro del mundo.


Publicación Original en Reddit: I looked, and behold, a pale sea of butts.