Cuando el gandalla del súper se lleva todo el pollo… y la venganza es fría (como el congelador)
Todos los que vivimos en Latinoamérica sabemos lo que es ir al súper y toparnos con la clásica persona que, en cuanto ve una oferta irresistible, decide que el mundo gira alrededor de su carrito. Y ni hablar de la crisis de precios, donde hasta el pollo parece oro. Por eso, la historia de hoy, inspirada en un popular post de Reddit, nos hace reír, reflexionar… y hasta sentir un poco de satisfacción cuando la vida, aunque sea por un momento, pone a los abusivos en su lugar.
Imagina esto: llegas feliz al supermercado y encuentras una oferta que parece milagro—pollo a menos de un dólar la libra, con un límite de cuatro paquetes por persona. Te llevas uno, luego otro para el congelador, pero cuando regresas… ¡zas! Un señor está vaciando toda la fila de pollos, como si fuera a alimentar a un ejército. Y encima, cuando le comentas que tú también querías uno, te responde de mala gana y te dice que son para su perro. ¡Ni en las telenovelas!
El arte de la “venganza chiquita” en el súper
En nuestra cultura, siempre hemos sabido que la fila se respeta, el límite se cumple y, sobre todo, se comparte. Pero siempre hay uno que se pasa de listo. En la historia de Reddit, la protagonista no cayó en el juego del señor acaparador. Al contrario, con una sonrisa y mucha paciencia, buscó entre las bandejas y, como quien encuentra el último billete en el pantalón, sacó el último paquete de pollo en oferta.
Pero aquí viene lo bueno: al llegar a la caja, la protagonista hace la pregunta clave—“¿hay un límite para llevar pollo?”—y la cajera, después de revisar el folleto, confirma que sí, máximo cuatro por cliente. Todo, dicho en voz alta, para que los demás, y especialmente el "señor perro gourmet", se enteren. No hubo gritos, ni dramas, ni “Karenazos”—solo elegancia y un poco de picardía. Como decimos en México, “no hay peor ciego que el que no quiere ver… pero aquí todos nos dimos cuenta”.
Los recuerdos de infancia y los “Karens” de nuestro barrio
Lo curioso es que muchos en la comunidad de Reddit compartieron historias similares. Un usuario recordaba cómo su mamá, en los años de vacas flacas, era una experta en aprovechar ofertas y hasta discutía con los empleados del súper si el anuncio no decía “límite por cliente”. Otros, como el propio autor original, confesaron que, aunque sus propias madres también eran así, con los años aprendieron a ser más empáticos y evitar esos excesos. Es ese clásico sentimiento latino: sí, queremos ahorrar, pero tampoco queremos pasar por encima de los demás.
En Argentina o Colombia, todos conocemos a la tía que va al súper con la revista de ofertas en mano, lista para reclamar la promoción y, si puede, hasta se lleva al primo para que le vendan el doble. Pero, como bien dijo otro comentarista en Reddit, “hay quienes lo hacen como deporte y otros que solo buscan lo justo”.
¿Y al final, quién paga los platos… o el pollo?
Una de las reflexiones más interesantes vino de los propios empleados de supermercado. Alguien comentó que, muchas veces, cuando un cliente debe devolver todo lo que acaparó, no siempre regresa la mercancía al refrigerador y hasta puede echarse a perder. Aquí también aplica eso de “el flojo trabaja doble”—y la pobre cajera se lleva la peor parte. Otros decían que a veces los supervisores prefieren evitar el conflicto y dejan que el cliente se salga con la suya para no enfrentar un berrinche. ¿Te suena conocido? El “hazme un paro, jefe” de toda la vida.
Pero, aunque algunos pensaron que la venganza era más contra la cajera que el señor, la mayoría estuvo de acuerdo en algo: poner límites y hacerlos cumplir es clave para que todos tengan acceso a las ofertas, sobre todo en tiempos donde la canasta básica está por las nubes.
“Rain check”: el vale que aquí llamamos “se lo guardo, jefa”
Algo que llamó mucho la atención entre los lectores latinos fue el concepto del “rain check”—ese papelito que te da el súper en Estados Unidos cuando se acaba una oferta, para que regreses después y la aproveches. Aquí en Latinoamérica, aunque no es tan común, sí existe esa confianza de pedirle al encargado que te aparte el producto o te respete el precio. Un usuario explicaba que, si no hay más pollo en oferta, puedes pedir ese vale y volver otro día. Una idea que, sin duda, más de uno quisiéramos ver aplicada en nuestro barrio.
Conclusión: Que la astucia nunca falte… pero tampoco la solidaridad
Al final, esta historia nos recuerda que sí, todos queremos ahorrar y aprovechar las promociones, pero no se vale pasar sobre los demás. A veces, la mejor venganza es educada, discreta y… deliciosa. Así que la próxima vez que veas al clásico acaparador del súper, recuerda: una sonrisa, una pregunta al cajero y un poco de picardía pueden hacer justicia sin perder la elegancia.
¿Y tú, tienes alguna anécdota parecida? ¿Cuál ha sido tu “venganza chiquita” favorita en el súper? Cuéntanos en los comentarios y sigamos riéndonos juntos de esos personajes que hacen que ir por la despensa nunca sea aburrido.
Publicación Original en Reddit: Taking more than your share? Let me help with that.