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Cuando el flojo se moja: la pequeña venganza de una veterana en la tienda

Escena en 3D de caricatura de un equipo ocupado en una tienda de conveniencia durante un turno agitado.
En esta vibrante ilustración en 3D, nuestro equipo navega entre un torbellino de clientes y tareas en la tienda. Mientras SL maneja el caos, A y yo nos enfocamos en nuestras responsabilidades, y K se une a la acción durante un turno extra. ¡Es un retrato del trabajo en equipo bajo presión!

¿Quién no ha tenido ese compañero o compañera de trabajo que parece tener un doctorado en evadir el esfuerzo? Seguro, todos conocemos a alguien que, cuando el trabajo se pone pesado, misteriosamente desaparece: que si el baño, que si el teléfono, que si el primo enfermo. Pero en esta historia, protagonizada por una veterana en una tienda de conveniencia, la justicia cayó… ¡y con todo y aguacero!

Prepárate para reírte, identificarte y quizá hasta tomar nota para la próxima vez que un “K” de la vida quiera pasarse de listo en tu trabajo.

El arte de hacerse pato… y cómo sale caro

La historia la cuenta una empleada con años de experiencia —a quien podríamos llamar con cariño “la doña”— que trabajaba en una tienda de conveniencia cualquiera, de esas que hay en cada esquina de Latinoamérica y que se llenan hasta el tope en las horas pico. Era uno de esos días donde no se da abasto: clientes entrando y saliendo, el teléfono sonando, filas largas, y cuatro empleados luchando por mantener la calma.

Resulta que uno de los colegas, “K”, estaba haciendo un turno extra y, en vez de apoyar al equipo, decidió aplicar la clásica: le asignaron una tarea sencilla que debía tomar media hora, pero la estiró a casi dos horas, escondido en el baño, pegado al celular y haciéndose el invisible cada vez que los clientes se amontonaban en las cajas. Mientras tanto, la doña y su aliada “A” se partían el lomo sacando la chamba y cubriendo lo que este “K” dejaba tirado.

Karma: cuando el destino tiene sentido del humor

Pero, como dice el dicho, “el flojo trabaja doble”. Justo cuando pensaban que ya habían terminado, llegó el camión de mercancía: cajas pesadas, todo apurado, y el jefe de turno —el típico encargado que nunca para— organizando el caos. Normalmente, la doña habría ayudado con la descarga, pero ya estaba hasta la coronilla con la actitud de K. Así que, en un movimiento digno de telenovela, le sugirió al jefe: “Si K te ayuda con la descarga, yo puedo adelantar el escaneo que quedó pendiente ayer”.

No había forma de que “K” pudiera zafarse esta vez. Lo mandaron a recibir la entrega y, como si el universo hubiera escuchado las súplicas de todos los empleados responsables del mundo, en ese preciso momento se soltó un aguacero de esos que dejan empapado hasta el alma. “K” regresó hecho una sopa, agotado y con menos dignidad que cuando salió. Mientras tanto, la doña y “A” no ocultaban sus sonrisas cómplices detrás del mostrador.

Sabiduría de las doñas y lecciones para flojos

Lo mejor de esta historia es cómo la comunidad de Reddit se volcó en comentarios que resumen la sabiduría popular. Uno de los favoritos fue el equivalente a nuestro “Más sabe el diablo por viejo que por diablo”: “La edad y la astucia siempre le ganan a la juventud y la flojera”. Otro usuario, entre risas, escribió: “Nada como un buen aguacero para enseñarle a alguien lo que es la ética de trabajo”.

Y es que, en Latinoamérica, todos conocemos a esa “doña” que con una sola mirada te dice: “A mí no me vas a ver la cara”. Como comentó alguien, “los flojos creen que son astutos, hasta que el karma les cae como balde de agua fría”. ¡Literalmente!

No faltó quien imaginó a “K” quejándose en casa: “¡Mi jefe es un ogro y la vida es injusta!”. Pero la realidad es que en todos los trabajos hay quien quiere cobrar tiempo extra sin sudarla, y tarde o temprano la vida les cobra factura —a veces con lluvia incluida.

Entre risas y moralejas: la pequeña venganza que todos soñamos

Lo más bonito de esta historia es que no se trata de una venganza malintencionada. Es, simplemente, ese pequeño ajuste de cuentas que la vida —y a veces una doña astuta— pone en su lugar. No hubo gritos, no hubo dramas: solo una lección mojada y una sonrisa de satisfacción.

Como decimos por acá, “Al flojo, ni el agua le ayuda”. Y si tienes una doña en tu equipo, mejor no subestimes su experiencia, porque seguro ya tiene un plan B (y hasta C, D y E) para que el trabajo se haga… y para que los flojos aprendan que en equipo se trabaja o se moja.

¿Te ha tocado vivir algo parecido? ¿Cuál ha sido tu mejor “venganza chiquita” en el trabajo? Cuéntanos en los comentarios, porque seguro en cada tienda, oficina o taller hay una historia de estas esperando ser contada.

¡Hasta la próxima, y ojo con los flojos: el karma siempre llega, aunque sea en forma de lluvias torrenciales!


Publicación Original en Reddit: Co-worker wanted to take it easy when we were flat out