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Cuando el flojo del equipo terminó naufragando solo: Una dulce venganza en la escuela marítima

Ilustración de anime de un compañero de grupo perezoso en la escuela, representando los desafíos del trabajo en equipo.
En esta vibrante ilustración al estilo anime, vemos a un compañero de grupo perezoso enfrentando las consecuencias de sus acciones durante una presentación crucial. Esta escena captura la esencia de las luchas del trabajo en equipo y la importancia de la responsabilidad en el ámbito escolar.

En Latinoamérica, hay una frase muy popular que dice: “El flojo trabaja doble”. Y si alguna vez has hecho trabajos en equipo, sabes que siempre hay uno que se la vive rascándose la panza mientras los demás sudan la gota gorda. Hoy traigo una historia marinera que bien podría ocurrir en cualquier universidad de México, Colombia, Argentina o Chile, donde los “paracaidistas” abundan y la justicia, a veces, sí llega.

Esta historia viene desde una escuela de formación marítima, donde un grupo de estudiantes aprendió, a la mala, que en el barco nadie puede hacerse pato. Y que cuando el flojo quiere zafarse, la marea de la verdad lo termina ahogando…

El flojo de a bordo y el capitán con agallas

Todo empezó cuando el profesor, buscando que nadie se hiciera el vivo, armó equipos de cuatro para una exposición. ¿La diferencia? Cada equipo debía tener a alguien con experiencia real en altamar, de esos que ya pasaron por las olas y saben lo que es ganarse los callos con salitre. Nuestro narrador, además, era el único que tenía laptop – lujo que, en muchas escuelas latinoamericanas, es casi como tener un GPS en altamar.

La tarea no era complicada y el material estaba a la mano. Así que nuestro “capitán” repartió el trabajo con lógica, confiando en que todos cumplirían. Pero, como en toda buena historia de grupo, había uno que nomás no daba señales de vida. Mientras tres avanzaban con viento en popa, el cuarto se hizo el desaparecido: no respondía mensajes, no iba a las reuniones y, cuando lo hacía, era solo para poner excusas dignas de telenovela.

El colmo del descaro: excusas hasta el último minuto

En vez de avisar que necesitaba ayuda, el flojo prometía que “todo bien”, pero nunca entregaba nada. Y cuando finalmente mandó su parte, fue justo a la medianoche, a unas horas de la presentación. Para ese entonces, el líder ya había hecho su trabajo (y el del flojo), porque, como buen latino, sabe que confiar ciegamente puede ser receta para el desastre.

Aquí viene el plot twist: el líder no se quedó callado. Reunió todas las pruebas – mensajes, recordatorios, y hasta etiquetadas directas en el grupo de WhatsApp – y fue con el profe antes de la exposición. Nada de chismes a la espalda, aquí todo fue con pruebas, como buen “documentador”, al estilo de “papelito habla”.

El profesor, que no tenía ni un pelo de ingenuo, decidió postergar la presentación para que los responsables se prepararan mejor. ¿Y el flojo? Lo sacó del equipo y le puso un nuevo trabajo, solo y sin salvavidas.

La lección: “No es sabotaje, es documentar” (y todos lo vieron)

Uno de los comentarios más celebrados en el foro fue: “No lo saboteaste, lo documentaste. Hermosa diferencia. Toma capturas de todo, a la flojera no le gusta el rastro de papel”. Si alguna vez has tenido que defenderte ante un jefe o maestro latinoamericano, sabes que tener pruebas es más valioso que oro.

Otro usuario resumió la situación con humor negro: “No quisiera ese tipo a cargo de un barco. Quizá por eso terminó fuera…”. Y es que, como bien se dijo en los comentarios, en el mar (y en la vida), nadie quiere confiarle su seguridad a alguien que no sabe ni entregar una tarea a tiempo.

Hasta hubo quien, con ese humor tan nuestro, escribió: “Cuando me muera, quiero que mi equipo esté en mi funeral, para que me dejen caer una vez más”. Porque, aceptémoslo, todos hemos tenido a ese compañero que solo carga el café… si acaso.

El propio narrador confesó que en su primer año quizás no habría tenido el valor de enfrentar la situación, pero un año en altamar lo hizo subir el nivel: “Parece que pasar un año en el mar sí te da agallas”. Y vaya que se notó.

¿Y si esto pasara en una oficina latinoamericana?

Muchos lectores señalaron que este tipo de personajes no solo existen en la escuela, sino en cualquier empresa de América Latina. Siempre hay quien se esconde detrás de excusas, esperando que otros le cubran el trabajo. Pero, como bien apuntó otro comentario, en el mundo laboral algunos flojos sobreviven solo porque saben “besar las botas adecuadas”. Aunque, por suerte, en este caso no hubo jefe alcahuete que lo salvara.

Incluso hubo quien mencionó que las instituciones militares suelen hacer estos escarmientos en público para que todos vean que las reglas sí se cumplen. Y aunque no todos somos fanáticos de la disciplina militar, a veces en la escuela o el trabajo haría falta un poquito de esa mano firme.

Moraleja: En el barco y en la vida, el flojo siempre se hunde

Esta historia nos deja claro que en Latinoamérica, donde la viveza criolla a veces se confunde con flojera, el trabajo en equipo puede ser un campo minado. Pero también que, con pruebas y buena comunicación, hasta el más hábil para evadir puede terminar solo, haciendo su tarea desde cero.

Así que, la próxima vez que tengas un compañero flojo, acuérdate de este cuento marinero: documenta todo, mantén la cabeza fría y no temas hablar con la verdad. Porque al final, el flojo termina trabajando doble… o naufragando solo.

¿Te ha pasado algo parecido en la universidad o en el trabajo? ¿Cómo lidias con los “paracaidistas” del grupo? ¡Cuéntanos tus anécdotas y consejos en los comentarios!


Publicación Original en Reddit: A lazy groupmate getting what he deserve