Cuando el flojo de la oficina prueba su propia medicina: la dulce venganza de un descanso bien tomado
En todos los trabajos siempre hay esa persona que parece haber perfeccionado el arte de no hacer nada. Sí, ese personaje que se las ingenia para esfumarse justo cuando hay más trabajo o que mágicamente estira sus descansos como si fueran chiclosos. ¿Te suena familiar? Seguramente pensaste en alguien de tu oficina, tienda o incluso escuela. Hoy te traigo una historia que se volvió viral porque muestra cómo la paciencia tiene un límite… y la venganza, cuando es pequeña y bien ejecutada, puede saber a gloria.
El compañero flojo: un clásico latinoamericano
En el relato original, publicado por una usuaria en Reddit, la protagonista trabaja en una pequeña residencia de cuidado, algo así como un hogar para adultos mayores o personas con discapacidad. Allí, la regla es clara: siempre debe haber al menos dos empleados presentes para garantizar la seguridad de los residentes, que en su mayoría utilizan silla de ruedas y requieren apoyo constante.
Pero aquí entra Brian, el típico compañero que todos conocemos: flojo, con mil trucos bajo la manga para hacer lo mínimo indispensable y, para colmo, el primero en apuntarse a los turnos extras por el dinero… sin ganas de esforzarse más de la cuenta. ¿El resultado? Mientras los residentes descansan en la tarde y se supone que ambos empleados deben coordinar sus horas de comida, Brian —bien abusado— se toma una hora y media de descanso, dejando a la protagonista con apenas 30 minutos libres y una montaña de trabajo esperando.
Como diría cualquier abuelita latina: “¡El colmo con este muchacho!”
La gota que derramó el vaso… y la venganza bien servida
Después de varias ocasiones soportando la misma historia, la protagonista decidió que ya era suficiente. Al ver que Brian, otra vez, se tomó hora y media de descanso, ella fue directamente con el gerente para anunciar que ahora le tocaba su propio break… y que Brian se encargaría de todo lo pendiente: levantar a los residentes, ayudarles a refrescarse, preparar bebidas y, por supuesto, cocinar la cena.
¿El resultado? Cuando regresó de su merecido descanso, encontró a Brian sudando la gota gorda, con cara de “se me fue el tren” y al borde del colapso mientras intentaba cocinar y atender a todos. ¡Ahora sí sintió el rigor del trabajo que tanto esquivaba!
La comunidad de Reddit no tardó en reaccionar. Un usuario comentó, adaptándolo a nuestro lenguaje: “¡Bien hecho! Que Brian pruebe de su propia medicina, aunque lo dudo que aprenda la lección… pero nunca se sabe, a veces la vida sorprende.” Otro incluso sugirió aumentarle el nivel de dificultad: “Si mañana repite lo mismo, la cena será una receta más complicada. ¡Eso sí será justicia poética!”
Lecciones laborales y cultura del aguante
En el mundo laboral latinoamericano, donde el compañerismo y la solidaridad son valores muy apreciados, este tipo de actitudes suelen caer muy mal. Todos conocemos al que quiere sacar ventaja, pero también al que termina cargando el trabajo ajeno por no querer problemas. Sin embargo, como bien señala la protagonista, hay un límite: “No habría recurrido a la venganza si algún residente estuviera en riesgo. La única persona que sufrió fue Brian, porque por fin le tocó trabajar de verdad”.
Algunos usuarios preguntaron por qué el gerente no intervenía. Aquí, muchos lectores se sintieron identificados: “¿Gerente que realmente gerencie? ¡Por favor!” comentó uno, con ese humor tan nuestro que combina sarcasmo y resignación. Otro recomendó llevar un registro escrito de todas las veces que Brian se pasa de listo, porque uno nunca sabe cuándo se puede necesitar esa evidencia, sobre todo si el flojo quiere voltearte la tortilla.
Y, como en toda oficina latina, no faltó quien sugiriera hacerle “la ley del hielo” o avisarle de frente, pero la protagonista prefirió algo más elegante: dejar que la realidad —y el cansancio— hablen por sí mismos.
¿Qué harías tú en su lugar?
Esta historia resonó porque, más allá del chisme sabroso, toca fibras sensibles: la justicia en el trabajo, el respeto por el tiempo de los demás y la importancia de poner límites. En muchas oficinas, tiendas o incluso en la familia, siempre hay un Brian… y tarde o temprano, alguien decide que ya basta.
Así que, la próxima vez que tu “Brian” intente pasarse de listo, recuerda: no hay nada más efectivo que dejar que la vida le cobre la factura. Y tú, ¿has tenido que lidiar con un compañero así? ¿Cuál ha sido tu pequeña venganza o método para poner orden? Cuéntanos tu experiencia abajo, porque en Latinoamérica, si algo nos sobra, son anécdotas de trabajo y creatividad para sobrevivir.
¡Nos leemos en los comentarios!
Publicación Original en Reddit: Taking my break