Cuando el filtro social brilla por su ausencia: la historia del Kevin que perdió su chamba
¿Te ha tocado ese compañero de trabajo que parece estar en modo “troll” 24/7, incapaz de leer el ambiente y que cree que todo es chiste? Pues si nunca has topado uno, déjame contarte la historia de Kevin, un personaje que, por no tener ni tantita pena ni filtro, acabó perdiendo la chamba en un cine. Y sí, la anécdota es tan sabrosa como para comentarla en la hora del café o mientras esperas la tanda del cine con tus cuates.
Porque, la neta, todos hemos conocido a alguien así: el que cree que hacerte enojar es divertido, que sus bromas “picantes” son lo máximo, y que ni los jefes se lo aguantan. Pero, ¿qué pasa cuando ese “Kevin” cruza la línea una y otra vez? Aquí te cuento cómo una serie de metidas de pata, y una broma de mal gusto, terminaron por romper el saco de la paciencia y le pusieron boleto de salida.
El compañero que nunca entiende indirectas
Todo empezó en un cine donde nuestro narrador y Kevin trabajaban como acomodadores. Desde el principio, Kevin era de los que no paran de hablar de sus videojuegos favoritos, Star Wars, o de cualquier tema geek, y no había poder humano que le hiciera cambiar de tema si no querías. Pero lo que de verdad lo volvía insoportable era su risa burlona y esa manía de querer sacar de quicio a los demás con comentarios fuera de lugar.
Un día estaban limpiando una sala y, por ser bajita, la narradora prefería una escoba corta para barrer. Kevin, con su eterna cara de “ya la hice” y sonrisa de sabelotodo, soltó la joya: “JAJA, eso es lo que ella dijo” (“that’s what she said”, para el que ubique el meme gringo). Imagínate la escena: ella, con las manos adoloridas de tanto barrer, y el otro creyendo que era el alma de la fiesta con su chistecito de doble sentido.
Cuando la narradora le dijo que estaba hablando en serio, Kevin siguió insistiendo con su broma, como si fuera la gran cosa. No sólo no se disculpó, sino que lo volvió a repetir, mostrando cero empatía y cero madurez. Si esto hubiera pasado en una oficina mexicana, seguro más de uno ya le hubiera dado su “estate quieto” verbal, porque aquí sí nos sabemos poner límites cuando alguien se pasa.
El historial de “cagadas” de Kevin
Pero ojo, este episodio fue solo la gota que derramó el vaso. Kevin ya venía con fama de hacer enojar a la gente solo por diversión. Muchos compañeros le habían reclamado antes porque:
- Hacía lo contrario a propósito cuando alguien le pedía ayuda, solo para verlos molestos.
- Le sacó el dedo a un cliente durante una carne asada de empleados; todo frente al jefe.
- Cargaba la escoba al hombro y casi le sacaba un ojo a los compañeros, desoyendo las reglas del cine.
- Preguntaba una y otra vez sobre sables de luz como si la vida dependiera de eso, hasta que los demás le rogaban que parara.
- Y para rematar, se tragaba las botanas como si fuera el Monstruo Comegalletas, haciendo ruidos y mirando a ver si alguien se molestaba.
No faltó quien dijera en los comentarios del post original: “Esto no es un Kevin despistado, es un bully de manual”. Y tienen razón. En Latinoamérica le diríamos “gandalla”, “buscapleitos” o, simplemente, “pesado”. Otro opinó que este tipo de personas solo aprenden cuando se topan con alguien que sí les pone un alto.
¿Broma o acoso? El debate cultural
Algo que surgió mucho en los comentarios fue el debate sobre si el chiste de Kevin era acoso sexual o sólo una broma tonta. En nuestra cultura, aunque a veces seamos más relajados con el humor, cada vez hay más conciencia de que los dobles sentidos y chistes sexuales en el trabajo pueden incomodar y cruzar líneas. Como bien comentó una persona: “No importa la edad, el contexto es lo que cuenta. Si la broma incomoda, ya no es chistosa”.
Al final, la narradora reportó el incidente a sus jefes. Resulta que no era la primera que se quejaba de Kevin. Ya lo habían advertido varias veces y, como suele pasar, la acumulación de incidentes acabó en despido. Ese día, los managers lo acompañaron hasta la puerta y le dijeron adiós con una mano… y probablemente con un suspiro de alivio.
Algunos en el hilo de Reddit se preguntaban si no sería que Kevin tenía algún problema para captar señales sociales. Y sí, el propio Kevin había dicho que tenía autismo, pero eso no fue excusa suficiente: una cosa es tener dificultades sociales y otra usarlo para justificar ser un “tira broncas” profesional, como señaló la autora del post.
¿Qué nos deja esta historia? (Y por qué todos tenemos un Kevin cerca)
En resumen: el ambiente laboral es como una familia disfuncional, pero hasta en la familia hay reglas. En Latinoamérica, nos gusta el relajo, pero también sabemos cuándo parar y respetar. Si tienes un compañero así, lo mejor es hablarlo claro con recursos humanos o tu jefe, porque si no, el ambiente se envenena y, como diría la abuela: “El que no escucha consejos, no llega a viejo… ni a la quincena”.
¿Tienes tu propia anécdota con un “Kevin”? Cuéntala en los comentarios, ¡y que no se te pase compartir este relato con esos amigos que no tienen filtro! Recuerda: una buena broma une, pero un mal chiste puede costarte la chamba.
¿Tú qué opinas, banda? ¿Se vale reportar por un chiste de doble sentido, o crees que la cultura laboral está cambiando para bien? ¡Nos leemos abajo!
Publicación Original en Reddit: No filter = no employment Kevin