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Cuando el exceso de orden se convierte en pecado mortal en la oficina

Mesa de bocadillos ordenada con tazones, servilletas y etiquetas para una reunión de equipo, mostrando la perfección del snack bar.
¡Descubre el arte de la perfección en la mesa de bocadillos! Esta imagen fotorrealista captura la mejor disposición para una reunión de equipo, donde cada detalle—desde los tazones pequeños hasta las etiquetas adorables—refleja un compromiso con la organización. ¡Pero a veces, tanta perfección puede levantar sospechas!

¿Alguna vez sentiste que ponerle ganas de más a tu trabajo es visto como algo... malo? Bueno, prepárate para reír (y quizá identificarte) con esta historia de oficina que demuestra que, a veces, en el mundo laboral latinoamericano, el caos es el rey y el esfuerzo extra, el villano.

Imagínate la escena: pasaste media hora dejando la mesa de snacks para la junta impecable. Todo alineado, servilletas apiladas, etiquetas lindas para cada botana. Pura perfección. Llega tu jefe, mira, hace cara rara y solo dice: “Hmm… no sé, siento que está demasiado… organizado.” Y de pronto entra el típico colega, Robert, y ¡pum! Vuelca una caja de galletas, papel por todos lados, migajas volando, parece piñata en fiesta infantil… ¿Y qué dice el jefe? Nada. Ni una palabra. Y tú te quedas pensando: ¿será que el esfuerzo en la oficina es puro cuento chino?

La mesa de snacks: campo de batalla de la cultura laboral

En muchas oficinas latinoamericanas, la mesa de comida durante las reuniones es casi sagrada. Es ese oasis al que todos le echan el ojo desde que llegan, esperando ver si hay algo más que café de máquina y unas galletas María. Pero, ¿qué pasa cuando alguien decide ponerle todo el corazón y creatividad?

El caso de Nammmieee (la persona que compartió esta historia en Reddit) es el ejemplo perfecto: dedicó media hora de su vida a que todo se viera digno de Instagram. Pero, como dicen por acá, “El que mucho abarca, poco aprieta”. Mientras ella buscaba la perfección, su jefe solo vio exageración.

Y aquí viene lo chistoso: el buen Robert, con su estilo “vale todo”, llegó a hacer un desastre digno de una fiesta de fin de año y nadie le dijo nada. Una situación muy típica de nuestras oficinas, donde a veces el esfuerzo se castiga y la mediocridad se aplaude.

Cuando el trabajo extra se convierte en problema

Uno de los comentarios más aplaudidos en Reddit fue: “Irónicamente, ¿la junta era sobre la importancia de ser detallistas y minuciosos, verdad?” ¡Un clásico! En muchas empresas siempre exigen excelencia, pero cuando alguien la muestra, resulta incómoda. Pasa mucho en Latinoamérica: si eres muy meticuloso, te tachan de intenso o de “hacerle al jefe”.

Otro usuario comentó algo que no puede ser más cierto: “No pierdas tiempo limpiando la pocilga antes de echar la comida”. En otras palabras, a veces el esfuerzo extra en cosas que no son esenciales solo te roba energía y nadie lo aprecia. ¿Te suena familiar? Es como cuando en la universidad te matabas haciendo la portada perfecta para el trabajo en grupo, y al final todos recordaban solo la exposición (o la pizza que llevaron).

Y, por supuesto, no faltó quien resumió el sentir de todos: “¡TÚ eres la razón por la que no podemos tener cosas bonitas, Robert!” ¿Quién no tiene o tuvo un “Robert” en su oficina, escuela o familia? Ese personaje que hace todo al aventón y, por alguna razón, nunca lo regañan.

¿Por qué el caos es tan bienvenido en nuestras oficinas?

En el fondo, muchos jefes y colaboradores en Latinoamérica valoran la practicidad y la “buena onda” sobre la rigidez y el perfeccionismo. Hay una frase popular: “Lo bueno, si breve, dos veces bueno.” Y si es gratis, mejor. La mesa de snacks en una junta no es para presumir, sino para comer rápido y regresar al trabajo.

Pero, ojo, esto no quiere decir que el esfuerzo no valga la pena. Más bien, hay que saber dónde ponerlo. Como bien dijo otro usuario: “No te quemes, no les debes nada, tu salario no mejora si das el 50% o el 100%.” En otras palabras, en la vida laboral hay que aprender a medirle el agua a los camotes.

Además, como sugirió alguien más, si alguna vez llega el “gran jefe” y pregunta por qué todo está hecho un desastre, ¡ten una foto de cómo lo dejaste de bonito! Así, por lo menos te salvas del regaño y dejas claro que tú sí pusiste de tu parte.

¿Y entonces? ¿Esfuerzo o relax?

Esta historia nos deja una gran lección: en la oficina, como en la vida, hay que encontrar el balance. No se trata de ser un robot de la perfección ni una bola de caos ambulante como Robert. La clave está en saber cuándo lucirse y cuándo dejar que las cosas fluyan (y las migajas caigan donde tengan que caer).

Y, sobre todo, no tomarse tan en serio los comentarios de los jefes. Como decimos en México: “No hay que sudar calenturas ajenas.” Si a ti te da felicidad ver la mesa bonita, hazlo por ti, no por los demás. Y si algún día te critican por hacerlo demasiado bien, pues sonríe… y sírvete otra galleta (antes de que Robert las desaparezca todas).

Conclusión: ¿Tú eres de los que organizan o de los que avientan?

¿Te ha pasado algo parecido en tu trabajo, escuela o incluso en reuniones familiares? ¿Eres de los que ponen todo en orden o del equipo “que sea lo que Dios quiera”? Cuéntanos tu historia, comparte tus anécdotas y, si tienes un Robert en tu vida, ¡etiquétalo para que vea que no está solo!

La vida laboral latinoamericana está llena de estas pequeñas batallas de orden y caos. Al final, lo importante es encontrar tu lugar… y no dejar que nadie apague tus ganas de hacer las cosas bien. ¿Tú qué opinas?

¡Déjanos tu comentario y que viva el snack libre (pero con servilletas, por favor)!


Publicación Original en Reddit: So this happened