Cuando el espíritu navideño se va al diablo: la peor experiencia en una juguetería
Todos sabemos que trabajar en atención al cliente es como subirse a la montaña rusa sin saber si vas a salir riéndote, llorando o ambas al mismo tiempo. Pero si hay un lugar donde la locura se multiplica, es en las jugueterías en Navidad. Imagínate: luces, villancicos, filas interminables, niños hiperactivos y adultos al borde del colapso. Ahora, súmale a eso un cliente que parece salido de una telenovela de suspenso. Esta es la historia de cómo, en plena época navideña, un empleado terminó viviendo un episodio digno de contarle a los nietos... o al psicólogo.
El caos navideño: juguetes, estrés y clientes con poca paciencia
Si alguna vez has puesto un pie en una tienda durante diciembre, entenderás que el ambiente es tan tenso como una final de fútbol entre Argentina y Brasil. El protagonista de esta historia trabaja en una juguetería local, muy famosa en su ciudad. Justo a una semana de Navidad, cuando el estrés está por las nubes y la clientela parece multiplicarse por arte de magia, le tocó vivir uno de esos momentos que te hacen cuestionar tu amor por los juguetes... y por la humanidad.
Todo iba más o menos normal (si es que lo normal existe en una tienda llena de niños y adultos desesperados), cuando de repente, un señor de unos 65 años entró hecho una furia, buscando mesas para rompecabezas. Hasta ahí, todo bien. Pero lo que nadie esperaba es que este señor, sin más ni más, ¡agarrara al empleado por los hombros y lo sacudiera como si fuera un muñeco de trapo! Y todo porque necesitaba con urgencia una mesa para armar rompecabezas. El pobre empleado, entre el susto y la indignación, le dijo que no había (cuando en realidad sí había), solo para ver si así el tipo se iba y lo dejaba en paz.
Pero claro, el señor no se dio por vencido. Siguió preguntando por rollos de rompecabezas, cajas, y cualquier cosa relacionada, mientras sacudía al empleado como si estuviera tratando de sacar el premio mayor de una piñata. Al final, el tipo, frustrado, le escupió cerca (¡sí, leyó bien!) y soltó algo en québécois que ni las abuelas chismosas pudieron descifrar antes de salir hecho una tromba de la tienda.
Reacciones: entre la empatía y el meme
Después del susto, los compañeros del empleado no tardaron en rodearlo para darle ánimo y prometer que, si ese señor volvía, lo echarían sin dudar. La comunidad de internet, como era de esperarse, no tardó en opinar. Hubo quienes, como el usuario que comentó “¡Hermano, respira!” (en referencia al caos de la situación y, de paso, a la falta de puntuación en el relato original), pusieron un poco de humor en el asunto. Otros, con esa sabiduría de barrio, aconsejaron: “La próxima vez que alguien te ponga la mano encima, míralo fijamente y dile que tiene un segundo para soltarte o le das un rodillazo donde más le duele.” Y aunque suene extremo, cualquiera que haya trabajado de cara al público sabe que hay clientes que parecen olvidar los modales y hasta las leyes de convivencia básica.
Por supuesto, también hubo quien dudó de la historia: “Eso de que te agarró y te sacudió... mmm, no sé si creerte.” Pero el protagonista aclaró que, lamentablemente, no era una exageración. Incluso confesó que ahora salta del susto cada vez que un compañero le toca el hombro, y que el relato le salió así de atropellado porque lo escribió estando “bien frito” (digamos, en un estado... poco sobrio).
Algunos usuarios, mostrando empatía, señalaron que hay personas mayores que pueden estar lidiando con problemas de salud mental, como demencia, y que a veces eso se refleja en su comportamiento. Pero eso no quita que un límite es un límite, y nadie debería tolerar agresiones en el trabajo.
¿Qué hacer cuando te toca el cliente "poseído"?
En América Latina, todos conocemos al famoso “cliente difícil”, ese que parece que se levantó con el pie izquierdo y decidió desquitarse con el primer trabajador que se le cruzó. La clave, como recomiendan muchos, es mantener la calma (aunque por dentro estés haciendo la señal de la cruz), buscar ayuda de los compañeros y, si la cosa se sale de control, pedir apoyo a seguridad o incluso a las autoridades si es necesario. No hay juguete, aguinaldo ni propina que justifique aguantar malos tratos.
Como bien dijo uno de los comentaristas, hay que recordar que algunas personas no están bien y que sus acciones están fuera de lo razonable. Pero también es cierto que, en el fondo, todos merecemos respeto, sobre todo cuando estamos ahí, al pie del cañón, tratando de que la Navidad de los demás no se convierta en pesadilla.
Reflexión final: historias para contar... y para aprender
Esta historia, más allá de lo increíble y hasta gracioso que puede sonar en retrospectiva, nos recuerda que trabajar en atención al cliente es una verdadera prueba de paciencia y temple. En América Latina, donde el trato cercano es la norma y el “¿en qué le puedo ayudar, jefe?” nunca falta, conviene recordar que nadie debe aguantar faltas de respeto, venga de quien venga.
Así que, si alguna vez te ha tocado un cliente que parece haber olvidado el espíritu navideño (y el sentido común), ¡cuéntanos tu anécdota! ¿Tienes alguna historia igual de loca? ¿Qué harías tú si te toca un cliente así? Déjanos tus comentarios y sigamos compartiendo estas historias que, al menos, nos sacan una carcajada y nos hacen sentir menos solos en la jungla del retail.
¡Feliz Navidad y que el próximo cliente solo te sacuda... pero de la risa!
Publicación Original en Reddit: new to sub here’s my worst story