Cuando el espíritu navideño se sostiene con café y resignación: La odisea del árbol en la recepción
¿Alguna vez sentiste que tu trabajo era invisible hasta que alguien lo desarma en un santiamén? Eso le pasó a un recepcionista de hotel que, sin quererlo, se convirtió en el responsable de la decoración navideña. Y lo que comenzó como una misión de buena voluntad, terminó siendo un recordatorio de que en la vida laboral, a veces ni Santa Claus puede salvarte del jefe.
En Latinoamérica, todos sabemos lo que es que te “carguen el muerto” en la oficina: ese trabajo extra que nadie pidió pero que, por no decir que no, termina siendo tuyo. Así arrancó esta historia: con horas recortadas, turnos exprimidos al máximo y el ambiente de “fiesta” sostenido a punta de cafeína y miradas resignadas. Porque sí, la Navidad llega hasta el lobby… pero el verdadero milagro es llegar a enero sin perder la paciencia.
El árbol, la cinta y el arte de fingir alegría
Como buen latino, nuestro protagonista no se raja. Aunque los turnos se achican más que salario en quincena larga, cuando le toca estar en la recepción, lo da todo. ¿Resultado? Los huéspedes felices, buenos comentarios y una decoración que, aunque sencilla, tenía ese toque de “nos importa, pero tampoco nos vamos a desvivir”.
Y como pasa en cualquier oficina hotelera —o cualquier trabajo, la verdad—, quien no protesta termina con la tarea. Así, sin buscarlo, este recepcionista se encontró encargado de armar el árbol navideño. Pidió lo básico: árbol, esferas, cintas. Nada de excesos ni luces que parecen feria patronal, sólo lo justo para que el lobby se viera decente.
El verdadero show empezó cuando el árbol salió de la caja: más desaliñado que resaca después de posada. “Lo que sea el equivalente de ‘pelo de almohada’ en un árbol, esto lo tenía, ¡y feo!”, relata. Y ahí estuvo, 45 minutos esponjando ramas mientras contestaba llamadas y le daban el clásico “¿y si lo pones más pa’ la derecha?” de los huéspedes mirones.
Pero lo más difícil no fue eso, sino lograr que la cinta quedara en espiral perfecto, ese toque que parece fácil, pero que cualquier latino que haya puesto guirnaldas sabe que es un arte de paciencia. El tip del día: ¡spray para el cabello! Sí, como la abuela para el copete, pero en cinta navideña.
Al final, el resultado fue digno de portada de tarjeta navideña. Los huéspedes lo notaron, incluso le mandaron mensaje: “El árbol quedó de lujo, ¡que nadie lo toque!”. Y ahí, entre risas y orgullo, nuestro héroe sintió ese logro fugaz que sólo conocemos quienes servimos a los demás: satisfacción mezclada con sospecha.
Cuando tu esfuerzo termina en la fiesta del jefe
Pero como dice el meme: “La vida no es como la ves en las novelas”. Después de unos días libres y con planes de agregar detalles finales, el recepcionista volvió al trabajo… y se encontró con el árbol hecho un desastre. Faltaban adornos, la cinta colgaba como si la hubiera atacado un gato, los regalos falsos desaparecidos y la estrella… ¡chueca!
¿Qué ocurrió? Resulta que hubo fiesta de empresa de último minuto y, en vez de usar sus propios adornos, los jefes vaciaron el lobby y se llevaron TODO para decorar el salón. Todo el trabajo, la organización y hasta la paciencia, reventados en tres horas de “convivio” donde ni lo invitaron. Y como buen latino, a seguir sonriendo, atendiendo huéspedes y contestando con amabilidad, aunque por dentro sólo quieras ponerle candado al árbol.
Una de las frases más comentadas en Reddit fue: “El espíritu navideño está presente, aunque sea sostenido con cafeína y resentimiento silencioso”. Cuántos no nos hemos sentido así en diciembre, ¿verdad? Otro usuario, recordando una serie británica, resumió la indignación: “La gente… qué bola de desgraciados”. Y es que no hay nada más universal que ver tu esfuerzo ignorado y deshecho en segundos.
Reflexiones de una comunidad: ¿Por qué no valoramos el trabajo ajeno?
Muchos lectores compartieron historias similares: desde la secretaria que prestaba las decoraciones para bodas hasta la que decidió no volver a ofrecerlas porque nadie las regresaba bien. “¿Por qué hay tanta gente que no respeta el trabajo ni las cosas de los demás?”, preguntó una usuaria indignada. Y es que, en Latinoamérica, todos conocemos a ese compañero que cree que las cosas aparecen por arte de magia y no porque alguien se desveló poniéndolas bonitas.
Otros sugirieron cobrar depósito o simplemente dejar de ofrecer ayuda. Como bien dijo otro lector: “Ahora tienes excusa para decir no el próximo año”. Y es que, como en las familias mexicanas o argentinas, donde la abuela dice “si no lo cuidan, no lo vuelvo a hacer”, el consejo es claro: poner límites y cuidar el propio esfuerzo.
Hasta hubo quien recordó a su esposa judía decorando mejor la oficina en Navidad que los católicos, y cómo al final, el karma puso todo en su lugar. Porque, aunque no lo creas, la vida siempre da vueltas.
No todo está perdido: el orgullo de saber que hiciste lo correcto
Al final, lo único que quedó fue una caja llena de luces enredadas, adornos rotos y ni un “gracias”. Pero también la lección de que, aunque a veces nuestro trabajo pase desapercibido, lo hicimos bien. Como le dijo la compañera del café al ver el árbol destrozado: “¿Lo tocaron, verdad?”. Y con un nudo en la garganta, el recepcionista respondió: “Sí… pero sigue de pie”.
Quizá esa sea la verdadera moraleja navideña para quienes trabajamos de cara al público: no hay que esperar aplausos, pero sí podemos sentirnos orgullosos de lo que hacemos, aunque nadie lo note. Y si algún día te toca organizar la fiesta, recuerda: cuida el árbol, cuida el esfuerzo… ¡y no toques lo que no es tuyo!
¿Te ha pasado algo parecido en tu trabajo? ¡Cuéntanos tu anécdota y comparte este blog con ese compañero al que siempre le “encargan” todo! Porque, al final del día, todos merecemos que nuestro esfuerzo sea valorado, aunque sea sólo por quienes sí saben lo que cuesta.
Felices fiestas, y que este año tu árbol siga de pie… y sin que lo toquen los jefes.
Publicación Original en Reddit: Fluff, Spiral, and Ruin - A holiday Tale