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Cuando el escándalo de chinches terminó en algo mucho más incómodo en la recepción del hotel

Hombre mayor en un vestíbulo de hotel, hablando preocupado sobre picaduras de chinches en la ingle.
En esta ilustración cinematográfica, un hombre mayor expresa su frustración en un concurrido vestíbulo de hotel por misteriosas picaduras de chinches que solo le afectan en la ingle. ¿Cuál podría ser la verdadera causa de su malestar?

Cualquiera que haya trabajado en la recepción de un hotel sabe que ahí se escuchan historias para no dormir. Pero hay días en que la realidad supera a la ficción y uno tiene que respirar hondo para no soltar la carcajada (o el grito). Hoy les traigo una anécdota que, si no fuera por los testigos, parecería inventada: un señor mayor que armó tremendo escándalo en la recepción, convencido de que las chinches del hotel solo lo atacaban en la entrepierna… y quería la habitación gratis.

El cliente siempre tiene la razón… ¿o tiene cangrejos?

Imaginen la escena: recepción llena, gente haciendo check-in, otros preguntando por recomendaciones de restaurantes, y de repente, don Armando (nombre ficticio para proteger al inocente… y a los cangrejos) comienza a gritar que en el hotel hay chinches que solo lo pican en la zona de la ingle. Sí, leyeron bien, ¡solo ahí!

El personal, con esa mezcla de profesionalismo y pánico que caracteriza a los que trabajan cara al público, intentó calmarlo. No solo para evitar que el resto de los huéspedes entraran en modo “histeria colectiva”, sino también para ahorrarle al hombre la pena de que alguien sugiriera en voz alta: “Señor, eso suena más a ladillas que a chinches”.

Uno de los usuarios en la comunidad de Reddit lo resumió con humor muy latino: “Las chinches no solo atacan la zona baja… ese señor tiene cangrejos, ¡pero no de los que se comen con limón!”. Y la verdad, la mayoría coincidió: las chinches no discriminan, donde hay piel, ahí van. Pero la zona de la ingle, llena de vello y difícil acceso, no es precisamente su lugar favorito. Un dato curioso que aportó otro usuario es que las chinches evitan zonas peludas; así que la teoría de don Armando se cae más rápido que un boleto de rifa en feria.

Entre chinches, ladillas y otras criaturas de hotel

No faltó quien, con picardía, sugiriera: “¿Y si el señor hace esto en cada hotel para que le regalen la habitación? Al fin y al cabo, nadie se va a poner a revisar esa zona y la gente se incomoda solo de pensarlo”. A veces la creatividad para conseguir descuentos es digna de un premio… o de un buen regaño.

Otros usuarios aportaron información interesante sobre bichos que pueden confundirse con chinches, como los “carpet beetles” (escarabajos de alfombra). Según comentaron, estos no pican, pero sus larvas pueden causar reacciones alérgicas que parecen picaduras. Aunque, como aclaró el recepcionista original: “Aquí no es zona desértica, ¡y mis compañeros solo decían ‘guácala’!”.

No faltó el clásico comentario de humor negro: “Suena a que el hotel necesita filtrar mejor a sus trabajadoras nocturnas”, o el que recordó aquel huésped que reclamó porque encontró una piedra en la salsa… y resultó ser su propio empaste dental. Cosas que solo pasan en la recepción de un hotel.

Cuando la vergüenza ajena se mezcla con la empatía

A pesar del bochorno, el supervisor decidió regalarle la noche a don Armando. No fue por miedo, ni porque tuvieran chinches, sino porque a veces la discreción y la paz en el lobby valen más que una habitación. Como dirían en México: para evitar el “pancho”, mejor darle el avión al cliente.

Eso sí, entre los empleados corría el mismo pensamiento: “Señor, mejor vaya al doctor… que aquí no le podemos recetar nada para eso”. Y no faltó quien opinara: “Si tan solo se bañara bien, ¡seguro las picaduras se le repartirían parejito por brazos y piernas!”. Lo cierto es que, aunque la anécdota da risa, también nos recuerda que a veces la gente prefiere culpar a las chinches antes que enfrentar problemas más personales (y picantes).

Reflexión final: historias que solo se cuentan en la recepción

Trabajar en la recepción de un hotel en Latinoamérica es como ser psicólogo, mediador de conflictos, y a veces, hasta detective. Hay que tener paciencia para atender todo tipo de quejas, desde la señora que jura que el aire acondicionado le robó los calcetines, hasta el señor que le echa la culpa a las chinches de lo que parece una fiesta de ladillas.

¿Moraleja? Antes de hacer un escándalo en la recepción, más vale ir al médico. Y si eres recepcionista, nunca subestimes el poder de la diplomacia… ni la creatividad de algunos huéspedes.

¿A ti también te ha tocado vivir historias insólitas en hoteles? Cuéntame tu anécdota, y recuerda: la próxima vez que un huésped grite algo raro, respira hondo y sonríe… ¡porque seguro tendrás una gran historia para contar!


Publicación Original en Reddit: Bed Bugs only affecting his groins