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Cuando el ego manda: la vez que apagar el servidor enseñó una gran lección en la oficina

Sala de servidores en una oficina corporativa, destacando el tiempo de inactividad durante horas laborales en una empresa de logística.
Una vista cinematográfica de una sala de servidores activa, capturando la tensión del tiempo de inactividad inesperado en momentos cruciales para una empresa de logística.

¿Alguna vez te ha tocado un jefe o jefa que, por puro capricho, quiere hacer las cosas “a su manera” aunque nadie entienda el porqué? En muchas oficinas de Latinoamérica, seguro conocemos a una “Karen” (sí, ese tipo de persona que exige, pero no escucha). Pues hoy te traigo una historia real que muestra cómo, a veces, la mejor manera de enseñar por qué existen los procedimientos es dejar que alguien los rompa… solo una vez.

Imagina una empresa de logística donde el almacén nunca duerme, pero las oficinas funcionan en horario de oficina. El encargado de sistemas, cansado ya de tener que explicarlo todo mil veces, se enfrenta a una situación que para muchos en el mundo de TI (tecnologías de la información) es el pan de cada día: alguien de arriba quiere que apagues todo, justo cuando más se necesita.

Karen y el poder del “¡porque yo lo digo!”

Un lunes cualquiera, el protagonista de esta historia –el de sistemas, a quien podríamos llamar el “bombero digital”– recibe un correo urgente de una directiva de alto rango, a la que llamaremos Karen. ¿Su exigencia? Que el servidor principal, ese del que depende todo: nóminas, inventario, envíos, absolutamente todo, sea desconectado para hacerle mantenimiento… pero en pleno horario laboral. Sí, así como si pidieras cerrar la cocina de un restaurante a la hora del almuerzo “porque sí”.

Lo más curioso es que el mantenimiento ya estaba programado para el domingo, se había avisado por todos los canales posibles: emails, carteles, hasta palomas mensajeras si hubieran hecho falta. Nadie protestó, pero claro, Karen nunca leyó los avisos. Ahora, ella quería todo a su ritmo, como quien pide tortillas frescas a medianoche.

El encargado de sistemas, sabiendo el desastre inminente, le responde con diplomacia: “Si apago el servidor ahora, se va a detener el acceso a nóminas, inventario, envíos, todo. ¿Está segura que quiere que proceda?” Y, en un acto de autoridad mal entendida, ella responde: “Sí. Tú trabajas en mi horario. Hazlo ahora”.

El caos no se hizo esperar: cuando el servidor cayó, la oficina ardió

Siguiendo la regla de oro de todo buen latino: “Si te lo piden por escrito, hazlo tal cual y guarda la prueba”, nuestro héroe decide cumplir la orden, pero no sin antes avisar al encargado del almacén. A las 10:30am desconecta el servidor y… ¡boom! En 15 minutos, la oficina es un pandemónium: nadie puede marcar entrada ni salida, los envíos se detienen, los teléfonos no paran de sonar, la gente corre como si regalaran tamales gratis, y hasta el CFO (director financiero) entra furioso preguntando qué demonios pasó.

La respuesta es tan sencilla como contundente: “Aquí está el correo donde Karen pidió que se apagara el servidor en este horario, y donde le advertí de las consecuencias”. La cara de Karen, al enterarse del desastre que ella misma provocó, pasó de roja a morada. Pero lo mejor fue que, después del papelón, tuvo que rendir cuentas ante el COO y el CTO en una reunión de emergencia. Spoiler: no le fue nada bien.

¿Y la moraleja? Procedimientos, ego y lecciones que solo se aprenden a la mala

En los comentarios de la comunidad, muchos latinos compartieron sus propias anécdotas con jefes tercos, y vaya que nos sentimos identificados. Como dijo uno: “En mi trabajo, cuando alguien te pide algo absurdo y te pide confirmación por escrito, ahí es cuando hay que echarse para atrás”. Otro lo resumió con sabiduría popular: “La gente lista aprende de los errores ajenos; los sabios, ni siquiera necesitan cometerlos”.

No faltó quien opinara que Karen merecía más que una llamada de atención, porque el daño a la empresa fue grande. Otros, con ese humor tan nuestro, dijeron: “Seguro quería presumir después que el mantenimiento se hizo antes de tiempo, solo para colgarse la medalla”.

Y es que en muchas empresas latinas, el ego mal manejado de algunos jefes puede costar caro, pero también sirve para que todos aprendan la importancia de respetar los procesos. Como bien comentó otro usuario: “A veces, la única forma de aprender es cuando tu propia terquedad te explota en la cara”.

Por cierto, al del área de sistemas le dieron un bono por su profesionalismo. Porque sí, en Latinoamérica también sabemos reconocer a quienes, aún en el caos, mantienen la cabeza fría y la evidencia guardada.

El “apágalo tú, pero no te olvides de avisar a todos”

Tras este episodio, la empresa implementó un nuevo sistema de gestión de cambios: ahora, cualquier solicitud urgente de tecnología debe pasar por varias aprobaciones. Nada de decisiones al vapor con el clásico “porque yo soy el jefe”. Y aunque Karen no perdió su trabajo, digamos que después de ese día su voz ya no retumbaba igual en los pasillos.

¿Te imaginas si esto pasara en tu oficina? ¿Qué harías si te piden hacer algo que sabes que va a causar un desastre, pero te lo exigen por escrito? En el fondo, todos sabemos que el trabajo en equipo y el respeto a los procesos son los que mantienen a flote la chamba, no los caprichos de un solo individuo.

Conclusión: “El que no oye consejo, no llega a viejo”

Esta historia nos deja una lección bien clara: en las empresas, grandes o pequeñas, respetar los procedimientos y escuchar a los que realmente saben hace la diferencia entre el éxito y el caos. Y si alguna vez te toca una Karen en tu camino, recuerda: guarda todo por escrito, cumple exactamente lo que pide y, sobre todo, no pierdas el buen humor.

Ahora cuéntanos, ¿alguna vez viviste algo parecido en tu trabajo? ¿Qué otras historias de terror de oficina te gustaría leer? ¡Déjanos tus comentarios y sigamos aprendiendo (y riendo) juntos!


Publicación Original en Reddit: You want the server down during business hours? You got it.