Cuando el “corredor de ratas” se topa con la paciencia latina: una pequeña venganza en el tráfico
¿Alguna vez te ha tocado ese conductor que parece pensar que la ciudad es su pista de carreras privada? Ya sabes, el típico que, por no esperar dos minutos en el semáforo, decide cortar camino por la gasolinera, el estacionamiento del OXXO o hasta por la tiendita de la esquina. Bueno, en inglés a estos personajes les llaman “rat-runners” (corredores de ratas), y hoy te traigo una historia que demuestra que, a veces, la calma es la mejor arma en el caos vial.
Prepárate para reírte y, por qué no, recordar esa vez que tú también tuviste tu mini venganza contra algún conductor impaciente. Porque en el tráfico latinoamericano, todos somos protagonistas de pequeñas batallas cotidianas.
¿Qué es un “rat-runner” y por qué todos los odiamos?
Para quienes no están familiarizados con el término, un “rat-runner” es ese conductor que se mete por cualquier atajo —ya sea una gasolinera, estacionamiento, calle residencial, o hasta un lote baldío— con tal de evitar un semáforo o unos minutos de tráfico. Aunque técnicamente suele ser ilegal (o al menos mal visto), es difícil de sancionar y, siendo sinceros, en América Latina todos conocemos a alguien que lo ha hecho… o al menos lo ha intentado.
En el post original de Reddit, la autora cuenta cómo estaba esperando tranquilamente para dar vuelta a la derecha en una calle, con varios autos delante. De repente, un pick-up negro (¿por qué será que siempre son camionetas grandes?) empezó a tocar el claxon como si no hubiera un mañana, exigiendo paso para meterse en la gasolinera y saltarse la fila del semáforo. La situación era tan absurda que hasta los autos de adelante se dieron cuenta y le hicieron espacio a la autora para que el “rat-runner” pudiera ejecutar su maniobra.
El dulce sabor de la pequeña venganza
Pero aquí viene lo mejor. Justo cuando el camionetón logró meterse en la gasolinera, el semáforo cambió a verde. Sin peatones a la vista y con toda la tranquilidad del mundo, nuestra protagonista giró a la derecha y, con una sonrisa digna de meme, le pasó por enfrente mientras él seguía esperando para poder salir del estacionamiento. El tipo, claro, no perdió la oportunidad de mostrar su frustración y, en cuanto pudo, aceleró para “ganarle” de nuevo en la siguiente cuadra. Pero como bien dicen en los comentarios: “La primera victoria es la que cuenta. Que luego te haya alcanzado no borra tu triunfo”.
En los comentarios, varios usuarios compartieron historias parecidas. Uno contó cómo, por no dejarse presionar por un “rat-runner”, vio cómo la policía le puso una multa al conductor impaciente. Otro relató que, después de que un auto lo rebasó en una zona prohibida solo para quedar atorado en otro semáforo, se sintió enormemente satisfecho al pasarlo de nuevo sin esfuerzo. La moraleja, como bien lo resume un usuario: “Tanto show para nada, porque al final todos llegamos al mismo semáforo”.
Camionetas, egos y el machismo del asfalto
No es coincidencia que la mayoría de las historias involucren camionetas enormes y conductores con exceso de ego. Una comentarista de Texas lo resume perfecto: “Hombres de mente pequeña en camionetas gigantes, llenos de testosterona y urgidos por demostrar que ‘son hombres’ adueñándose del camino”. En América Latina, esta imagen no es ajena, y seguro tú también has visto a más de un “dueño del asfalto” haciendo maniobras peligrosas solo por no perder un minuto.
Incluso hubo quien bromeó preguntando: “¿Será que el tamaño de la camioneta es inversamente proporcional al de… la paciencia?” (guiño, guiño). Y no faltó quien comentó que preferiría llegar tarde pero vivo, antes que arriesgarse por culpa de estos corredores de ratas.
Curiosamente, una conductora de camioneta negra comentó que, aunque su troca impone, ella disfruta más bloquearle el paso a los impacientes, rompiendo el estereotipo. Así que no todas las camionetas son iguales; lo que importa es la actitud al volante.
El arte latinoamericano de la paciencia (y el placer de la venganza chiquita)
En nuestras ciudades, donde los semáforos parecen eternos y el tráfico es parte del menú diario, la paciencia se convierte en una virtud. Y si de paso puedes darle una lección al típico “vivo” que quiere sacar ventaja, la satisfacción es doble. Como decimos por acá, “el que mucho abarca, poco aprieta” y “no por mucho madrugar, amanece más temprano”.
Más de un lector compartió que, cuando un “rat-runner” termina atorado o incluso multado por la patrulla, el placer es difícil de ocultar. Otros confiesan que hasta hacen un “aplauso lento” cuando ambos terminan juntos en el mismo semáforo, demostrando que tanta prisa no sirvió de nada.
Y sí, aunque la venganza haya sido pequeña, como bien dijo la autora original: “Voy a recordar esta victoria muchos años”. Porque todos necesitamos esas historias para contar en la sobremesa o reírnos cuando el tráfico parece no avanzar.
Conclusión: ¿Y tú, qué harías con un “rat-runner”?
La próxima vez que veas a un “corredor de ratas” queriendo adelantarse por donde no debe, recuerda: la paciencia y una sonrisa valen más que cualquier bocinazo. Y si logras ganarle en su propio jueguito, celébralo como el triunfo cotidiano que es.
¿Te ha pasado algo similar? ¿Tienes tu propia anécdota de venganza vial? Cuéntanos en los comentarios: ¡en este blog, las pequeñas victorias también se celebran!
Publicación Original en Reddit: I beat out an impatient 'rat-runner'